Todo lo público es un desastre. Solo hay que entrar en una estación de tren, un hospital, un colegio o cualquier otro servicio público, para darse cuenta de que lo gestionan y administran mal.
Cuando la gente es válida, buena y eficiente las cosas tienden, por sí solas, a mejorar. Es una tendencia natural que la buena gente tiende a mejorar y ser más eficiente, con y sin dinero. De esto nos vanagloriamos la cultura occidental.
Cuando la gestión es mala, todo tiende a ser un desastre, con o sin dinero. De esto acusamos a las culturas tercermundistas.
Pues a ver si empezamos a entender el mundo, que ya somos mayorcitos.
Todo lo público es un desastre. Más allá de si hay o no dinero, quizás sea la gente que está en lo público la que no funciona bien. No podemos cambiar nada si esa situación, sus jefes y sus amos no cambian antes. La democracia en estas condiciones es gatopardismo puro.
Todas las teorías colectivistas se basan en ideas infantilizadas que ignoran la condición humana. Por eso tienden a autodestruirse. La única teoría honesta es el capitalismo. Evidentemente a nadie le gusta que le digan que se espabile y que toda la responsabilidad de su vida será suya. El capitalismo no es grato, pero es honesto. Esto es la selva, somos animales, como cualquier otro y si no nos espabilamos nos van a devorar. El colectivismo es una forma de abuso al que nos entregamos voluntariamente.
Todo lo público es ofrecernos voluntariamente al abuso del más poderoso. Una especie de capitalismo, donde la víctima está bajo hipnosis. El estado es el gran hipnotizador. La democracia es el espectáculo al que acudimos voluntariamente para ser hipnotizados por el estado y someternos a la voluntad de las élites. Para ser hipnotizados hay que estar predispuestos, no se puede hipnotizar a nadie que no se deje sugestionar antes, eso es la democracia.
Votad, votad, malditos!