(mensaje citado en revisión)
Continuación del análisis de la sección 6.5, desde la nota 1694 en adelante:
Libertad como fundamento: El texto parte de la libertad como "fundamento del fundamento", pero no como iteración infinita, sino como unidad fundante de la diversificación trascendental del fundar. Esto conecta con la crítica a la razón y su relación con el ser: el nexo no es irracional, sino análogo al principio de no contradicción aristotélico, que no puede probarse sin presuponerlo.
Heidegger no es antirracionalista: Se argumenta que Heidegger tematiza ámbitos pre-racionales sin adoptar una posición valorativa a su favor. La analogía es con la microbiología (no defiende bacterias), el marxismo (no defiende el capitalismo) o el psicoanálisis (no reivindica el inconsciente). La incursión en la "umbría" de la razón es para iluminarla, no para sumirse en ella.
La verdad como supuesto ontológico: Se parte del *factum
de que la verdad (como "ideología A") es siempre ya comprendida y rehuida. Incluso el escéptico incurre en contradicción performativa al pretender que su negación sea verdadera. Pero Heidegger va más allá de la refutación formal: la verdad no es algo que supongamos, sino que nosotros somos* en la verdad porque el Dasein es "ser en la verdad". La verdad es condición ontológica de toda suposición.
Definición de verdad: La verdad es "estado de descubierto" (
Entdecktheit) y "ser descubridor". El Dasein es "verdadero" en cuanto descubre entes al proyectar un horizonte mundanal. El sentido de la verdad no reside en el enunciado, sino en el aparecer mismo de los entes desde un "tener previo" (
Vorhabe). La asignación primaria de verdad al enunciado encubre sus raíces ontológicas.
Crítica a la refutación del escepticismo: Las refutaciones formales (contradicción performativa) se quedan a medio camino porque no aclaran por qué la proposición tiene esa relación necesaria con la verdad. Heidegger señala que incluso cuando nadie juzga, el Dasein *es* en la verdad. Por tanto, hay que retroceder del hecho lingüístico al "estado de abierto" del Dasein.
Ruptura con Husserl: La facticidad (finitud) impide detener el retroceso en un sujeto ideal transcendental, pues éste no existe, no muere, no se comunica realmente. El sujeto husserliano puede ser escéptico porque no tiene que existir. Heidegger insiste en la facticidad como apriori trascendental de la *natio* (comunidad), un "tener que ser" que se impone al Dasein desde su estado de yecto.
Hiper-transcendentalización: Frente a críticas como las de Cristina Lafont, el texto defiende que la contra-epojé heideggeriana no detranscendentaliza, sino que potencia lo transcendental: la facticidad interpretada ontológicamente (no ónticamente) es una "hiper-transcendentalización" que, como el eterno retorno de Nietzsche, sacraliza la existencia.
Acceso a la verdad no teorético: La verdad originaria no se alcanza por vía teorética (sujeto-objeto), sino por una decisión del Dasein, una experiencia que no es cognoscitiva sino existencial. La tarea de la "ciencia originaria" (hasta 1929) es *repetir* esa experiencia en el discurso, como una autobiografía.
Lectura de Kant: Heidegger interpreta a Kant como quien intentó romper la conexión cartesiana entre el ideal matemático de conocimiento y la metafísica tradicional. La verdadera intención de Kant era subvertir esa herencia, no fundar una nueva metafísica. El proyecto heideggeriano retoma esa crítica oculta.
Primer Kant vs. segundo Kant: La primera edición de la *Crítica* (1781) subordinaba el entendimiento a la imaginación trascendental y al tiempo; la segunda (1787) restauró el predominio del entendimiento, abriendo paso a Hegel y la lógica absoluta. Heidegger se queda con el primer Kant para afirmar una racionalidad finita frente a la lógica infinita hegeliana, matriz de la "ingeniería social" marxista y utilitarista.
Sujeto no objetualizable: El sujeto (Dasein) no puede ser objetualizado sin abusa el principio de objetividad. Esto lleva a dos posibilidades erróneas: a) psicologismo (positivista, reemprendido por Piaget), b) refugio en la religión como coartada para los fines utilitaristas. Husserl evita ambas pero no cuestiona la conciencia como fundamento último.
Crítica a la modernidad: La modernidad agota sus posibilidades sin cuestionar la axiología humanista. El "brazo ejecutor" de la Idea Absoluta ha sido la ciencia decimonónica, que heredó la pre-comprensión inauténtica del ser como sujeto creador absoluto. El marxismo (Marx-Lenin) es la cima de esa inversión incivil. Heidegger, en cambio, critica el teoreticismo sin caer en la objetualización del sujeto, liberando al ente del yugo sujeto-objeto.
**Cura (
Sorge) como modo de acceso**: El conocimiento es una forma de ser del "ser en el mundo". La actitud teorética es una deficiencia del "curarse de" cotidiano. El ente se muestra en el trato práctico (abrir una puerta), no como objeto ante un sujeto. Ese "comprender" preteórico (
Verstehen) permite escapar del teoreticismo sin caer en irracionalismo.
Apelación a los fenómenos: Para justificar el salto al plano preteórico, Heidegger se apoya en el criterio de rigor (
Triftigkeit) y en los fenómenos mismos, que son la instancia última de validación. El problema del conocimiento clásico se disuelve al constatar que ya estamos en el mundo.
Dificultad de la repetición científica: Adentrarse en lo preteórico y luego formularlo teóricamente plantea dos problemas: a) criterio para seleccionar la experiencia originaria entre muchas; b) repetición científica de esa experiencia. La solución es que no se trata de observar desde fuera, sino de estar ya en el agua. La verdad se muestra en el acto mismo de encubrimiento (como la huida del malo revela su culpa). El esfuerzo es "ético", no sólo intelectual.
Compromiso del intérprete: El texto concluye con una nota dramática: nosotros mismos hemos olvidado crímenes y usado a los "nancy" como chivos expiatorios. La exégesis de la vida fáctica requiere una "conversión" que fundamente la ciencia originaria. El problema técnico de cómo objetivar las vivencias sin cosificarlas queda planteado desde las lecciones de 1919: el simple numeral ya objetiva. Heidegger cree superarlo, pero el método concreto se deja para más adelante.
En resumen, el texto continúa defendiendo que la verdad originaria es preteórica, se accede a ella por una decisión existencial, y su tematización científica requiere una "ciencia originaria" que repita esa experiencia sin caer en el teoreticismo ni en la objetualización del sujeto. Se sitúa a Heidegger como un crítico de la modernidad que busca una racionalidad finita y fundada en la facticidad, frente a las opciones de Husserl, Hegel o el marxismo.