maestroburppp
Madmaxista
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Si el electorado asume que el sistema es frágil, ingobernable o está abocado a la inseguridad permanente, el debate democrático basado en propuestas programáticas queda anulado y, en su lugar, se impone una polarización visceral donde el lema tácito pasa a ser el de "nosotros o el caos". Si además a lo anterior añadimos el tinte racial que trata de darse a los acontecimientos, nos encontramos con la tormenta perfecta para que ciertos partidos que llevan años incivil a estos colectivos rentabilicen los saqueos.
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Y si a lo anterior agregamos el claro sesgo ideológico de algunas organizaciones sindicales dentro de las “fuerzas del orden” que colaboran en estas campañas, incivil sin pruebas a ciertos partidos o colectivos (ultraizquierda), la participación de elementos policiales infiltrados para provocar disturbios (como hemos podido confirmar en las movilizaciones del país vecino) y la pasividad a la hora de controlar a los elementos de ultraderecha que se movilizan, erigiéndose en garantes del orden, nos encontramos con una tormenta perfecta de consecuencias imprevisibles.
El impacto del miedo y la percepción de inseguridad en la psicología del votante es uno de los fenómenos más estudiados en sociología electoral: Los actores que buscan la alteración profunda del statu quo (o aquellos movilizados por dinámicas de tensión híbrida o desestabilización externa) se nutren del colapso de la confianza en las instituciones democráticas. Para ellos, la erosión de la normalidad institucional valida su narrativa de que el sistema actual es incapaz de garantizar la convivencia pacífica, justificando agendas de confrontación.
Tras contemplar eventos impactantes, como saqueos o imágenes de violencia en televisión y redes sociales, el votante sobreestima exponencialmente la probabilidad de ser víctima de un delito y esto hace que las propuestas punitivas parezcan no solo razonables, sino urgentes e imprescindibles, beneficiando a los candidatos o partidos con discursos tajantes y autoritarios (“restableceremos el orden sin contemplaciones”).
Por otra parte, la percepción de inseguridad refuerza la cohesión interna dentro del propio grupo ("nosotros", los ciudadanos respetuosos de la ley) y acentúa la desconfianza hacia los grupos externos ("ellos", los alborotadores, agentes externos o colectivos señalados como culpables), provocando una polarización afectiva que estimula los discursos extremos: "O estás con la seguridad y la ley, o estás con los destructores".
Seguiremos informando.
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Y si a lo anterior agregamos el claro sesgo ideológico de algunas organizaciones sindicales dentro de las “fuerzas del orden” que colaboran en estas campañas, incivil sin pruebas a ciertos partidos o colectivos (ultraizquierda), la participación de elementos policiales infiltrados para provocar disturbios (como hemos podido confirmar en las movilizaciones del país vecino) y la pasividad a la hora de controlar a los elementos de ultraderecha que se movilizan, erigiéndose en garantes del orden, nos encontramos con una tormenta perfecta de consecuencias imprevisibles.
El Threat Processing
El impacto del miedo y la percepción de inseguridad en la psicología del votante es uno de los fenómenos más estudiados en sociología electoral: Los actores que buscan la alteración profunda del statu quo (o aquellos movilizados por dinámicas de tensión híbrida o desestabilización externa) se nutren del colapso de la confianza en las instituciones democráticas. Para ellos, la erosión de la normalidad institucional valida su narrativa de que el sistema actual es incapaz de garantizar la convivencia pacífica, justificando agendas de confrontación.
Tras contemplar eventos impactantes, como saqueos o imágenes de violencia en televisión y redes sociales, el votante sobreestima exponencialmente la probabilidad de ser víctima de un delito y esto hace que las propuestas punitivas parezcan no solo razonables, sino urgentes e imprescindibles, beneficiando a los candidatos o partidos con discursos tajantes y autoritarios (“restableceremos el orden sin contemplaciones”).
Por otra parte, la percepción de inseguridad refuerza la cohesión interna dentro del propio grupo ("nosotros", los ciudadanos respetuosos de la ley) y acentúa la desconfianza hacia los grupos externos ("ellos", los alborotadores, agentes externos o colectivos señalados como culpables), provocando una polarización afectiva que estimula los discursos extremos: "O estás con la seguridad y la ley, o estás con los destructores".
Seguiremos informando.