Esto no sirve de nada, de ahí los problemas. Las quejas y las reclamaciones, como pedir la consabida hoja, van directas a la papelera.
Es más, una vez que yo pedí la hoja de reclamaciones en una sidrería me amenazaron y me querían atacar los demás clientes diciendo que con ello le estaba faltando al respeto a la camarera.
Y la camarera me contestó que no pensaba entregármela, cuando está totalmente obligada por ley. Tuve que acabar llamando a la policía: a la local para que la obligasen a entregarme la hoja y a la nacional para denunciar las amenazas de los clientes, se armó un buen lío. Hasta ese punto llega nuestro tercermundismo.
Si estuviéramos en un país funcional y civilizado pues quizá solucionaríamos las cosas civilizadamente. Pero como no lo estamos, hay que solucionarlas al estilo macarra.