Lo que más saca de quicio a un liberaloide no está en la economía ni en la política sino en las relaciones más personales.
Sobre todo, si la mujer que tanto le gusta le manda a paseo y no quiere ni tomarse un café con él, en vez de respetar su libertad de decisión y su derecho al rechazo, monta en cólera y repite sistemáticamente que las mujeres de hoy no saben elegir, sólo se juntan con gente o tipos pendencieros y peligrosos y desprecian a los hombres "de bien".
O es muy poco empático si una mujer rechaza y desprecia a otros, incluso sus familiares o amigos más cercanos. Pero si le ocurre a él mismo quiere que todo el mundo le preste atención y le consuele.
Sobre todo, si la mujer que tanto le gusta le manda a paseo y no quiere ni tomarse un café con él, en vez de respetar su libertad de decisión y su derecho al rechazo, monta en cólera y repite sistemáticamente que las mujeres de hoy no saben elegir, sólo se juntan con gente o tipos pendencieros y peligrosos y desprecian a los hombres "de bien".
O es muy poco empático si una mujer rechaza y desprecia a otros, incluso sus familiares o amigos más cercanos. Pero si le ocurre a él mismo quiere que todo el mundo le preste atención y le consuele.