Un vídeo casero que acabó convertido en tesis sobre inmigración
Un vídeo doméstico difundido desde una cuenta de red social ha acabado funcionando como prueba de cargo en un juicio que nadie ha instruido. En las imágenes, una mujer se dirige con tono afectuoso a un hombre, y el comentario que lo acompañaba —risas y la sugerencia de que le habla como a una mascota— bastó para convertirlo en materia prima de un asunto mayor:
inmigración, nacionalidad y quién paga la factura. Lo llamativo no es la escena. Lo llamativo es que, exprimida a fondo, no haya producido una sola cifra.
El clip que se convierte en dato sociológico
Aparece el repertorio completo. La etiqueta despectiva reservada a la mujer
—Charo—, la comparación del hombre con un animal doméstico y la sospecha de que la relación esconde un trámite. La idea que se repite en el hilo es que el vínculo durará hasta que él consiga la nacionalidad,
con ella pagando la factura. Nadie explica de dónde sale esa sospecha, ni falta que hace: la escena funciona como confirmación de algo que se daba por sabido antes de verla.
Un clip sin fecha, sin lugar y sin nombre propio se transforma así en ilustración de una tesis que circula desde bastante antes. Ese es el mecanismo: se toma una imagen privada, se le adjudica una intención y se archiva como ejemplo. La verificación, en ese circuito, es lo último que importa.
¿Hacen los migrantes los trabajos que los españoles rechazan?
Es la frase más repetida del asunto y la que menos desarrollo tiene. Se enuncia como obviedad —existe una franja de empleo que la población local no cubre— y sirve lo mismo para justificar las llegadas que para reprocharlas. Aquí alimenta una conclusión implícita: el hombre está en esa casa por interés. Faltan los sectores, los sueldos, los contratos, las tasas de actividad. El eslogan aguanta porque nunca se le pide nada.