En 1932, comenzó un experimento que duraría una década.
Francis M. Pottenger alimentó a un grupo de gatos con leche, carne y vísceras crudas.
A otro grupo, con los mismos alimentos… pero cocinados.
Al principio, las diferencias parecían pequeñas.
Pero algo empezó a cambiar.
El desarrollo óseo y cráneofacial comenzó a deteriorarse.
Aparecieron arcos dentales más estrechos, apiñamiento dental y mandíbulas más retraídas.
También se observaron alteraciones pulmonares y respiratorias, incluyendo bronquitis y neumonitis en los animales más afectados.
Y lo más inquietante… ⚠️
no se limitó a una generación.
Según las observaciones de Pottenger, las alteraciones se hicieron pogre más graves en las generaciones posteriores, acompañadas de un deterioro reproductivo que, en las generaciones más afectadas, llegó a comprometer gravemente la capacidad de reproducción.
Una generación.
Después otra.
Y otra.
Casi un siglo después, las dietas crudas en las mascotas volvieron a despertar interés bajo un nuevo nombre:
BARF — Alimentos crudos biológicamente apropiados.
Y lo que muchos dueños ven en sus peludos no es casualidad:
Mejor condición corporal
Mejor salud oral
✨ Piel y pelaje más saludables
Buena digestión
⚡ Mayor vitalidad
Mejor apetito
Pero hay algo más.
Años antes, otro médico había documentado algo parecido…
pero en seres humanos. ⚕️
El Dr. Weston Price recorrió el mundo estudiando poblaciones que se alejaban de su dieta natural.
Y encontró las mismas consecuencias
visibles en su desarrollo físico.
Esta es una de las razones por las que hoy vemos, cada vez en más niños:
Dientes torcidos.
Mandíbulas retraídas.
En generaciones enteras.
Ahora bien…
esto no significa que debamos comer carne cruda.
El sistema digestivo no está adaptado como el de un gato.
Los alimentos deben cocinarse adecuadamente. ️
Para nosotros, lo importante es otra cosa:
Dejar de depender de alimentos ultraprocesados…
y nutricionalmente vacíos.
Francis M. Pottenger alimentó a un grupo de gatos con leche, carne y vísceras crudas.
A otro grupo, con los mismos alimentos… pero cocinados.
Al principio, las diferencias parecían pequeñas.
Pero algo empezó a cambiar.
El desarrollo óseo y cráneofacial comenzó a deteriorarse.
Aparecieron arcos dentales más estrechos, apiñamiento dental y mandíbulas más retraídas.
También se observaron alteraciones pulmonares y respiratorias, incluyendo bronquitis y neumonitis en los animales más afectados.
Y lo más inquietante… ⚠️
no se limitó a una generación.
Según las observaciones de Pottenger, las alteraciones se hicieron pogre más graves en las generaciones posteriores, acompañadas de un deterioro reproductivo que, en las generaciones más afectadas, llegó a comprometer gravemente la capacidad de reproducción.
Una generación.
Después otra.
Y otra.
Casi un siglo después, las dietas crudas en las mascotas volvieron a despertar interés bajo un nuevo nombre:
BARF — Alimentos crudos biológicamente apropiados.
Y lo que muchos dueños ven en sus peludos no es casualidad:
Mejor condición corporal
Mejor salud oral
✨ Piel y pelaje más saludables
Buena digestión
⚡ Mayor vitalidad
Mejor apetito
Pero hay algo más.
Años antes, otro médico había documentado algo parecido…
pero en seres humanos. ⚕️
El Dr. Weston Price recorrió el mundo estudiando poblaciones que se alejaban de su dieta natural.
Y encontró las mismas consecuencias
visibles en su desarrollo físico.
Esta es una de las razones por las que hoy vemos, cada vez en más niños:
Dientes torcidos.
Mandíbulas retraídas.
En generaciones enteras.
Ahora bien…
esto no significa que debamos comer carne cruda.
El sistema digestivo no está adaptado como el de un gato.
Los alimentos deben cocinarse adecuadamente. ️
Para nosotros, lo importante es otra cosa:
Dejar de depender de alimentos ultraprocesados…
y nutricionalmente vacíos.