Noticia: Artículo en Il Corriere sobre cómo el PIB se infla con la inmigración

RESUMEN DEL DEBATE · elaborado con IA

El «modelo español» ha muerto. Lo ha enterrado Federico Rampini en Il Corriere della Sera con un análisis que no admite medias tintas. El columnista italiano sostiene que el PIB del país está inflado artificialmente por la inmigración, mientras la credibilidad del Gobierno se desmorona por todos los frentes.

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Érase una vez el 'modelo español'...​

Por qué ha caído la credibilidad de la línea de Sánchez en todos los frentes.

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Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, en la comparecencia en Ceuta el pasado viernesEFE
Federico Rampini (Corriere della Sera)

Actualizado Sábado,1agosto2026-16:31
Sí, había una vez el 'modelo español', ¿os acordáis? Hace solo unos meses... A menudo da mala suerte que te señalen como modelo; en el caso de España, la caída de la credibilidad ha sido rápida y notable. En todos los frentes. La oleada de escándalos de corrupción ha afectado a la imagen del presidente socialista Sánchez, al implicar a familiares cercanos y compañeros de partido. Luego se ha visto empañada la fama de el primero de la clase en la lucha contra el […]. Ya en el pasado se había comprendido que el ecologismo extremo no beneficiaba a los intereses del país, cuando se produjeron graves apagones eléctricos relacionados con la excesiva dependencia de las energías renovables. Con 2026 llegó un verano de incendios devastadores y el choque entre la ideología y la realidad fue notable. La realidad es que el […] —un fenómeno indiscutible— no lo detiene la 'virtuosa' Europa, ya que la principal causa de las emisiones de carbono hoy en día es China, sobre la que no tenemos ninguna influencia (salvo dejarnos convencer por sus relatos sobre la 'superpotencia verde que salva el planeta': en un año ha inaugurado más de 50 nuevas centrales de carbón). Reducir las emisiones es importante, pero mientras tanto, dado que el […] sigue su curso, hay que invertir sobre todo en protegernos, adaptarnos y mitigar las consecuencias negativas que nos afectan. Incluso a costa de suspender la 'fatwa ecologista' contra el aire acondicionado... Mientras tanto, la España de Sánchez ha tenido que restablecer las relaciones con Argelia para aumentar sus importaciones de gas natural (energía fósil). Un paso geopolítico que también influyó en el desencadenamiento de la crisis de Ceuta. (Sí, sé que Ceuta está pegada a Jovenlandia, pero leed bien las noticias y descubriréis hasta qué punto también tiene que ver el deshielo diplomático entre Madrid y Argel).

Ahora, con la tragedia de los migrantes que llegan a Ceuta, se cuestiona el último mito español: el de la bondad de las fronteras abiertas a la inmi gración. También en aquel caso se alardeaba del 'modelo español': un país que, al acoger a un número cada vez mayor de extranjeros (que ya alcanzaban el 15% de la población residente), habría encontrado la fórmula mágica del crecimiento económico. De hecho, el PIB español crecía por encima de la media europea. ¿Por qué no hacen todos como ese genio de Sánchez? El crecimiento del PIB es un tema muy extraño. Lo esgrimen, cuando les conviene por razones ideológicas, los mismos que, en otras ocasiones, defienden el 'decrecimiento feliz', por ejemplo, invocando rigidez e hiperregulación ultraecologistas que asfixian el desarrollo económico. En este último caso, el PIB es un monstruo horrible, da repelús y materialista. En cambio, si lo que hace crecer el PIB es la llegada de migrantes del Gran Sur global, ¡aleluya!

Muchos economistas —un colectivo que dista mucho de ser inmune a las ideologías— suelen sumarse al coro de elogios hacia el crecimiento del PIB artificial impulsado por la llegada de migrantes. ¿Por qué lo califico de artificial? Porque lo es. La contabilidad nacional se basa en una aritmética muy sencilla. El PIB es la suma de los ingresos de todos los habitantes y del producto de todas las empresas de un país. La inmi gración, incluso cuando es irregular, hace que aumente la población y, por lo tanto, es automático que haga crecer el PIB. Pero, ¿se trata de un crecimiento deseable y de calidad? Aquí hay que tener en cuenta todos los problemas que genera esta inmi gración irregular. El impacto en la distribución de los ingresos es negativo: si los extranjeros en situación irregular aceptan trabajar con salarios inferiores a los de la población residente (como suele ocurrir), entonces enriquecen a los empresarios que los contratan, pero empobrecen a las clases trabajadoras locales (sobre todo a los sectores más desfavorecidos, aquellos que realizan trabajos similares a los de los migrantes). Luego está la cuestión de la sostenibilidad social: si los extranjeros que cruzan las fronteras infringiendo la ley generan inseguridad, las tensiones son inevitables y, una vez más, son las clases medias-bajas las que más sufren; todo ello es ignorado por los economistas que hacen razonamientos abstractos sobre el PIB.

Luego está el otro teorema falso: "¡Salvarán nuestras pensiones!". Estos tecnócratas, siempre haciendo cálculos abstractos sobre el papel, siguen contando este cuento: como cada vez tenemos menos descendientes y vivimos cada vez más tiempo, las cuentas de la seguridad social están condenadas a la quiebra, y la única forma de corregir este desequilibrio es importar mano de obra joven. Es decir, forasteros. Es una afirmación muy discutible (en la que no caen países con descenso demográfico como China, Japón o Corea del Sur, todos ellos cerrados a la inmi gración), y da igual cuántos académicos sigan defendiéndola por puro dogmatismo ideológico.

Ya he escrito sobre esto en otras ocasiones, así que lo resumiré. En primer lugar, la idea de que los forasteros financien nuestras pensiones supone que tengan trabajos regulares y, por lo tanto, paguen impuestos y cotizaciones a la Seguridad Social. Esta no es la realidad de la inmi gración irregular, que acaba sobre todo en el sector sumergido. En segundo lugar, cuando los forasteros acaban integrándose, con el paso del tiempo también tienen menos descendientes, también viven más tiempo y cobran pensiones, por lo que se repite el mismo desequilibrio. Entonces habría que importar mano de obra extranjera sin fin, hasta alterar por completo cualquier equilibrio social, étnico y cultural de los países de acogida. A los académicos encerrados en sus despachos no les importa en absoluto la sostenibilidad sociocultural; a los votantes, en cambio, les importa mucho y eso se nota. Por último, es un hecho comprobado en la realidad que la inmi gración irregular "consume prestaciones sociales" mucho más de lo que contribuye a su financiación: al proceder de países pobres, con bajos niveles de educación y una sanidad deficiente, ejerce una fuerte presión sobre los sistemas educativos y sanitarios, así como sobre las políticas de vivienda de los países de acogida. El norte de Europa escandinavo, que fue el primero en abrirse a la inmi gración, no en vano fue el primero en cerrarse. El choque con la realidad fue duro.

En definitiva, el genial Sánchez, como se ve estos días, no era más que un pequeño Joe Biden al estilo ibérico. Más joven, sí; más lúcido, no. Menciono al último presidente estadounidense porque él también se dejó llevar por dogmatismos ideológicos y provocó una grave crisis en las fronteras, lo que acabó pasando factura a su partido en las urnas y abrió de par en par las puertas de la Casa Blanca a Donald Trump. A diferencia de Biden, los dos líderes demócratas capaces de llevar a la izquierda a ganar dos mandatos consecutivos cada uno, es decir, Obama y Clinton, habían adoptado posturas muy diferentes en materia de inmi gración: Clinton inició la construcción del muro con México; Obama fue protagonista de políticas duras de detención y repatriación forzosa (el famoso escándalo de las "jaulas para forasteros detenidos" estalló bajo el mandato de Obama, no de Trump). Por lo demás, Obama había llevado a cabo su primera campaña electoral de 2008 reprochando a los republicanos la excesiva tolerancia hacia la inmi gración irregular bajo los mandatos de los Bush, "amigos de los patrones". Clinton y Obama no eran una excepción, eran la regla: desde la época de Roosevelt hasta la de Kennedy, la izquierda, para defender a los trabajadores, siempre se había mostrado severa en materia de inmi gración. Tal y como predicaba en el siglo XIX un tal Karl Marx en su ensayo La cuestión irlandesa. Todo se ha dado la vuelta con la izquierda radical chic, que desprecia a los trabajadores... si son blancos.

Vuelvo a pasar de España a Estados Unidos para recordar que el modelo estadounidense ha sido durante décadas el más eficaz de sociedad multiétnica. El ejemplo más destacado es Silicon Valley: atrae a los mejores talentos de todo el mundo y les permite entrar en Estados Unidos de forma legal. Estos extranjeros se integran a gran velocidad también porque, antes incluso de partir, ya habían adoptado el sueño americano original: meritocracia, ética del trabajo y espíritu de sacrificio, entusiasmo por el espíritu emprendedor y adhesión a la economía de mercado. Quienes, como yo, han vivido allí saben hasta qué punto un ingeniero indio o chino en California es "más estadounidense que los propios estadounidenses" a la hora de adherirse a los valores de la nación que lo ha acogido. Esta es la inmi gración que funciona y enriquece al país, no la de Ceuta.

Pero el propio modelo estadounidense entró en crisis cuando la izquierda proge que influía en Biden impuso una ideología muy diferente: olvídate del sueño americano, estamos sarracena obligados a acoger a todos los pobres del mundo porque su miseria es culpa nuestra; y cuando llegan, deben aferrarse firmemente a sus valores, sus culturas y sus normas, ya que son sarracena superiores a nosotros. Esta es la razón por la que incluso en Estados Unidos la sociedad multiétnica ha comenzado a generar graves tensiones. Después, Trump desató las políticas del ICE, pero lo que lo llevó a la Casa Blanca fueron los errores imperdonables de los extremistas proge. De los que Sánchez no es más que otro imitador europeo. Ha imitado a la América de Biden —y hoy la de Mamdani— sin comprender lo que estaba haciendo.
 
He leído hasta "el […] —un fenómeno indiscutible—".
Si, eso chirría mucho, más que nada porque lo atribuye a la mano del hombre. Y se olvida de otra cosa, y es que los forasteros nacionalizados pierden el interés en cuanto tienen la nacionalidad para traer a sus padres e incluso abuelos, sólo hay que pasarse por cualquier hospital o centro de salud para comprobarlo. Por lo demás el artículo dice muchas verdades que son anatema para la España pogre que padecemos.
 
Nos van a dar la patada bien pronto. Porque nuestros socios no van a comerse las consecuencias de que seamos tan necios de votar a déspotas orate.
 
Es interesante revisitar este importante video, que ya tiene 3 años, de Nicolás Morás; aunque sea la primera mitad, luego se enrolla.

 

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