Coque, no gasolina: el agujero del cálculo sobre los crematorios
La cuenta circula con aire de demostración: entre
50 y 60 litros de carburante por cuerpo, tres millones de cuerpos, cientos de millones de litros que una Alemania racionada no podía permitirse. El detalle que rompe la aritmética es de fontanería industrial: ningún horno crematorio de la Europa ocupada funcionaba con gasolina. Se alimentaban de
coque, un derivado sólido del carbón, con madera como complemento.
Conviene separar dos vectores energéticos que ese cálculo mezcla sin avisar. El Reich tenía un problema grave de carburante líquido —gasolina, diésel, queroseno— y otro muy distinto con el carbón, del que disponía en cantidades muy superiores. Un horno que quema coque no compite con un bombardero que quema gasolina. Ahí empieza y ahí acaba el supuesto enigma.
¿Con qué combustible funcionaba un horno crematorio?
La respuesta corta: con combustible sólido. El coque se obtiene calentando carbón en ausencia de oxígeno y arde a temperatura alta y sostenida, sin las llamas sucias del carbón bruto. Es el mismo insumo que alimentaba altos hornos y calderas industriales. Nada de queroseno, nada de gasóleo de motor.
De ahí que la cifra de los 50 o 60 litros por cuerpo —que se maneja como si fuera una medición de laboratorio y no tiene respaldo documental verificable— esté midiendo otra cosa. Aunque se aceptara el número tal cual, el problema energético que describe no existía en el vector que se señala. Los números finos, con sus tiempos de combustión y sus toneladas de coque por horno, cambian el resultado de la cuenta.
Por qué Alemania se quedó sin gasolina y no sin carbón
El déficit alemán era de petróleo. De ahí la
gasolina sintética obtenida a partir de carbón, las plantas de hidrogenación y el racionamiento severo de carburante para aviación y blindados. El carbón, en cambio, salía del Ruhr y de Silesia en trenes que prácticamente no paraban. Eran dos cuellos de botella distintos y de escala incomparable.
Comparar el consumo de un crematorio con el de una división acorazada es un error de unidad, no un hallazgo histórico. Y el error se repite en cada versión del cálculo que circula por redes: se toma la restricción más visible de la economía de guerra —la cola del surtidor— y se aplica a una instalación que nunca pisó un surtidor.
Piras con rieles de ferrocarril: el método que se usó al aire libre en Polonia
En los campos de la Polonia ocupada se recurrió a un procedimiento distinto y todavía menos exigente en combustible: desenterrar cuerpos ya en proceso de descomposición y quemarlos en grandes parrillas montadas con rieles de ferrocarril. Un cuerpo en descomposición prende con muy poco fuego. La propia documentación técnica del método insiste en ese punto, que es el que desmonta la intuición de que hacía falta un depósito de gasóleo por cadáver.
El desglose completo de temperaturas, tiempos y cantidades deja a la vista dónde se cuela la trampa: en tratar un problema de logística de sólidos como si fuera un problema de carburante de motor. El resto es aritmética de sobremesa, presentada con formato de peritaje.
Queda una pregunta que nadie cierra del todo: por qué un cálculo tan fácil de desmontar técnicamente sigue circulando con tanta salud. Quizá porque la respuesta exige saber qué es el coque, y eso no cabe en un titular.