¿Tú cobras del estado, verdad?
De funcionario a funcionario (o alguna vertiente de empleado público),... sabes perfectamente que la corrupción política e institucional es solo la punta del iceberg. El problemón que tenemos en España no es solo el desbocado gasto público, es que buena parte de éste gasto va destinado a comprar votos, gestionar subvenciones y, por el camino, se despilfarra una barbaridad en ideas rimbombantes, proyectos mal planificados y ejecutados, contratación sin sentido (faltan técnicos especializados para tramitar determinados tipos de expedientes y sobran picateclas y juristas), etc, etc.
A los ricos no se les combate con políticas fiscales, porque los ricos de verdad no tiene patria y disponen de los mejores asesores fiscales para diversificar sus inversiones más allá de las fronteras. Por eso, al final, en este presente tan alocado, quién se come la factura fiscal de un estado-nación comandado por una clase política que vive del presupuesto... es la clase media y la clase obrera.
Si tuvieras un mínimo de dignidad y de honestidad intelectual, habrías renunciado a esas ideas socialistas trasnochadas. Y no, la solución no pasa por comprar utopías liberales y anarquistas, la solución pasa por educar a los futuros consumidores y votantes, para que entiendan y asuman su verdadero poder y responsabilidad, en un mercado donde todos forzamos que se asegure una elevada transparencia. Suena a utopía,... pero, desde mi humilde punto de vista, es la única utopía factible en este acelerado pogre tecnológico en el que andamos,... porque la alternativa es ceder aún más nuestra soberanía y la toma de decisiones, restringiendo nuestras libertades bajo cientos de pretextos y excusas recubiertas de "bienintencionismo" (agenda 2030 a todo trapo). Estados mastodónticos tipo gran hermano, que te venderán seguridad a cambio de todo lo demás.
Por último, no se trata de reducirlo todo a un discurso vacuo entre "estado grande vs estado pequeño (o minúsculo)", se trata de buscar eficiencia dentro de un estado, más allá de la función de ser garantista. Y eso pasa por obligar a cualquiera que pretenda gobernar un estado-nación democrático y avanzado, a que el déficit público de cada año fiscal debe ser cero o negativo (superávit). Y la presentación y aprobación de presupuestos públicos algo realmente respetable y consensuado,... y si no fuera posible, entonces convocatoria automática de nuevas elecciones. Eso solo para empezar.