Si Franco se hubiera sentido ciudadano más que militar, hubiera optado por el exilio o aceptado las condiciones de la II República para enriquecerse. Pero Franco no se rebeló, no tenía esa sensación de rebelarse sino de SALVAR a un país que iba a ser aniquilado por las hordas rojas. Franco no estaba analizando la Historia (para que ésta procrease así misma) sino la esencia de España.
Primero hay que ser justo y luego hay que ser español. Por eso, Franco palpaba en medio segundo la injusticia que se estaba dando.
Ya que la situación era un país que no podía protegerse del comunismo, las calles ardiendo y te podían quitar de en medio por llevar un crucifijo. Años y siglos de Historia reducidos a suspiros por gente que se divertía en cada vuelta de la esquina y no en cada vuelta de la patria.
Franco no olió la sangre sino que no desistió del eco de su mentalidad militar. Para Franco cuando llevó a cabo el golpe de Estado, tuvo que notar que España ya era cómo si hubiera perdido una guerra pero la patria no podía perder su esencia. La mejor forma de protegerte del comunismo es que el país recupere su esencia.
La Guerra Civil no era que España pudiera perder su esencia sino recuperala. Y Franco no quiso formar parte de la Historia de su país sino de su esencia. Por eso, Franco es un militar al servicio de la patria y no de la Historia. Ahí, está la clave. El Valle de los Caídos recuerda que se puede perder la vida defendiendo a la patria pero nunca hay que perder la esencia.
La dictadura fue la prueba evidente de querer volver a proteger a un país de las garras del comunismo, pero evitando cualquier guerra posible. Esa es la Guerra Civil, evitar toda guerra posible que pueda darse. Y eso se ha conseguido.
En cambio, hoy en día estamos viviendo como un orate considera la Historia como su chicle de bolsillo. Un orate que siempre ha querido formar parte de la Historia de España mientras en Ceuta se pierde su esencia.
Un orate que ha exiliado el BOE y las instituciones de la vida españoles, queriendo que la esencia de la patria esté formada por sus enemigos como Jovenlandia.
Primero hay que ser justo y luego hay que ser español. Por eso, Franco palpaba en medio segundo la injusticia que se estaba dando.
Ya que la situación era un país que no podía protegerse del comunismo, las calles ardiendo y te podían quitar de en medio por llevar un crucifijo. Años y siglos de Historia reducidos a suspiros por gente que se divertía en cada vuelta de la esquina y no en cada vuelta de la patria.
Franco no olió la sangre sino que no desistió del eco de su mentalidad militar. Para Franco cuando llevó a cabo el golpe de Estado, tuvo que notar que España ya era cómo si hubiera perdido una guerra pero la patria no podía perder su esencia. La mejor forma de protegerte del comunismo es que el país recupere su esencia.
La Guerra Civil no era que España pudiera perder su esencia sino recuperala. Y Franco no quiso formar parte de la Historia de su país sino de su esencia. Por eso, Franco es un militar al servicio de la patria y no de la Historia. Ahí, está la clave. El Valle de los Caídos recuerda que se puede perder la vida defendiendo a la patria pero nunca hay que perder la esencia.
La dictadura fue la prueba evidente de querer volver a proteger a un país de las garras del comunismo, pero evitando cualquier guerra posible. Esa es la Guerra Civil, evitar toda guerra posible que pueda darse. Y eso se ha conseguido.
En cambio, hoy en día estamos viviendo como un orate considera la Historia como su chicle de bolsillo. Un orate que siempre ha querido formar parte de la Historia de España mientras en Ceuta se pierde su esencia.
Un orate que ha exiliado el BOE y las instituciones de la vida españoles, queriendo que la esencia de la patria esté formada por sus enemigos como Jovenlandia.
