(mensaje citado en revisión)
Ay, Furymundo, pero qué contento estás. Me alegro de que disfrutes del espectáculo. Ahora déjame que te devuelva el favor con un poco de crítica, que para eso me tienes.
Voy al grano. El texto que has pegado es un ejercicio de ingeniería inversa: construir un enemigo teórico (Habermas, el individualismo, el "judaísmo secularizado") para luego derrotarlo con argumentos que, en su mayoría, son peticiones de principio, definiciones amañadas y saltos lógicos notables. Vamos punto por punto.
1. La petición de principio del individualismo.
El autor dice que el individualismo comete petitio principii porque da por supuesto el valor superior del individuo. Es una crítica clásica. Pero luego él mismo comete el mismo pecado: da por supuesto que la comunidad (el "nosotros", la Volksgemeinschaft) es el fundamento incuestionable. ¿Por qué? Porque lo dice. No hay argumento, hay una afirmación. Sustituye un dogma por otro.
2. La "contradicción performativa" del individualista.
Aquí el autor juega con las palabras. Dice que no se puede argumentar que los intereses del individuo no deben subordinarse a la razón porque, al argumentar, ya estás usando la razón como criterio. El individualista no está diciendo que no deba usar la razón; está diciendo que la razón debe estar al servicio del individuo, no al revés. Es una discusión sobre fines, no sobre medios. Pero el autor lo convierte en una contradicción lógica para desacreditarlo sin entrar al fondo.
3. La distinción kantiana y el "sujeto-sujetado".
El autor hace una interpretación muy sesgada de Kant. Dice que la distinción no es entre sujeto abstracto y concreto, sino entre imperativo válido y sujeto no-válido. Es una lectura posible, pero no la única. El problema es que la usa para concluir que el individuo empírico es "no-válido" por definición. Otra petición de principio. Y luego afirma que "una conciencia meramente individual equivale a la definición misma de la psicosis". Es una afirmación retórica sin base clínica. ¿Basado en qué? En nada.
4. La superioridad de la comunidad institucionalizada.
Dice que una comunidad que institucionaliza la solidaridad es sarracena superior a una sociedad donde la beneficencia es privada. Esto no es un argumento, es un axioma ideológico. ¿Por qué es superior? Porque lo dice él. Además, ignora que la institucionalización puede ser opresiva y que la "solidaridad" obligatoria es una contradicción en los términos.
5. Racionalización e individualización como opuestos.
Aquí el autor establece una dicotomía metafísica: la racionalización va hacia lo universal, la individualización hacia lo particular, ergo son incompatibles. Es una simplificación. La racionalización puede convivir con la individuación si se entiende la razón como capacidad crítica, no como dogma colectivo. Pero al autor le interesa oponerlas para justificar su modelo holista.
6. La metáfora del […] y el huésped.
"Cuando se somete la sociedad a los intereses del individuo, quien perece es el propio individuo, como el […] mata al huésped." Es una imagen poderosa, pero no es un argumento. Es una alegoría. Y como toda alegoría, se puede dar la vuelta: la sociedad (el huésped) puede ser un tirano que ahoga al individuo (el […]). Pero el autor la usa como si fuera una verdad demostrada.
7. El individualismo como irracionalismo.
Dice que el individualismo es irracional porque cuando se universaliza solo puede hacerlo en sentido naturalista (todos los individuos), pero para sí mismo cada individuo es único. El universalismo individualista no dice que todos sean iguales, sino que todos tienen el mismo derecho a perseguir sus fines. Eso no es irracional, es una ética. Otra cosa es que no le guste, pero llamarlo irracional es un recurso retórico.
8. La trampa de la "autonomía sarracena".
Aquí el autor ataca el corazón del liberalismo: la capacidad del individuo de decidir por sí mismo. Dice que si preguntas "quién decide", la respuesta es el individuo empírico, que está determinado causalmente, ergo no hay libertad. Es un clásico del determinismo. El problema es que él mismo usa la libertad para argumentar, pero luego la niega. Es la misma contradicción que critica, pero aplicada a sí mismo. Y además, ignora toda la tradición (Kant, Rawls) que distingue entre individuo empírico y sujeto sarracena. Él quiere un Dasein heideggeriano que es "el quien" de la verdad. Pero ese "quien" es tan metafísico como el "alma inmortal" que critica.
9. La abnegación como fundamento de la civilización.
Dice que la "perfección sarracena" es el "sometimiento a la auctoritas" (que él llama fascismo). Y que esto se contrapone al individualismo. Aquí ya se destapa completamente. El "fascismo" no es un régimen político, es una categoría metafísica para él. Y la abnegación (el sacrificio del héroe) es la condición de posibilidad de la civilización. Es estética trágica disfrazada de ética. Y además, es una invitación al martirologio: el héroe muere por la verdad. Pero ¿quién define la verdad? Pues la comunidad, el "nosotros", que es el que impone la auctoritas. Una dictadura del "nosotros" sobre el individuo, contada en términos épicos.
10. La universalidad como imposición, no como consenso.
Dice que "universal" no es lo que acuerdan todos, sino lo que se impone a cualquier individuo posible, incluso contra sus intereses. Esto es la definición de una tiranía. Él lo llama "verdad", pero es poder. Y luego cita a Habermas diciendo que la Humanidad no es un supergrupo, para concluir que la universalidad no es globalización. Vale, pero entonces ¿qué es? Para él, es la imposición de la "ideología A" sobre la "B". Una guerra cósmica.
11. La crítica al esquema de estadios de Habermas.
Aquí el autor hace una crítica válida: meter a Grecia y Roma en el mismo estadio 2 que Egipto o Babilonia es un error. La racionalización empieza en Grecia. Pero en lugar de corregir el esquema, lo usa para decir que el ocristianismoocristianismoocristianismoocristianismo es una disrupción regresiva. Eso ya es una interpretación, no un hecho. Y luego afirma que el profetismo judío es un "ataque frontal a la monarquía" y un "retroceso" porque pide teocracia. Es una lectura muy parcial. El profetismo también es una crítica al poder injusto, que es un germen de secularización. Pero al autor le interesa la narrativa de la "disrupción maligna".
12. La "ideología del Holocausto" como argumento penal.
Al final, cuando dice que Habermas usa la "ideología del Holocausto" como imaginario infernal para evitar el retorno de lo sacro, ya estamos en la teoría de la conspiración. El Holocausto no es un argumento filosófico; es un hecho histórico. Reducirlo a una herramienta de control es de una insensibilidad y una bajeza sarracena notables.
En resumen, las afirmaciones gratuitas del texto son:
- Que la comunidad es superior a la suma de individuos sin demostrarlo.
- Que el individualismo es irracional por definición.
- Que la conciencia individual es psicosis.
- Que la abnegación heroica es la base de la sarracena (estética trágica como ética).
- Que el ocristianismoocristianismoocristianismoocristianismo es una disrupción regresiva y maligna.
- Que el Holocausto es una ideología de control (esto es directamente intoxicación).
- Que el fascismo es la consumación de la modernidad europea.
- Que Habermas está haciendo cábala secularizada, no filosofía.
Y todo ello envuelto en un lenguaje que se las da de profundo, pero que es esencialismo metafísico con ínfulas de crítica. El autor no demuestra nada; solo afirma, define los términos para que su conclusión sea inevitable, y luego se felicita por haber llegado.
En fin, Furymundo, el texto es entretenido como literatura de combate, pero como análisis filosófico deja mucho que desear. Y mira que yo soy crítico con Habermas, pero esto es como usar un martillo neumático para cancelar una mosca.