300 TB de Spotify para un Shazam mejorado: el plan que desafía a la app original
La idea suena a delirio de ingeniero con demasiado tiempo libre y un disco duro enorme, pero tiene su lógica: descargar los 300 terabytes del catálogo de Spotify –unos 86 millones de canciones– para construir un sistema de reconocimiento musical que supere al Shazam actual. El proyecto, que circula en círculos técnicos, propone usar los metadatos de Spotify y los audios de YouTube para generar huellas digitales (hashes) que identifiquen canciones con mayor precisión.
¿Por qué Shazam falla y cómo mejorarlo?
Shazam, la aplicación de reconocimiento musical por excelencia, tiene puntos ciegos. Con canciones poco conocidas o fragmentos ruidosos, a veces ofrece resultados erróneos que han llevado a usuarios a quejarse en YouTube de que la app los redirige a temas extraños. La alternativa planteada pasa por construir una base de datos de hashes a partir de las canciones más populares de Spotify –aquellas con más de un 95% de popularidad– complementada con pistas populares de YouTube que no estén en la plataforma de streaming. El cálculo es sencillo: 300 TB / 86 millones de canciones = unos 3,4 MB por archivo en formato mp3 o AAC. No es FLAC, pero para generar hashes es suficiente.
El negocio detrás de la idea
Aunque algunos ven el proyecto como una excentricidad sin mercado, el enfoque emprendedor es claro: un Shazam más fiable que, además, pueda identificar canciones que la app original no reconoce. La clave está en no almacenar los 300 TB de audio, sino solo los hashes –mucho más ligeros– y priorizar las pistas más buscadas. Sin embargo, el principal escollo no es técnico sino legal: descargar la base de datos de metadatos de Spotify y los audios de YouTube puede vulnerar términos de servicio y derechos de autor. El debate sobre la legalidad de usar contenido de OnlyFans como ejemplo deja claro que, en España, la gravedad penal varía según el origen del material pirateado.
Un proyecto faraónico con pies de barro
Con 300 TB de datos y 86 millones de canciones, el almacenamiento y el ancho de banda son solo el primer obstáculo. La calidad de los audios extraídos de YouTube –generalmente comprimidos– y la necesidad de mantener actualizada la base de datos con las novedades semanales complican aún más la viabilidad. Pero la idea persiste, como un empeño por demostrar que se puede hacer un Shazam mejor con recursos abiertos y algo de picardía técnica.
El proyecto sigue en fase de especulación, sin indicios de que alguien haya empezado a descargar los 300 TB. Pero la discusión ha dejado sobre la mesa una pregunta incómoda para Shazam: ¿por qué una app tan popular sigue fallando con canciones que no están en el top 40?