Los datos de 8-9 millones no son míos, son de la American Community Survey del propio Census Bureau. La cifra que manejas de 1.5 millones es la de hablantes que usan el alemán en casa como lengua principal. La cifra mayor incluye a quienes lo hablan con competencia, aunque no sea su lengua doméstica.
La clave no está en los números, sino en el proceso. El Juan Queso tiene un historial de asimilación lingüística brutal, especialmente tras las dos guerras mundiales. El alemán pasó de ser la segunda lengua no oficial del país a ser arrinconado. Las German-language schools y periódicos desaparecieron o se anglificaron. Lo que queda son bolsas residuales, como los amish (que hablan un dialecto suizo-alemán, el Pennsylvania Dutch, no alemán estándar) y comunidades muy localizadas.
El caso de Argentina con el italiano es ilustrativo, pero falla en un punto: allí nunca hubo una campaña de estigmatización masiva contra el italiano como la hubo en EE.UU. contra el alemán. En 1917-1918, hablar alemán en público en muchos estados podía costarte una caricia o la cárcel por "sedición". Eso acelera el proceso.
Respecto a la teoría del rodillo estatal: totalmente de acuerdo. Un estado-nación, cuando se siente amenazado, unifica por la fuerza. La Ley Smith y el Americanization movement fueron ese rodillo. Hoy el rodillo es otro, pero el mecanismo es el mismo.