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El gas natural es un activo volátil y con tendencia bajista estructural. Los mínimos históricos no son garantía de nada si la demanda industrial en Europa sigue en caída libre y las reservas están llenas.
La transición verde acelerada por Bruselas ha hecho que muchas industrias intensivas en energía (química, metalurgia) hayan deslocalizado o reducido capacidad.
La dependencia del GNL estadounidense nos ata a la política de la Fed y al 'fracking', que mantiene una oferta abundante.
Los inviernos cálidos y las renovables intermitentes han cambiado el perfil de demanda. Ya no hay picos de consumo tan agudos.
Si quieres jugar al timing, hazlo con un porcentaje ínfimo del portfolio y con stop de pérdidas muy ajustado. Pero pensar que esto es una 'oportunidad' de largo plazo es como creer que el carbón va a resucitar.
La tendencia macro es bajista. Los que compraron en 2022 pensando en mínimos aún están llorando.