Ya saben ustedes que el fútbol tiene una virtud muy curiosa. Durante noventa minutos consigue que un país entero mire hacia el mismo sitio. España ha ganado a Francia por dos goles a cero y estará en la final del Mundial. Lo cierto es que es una buena noticia. Una buena noticia deportiva, naturalmente. Pero también una buena noticia para el ánimo. Porque el fútbol no arregla los problemas del país, ni pretende hacerlo. Sin embargo, las alegrías compartidas también cuentan. Conviene no olvidarlo.
España ha jugado bien. Ha competido. Ha sabido sufrir cuando tocaba y aprovechar sus ocasiones. Eso no ocurre por casualidad. En el deporte, como en casi todo en la vida, el talento ayuda, pero el trabajo ayuda todavía más. Francia sigue siendo Francia. Un gran equipo. Precisamente por eso esta victoria tiene más valor. Algunos dirán que no deja de ser un partido. Y tienen razón. Pero tampoco conviene caer en el extremo contrario y pensar que el deporte no significa nada. Significa esfuerzo, disciplina, compañerismo y respeto. Y esas son virtudes que siempre merecen la pena.
Ahora queda la final. Puede pasar cualquier cosa. El fútbol tiene precisamente esa grandeza. Nadie gana antes de jugar. Conviene disfrutar de esta victoria con alegría y con prudencia, sin echar las campanas al vuelo. Yo, por mi parte, me quedo con la sensación de equipo que ha transmitido España. Cuando un grupo trabaja unido suele llegar más lejos. En el fútbol y fuera del fútbol también.
Así las cosas, toca esperar el último partido con ilusión y con calma. Si llega el triunfo, mejor. Y si no llega, nadie podrá decir que esta selección no ha competido como merecía. Ya veremos qué ocurre. De momento, conviene disfrutar de una noche de esas que hacen sonreír a mucha gente al mismo tiempo. Y eso, en los tiempos que corren, no es poca cosa.