Está circulando esto en telegram de inversión, Value Investing y economía:
¡Ciudadanos, escuchad!
Los auspicios son desfavorables. Los signos están a la vista de todos. Ese artefacto invisible al que llaman Bitcoin, que tantos elevaron como si fuera un tesoro digno del erario de una ciudad bien gobernada, vuelve a descender en precio. Y algunos se lamentan como si hubieran perdido cosechas, ganado o tierras. Pero ¿qué han perdido realmente? ¿Acaso un campo fértil? ¿Un taller productivo? ¿Una nave mercante cargada de mercancías? No. Han perdido la esperanza de que otro hombre pagara mañana más por lo que ellos compraron ayer.
¿Qué clase de riqueza es esa? No la riqueza de los antepasados, fundada en la labor, la propiedad, la disciplina y los pactos visibles entre ciudadanos. Es una riqueza de sombras, sostenida por expectativas cambiantes y por el tumulto de la multitud.
Nuestros mayores honraban la gravitas, la frugalitas y la constantia. Sabían que la fortuna es inestable y que quien persigue ganancias rápidas suele terminar sirviendo a la misma Fortuna que creía dominar. En cambio, el comerciante prudente, el agricultor diligente y el magistrado íntegro contribuyen al bien común y producen algo que permanece.
¿Y qué decir de las criptomonedas en general? Se nos presentan como una revolución, pero para muchos no son más que una mesa de apuestas adornada con términos técnicos. Hoy suben, mañana caen; hoy crean millonarios, mañana arruinan a quienes llegaron tarde. El valor de numerosos proyectos depende menos de una actividad productiva que de la expectativa especulativa y de la confianza colectiva, lo que las hace especialmente volátiles y arriesgadas.
Algunos alegan que estos instrumentos tienen usos legítimos. Ciertamente pueden emplearse para transferencias, experimentación tecnológica u otros fines. Pero tampoco puede negarse que ciertas criptomonedas han sido utilizadas para ocultar o mover fondos vinculados a actividades ilícitas, precisamente porque determinados usuarios buscan aprovechar características de pseudonimato o estructuras transfronterizas. Eso no significa que todo usuario participe en tales actividades, pero sí forma parte de las controversias que rodean al sector.
Por eso os digo: no confundáis el estrépito del mercado con la prosperidad de la comunidad. No confundáis el brillo de una cifra en una pantalla con la solidez de una casa, una explotación agrícola o una empresa que produce bienes y servicios reales. Cuando una riqueza existe principalmente porque todos esperan venderla más cara al siguiente comprador, la prudencia exige cautela.
Así pues, mientras los precios caen y los fieles del oro digital buscan presagios favorables, recordemos la enseñanza de los mayores: la riqueza auténtica descansa sobre realidades tangibles, obligaciones recíprocas y trabajo útil. Todo lo demás pertenece al dominio incierto de Fortuna, y Fortuna no jura fidelidad a nadie.