Cada día me caen mejor quienes trollean a los programas de televisión. Si le llegan a dar una colleja a la hormiga atómica hubiera sido apoteósico
Ellos no van a saber qué hacer con su simpatía. Probablemente sólo les sirva para reaccionar tarde.
Voy a contar una historia que viví hace ya unos cuantos años, pero que fue para mí la primera sacudida que inició el despertar y de la que aún me acuerdo. Por aquel entonces yo era todavía un ingenuo que creía en izquierdas y derechas, socialismo, liberalismo, humanitarismo y blablabla.
Había tenido que ir a
Puerto España (Trinidad y Tobago) por unos asuntos de trabajo. Estaba invitado a una recepción en la embajada española, que en realidad era sólo un despacho oficial de los intereses gasísticos de Repsol en el país. En el cóctel de la embajada conocí a una chica colombiana, de unos 25 añitos y ascendencia alemana. Una chica muy lista, además, que cursaba un doctorado en el campus de Saint Augustine. A mí el país ya me había dejado bastante impactado desde el primer contacto, al ver por la noche desde el taxi
a grupos de personas corriendo por la carretera y ajama a un lado y otro de la carretera. Lo de las ajama en América me descolocó bastante en aquellos años. En fin, cosas de la colonización anglo, que trajo a las islas personas de distintas procedencias como mano de obra.
Le pregunté a la chica qué cuál era el régimen político de la isla. Me dijo: democrático. No me parecía aquello muy concreto, así que le pedí una respuesta un poco más matizada:
¿bipartidismo entre socialdemócratas y conservadores o cristianodemócratas? ¿Tal vez nacionalistas y liberales...? La chavala se me quedó mirando con cara de "¿qué dice éste?" y, después de unos segundos me contesta:
"no, sólo hay dos partidos: el de un grupo y el de otro". Aquello entonces me parecía tan marciano que sólo se me ocurrió preguntar: "¿pero qué programas llevan a las elecciones, qué campaña electoral hacen?" La respuesta, demoledora: no hay programa. Porque cada comunidad vota por los suyos. ¿Qué votante iba a votar por el otro grupo? En cuanto a las campañas electorales, el día antes de las elecciones se hacen fiestas en la playa, se reparte comida y bebida hasta saciarse, bailan, festejan, se divierten y acaban durmiendo en la playa. Luego van a votar.
En ese mismo momento me di cuenta de que, ya en camino de una globalización desbocada,
en el momento en que Europa bajara los brazos y las fronteras, ése era el futuro que nos esperaba. De hecho, las políticas
identitarias débiles que se han practicado hasta ahora en Occidente (mujeres, gays, vulnerables y demás minorías) van a dejar paso a las
identidades fuertes: nativos contra extranjeros, católicos contra musulmanes, con los evangélicos complicándolo todo...
Para resumir: entonces ya me di cuenta, y fue un verdadero impacto que me dejó noches sin dormir (como para muchos otros aquí lo fue darse cuenta del pick oil) que
el mundo mullidamente ideológico que había vivido hasta entonces se había terminado. Desde entonces, me parece absurdo que me pregunten si soy de izquierdas o derechas, si voto a éste o al otro. Sólo soy descendiente de la tradición de mis mayores y de mi civilización, de la catedral de Burgos y de San Juan de la Cruz; pero también de la Sainte Chapelle y de Beethoven, del muro de Adriano, de las vísperas de Rachmaninov y los frescos de Giotto o las tablas de Van Eyck y Mantegna.
Así que no, simpatía ninguna. Quien no entienda que sólo hay dos campos, tu civilización y la barbarie ajena, que se lo haga mirar, vuelva a leer a Gibbon o algo. Porque da igual que tú tengas miedo de que te llamen intolerante (yo no lo soy) y te creas muy tolerante: tu civilización es la que es y ellos te juzgarán por el tonalidad de tu piel, como a esos dos ancianos desabrigados en Francia.
¿Vas a votar civilización o barbarie?