El verdadero factor humano (Ignacio Camacho en El ABC)

El verdadero factor humano (Ignacio Camacho en El ABC)
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

El sistema de señalización LZB del corredor andaluz, con más de tres décadas de servicio, está considerado obsoleto por los expertos y el Ministerio tenía previsto reemplazarlo. El déficit acumulado en inversiones de mantenimiento asciende a 3.600 millones de euros, según las cuentas del propio Gabinete.

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El sistema de señalización LZB del corredor andaluz, con más de tres décadas de servicio, está considerado obsoleto por los expertos y el Ministerio tenía previsto reemplazarlo. El déficit acumulado en inversiones de mantenimiento asciende a 3.600 millones de euros, según las cuentas del propio Gabinete.

La tecnología que debía garantizar la seguridad del AVE andaluz lleva más de tres décadas funcionando. El mecanismo LZB (Linienzugbeeinflussung) es un sistema de control de trenes que transmite datos al maquinista y puede frenar automáticamente si es necesario. Funciona. Pero los expertos lo consideran obsoleto, y el propio Ministerio tenía pendiente su sustitución por otro más moderno. Esa sustitución nunca llegó.

Un sistema que obliga a circular a 40 por hora

Cuando el LZB falla, el maquinista pierde la señalización continua y debe reducir la marcha. Los trenes recorren algunos tramos a 40 kilómetros por hora en lugar de a los 200 que definen la alta velocidad. Ese es el estándar que da nombre al sistema. Las caídas del sistema electrónico de señalización son, según el ministro Óscar Puente, una eventualidad reiterada en los últimos tiempos. Eso explica las paradas frecuentes que cualquier viajero del corredor andaluz ha vivido.

La consecuencia práctica es que la puntualidad y la rapidez se han degradado. Renfe sigue cobrando ambas, pero los usuarios llevaban tiempo renunciando a ellas. Lo que no estaba en cuestión, hasta hace poco, era la seguridad. Los audios filtrados por el Gobierno para exculparse muestran un centro de control con órdenes contradictorias y varios trenes parados en la misma vía sin instrucciones claras.

3.600 millones que no se invirtieron

El Gabinete reconoce, según sus propias cuentas, un déficit de 3.600 millones de euros en inversiones de mantenimiento. Ese agujero no aparece de la nada. Responde a un mandato completo sin aprobar unos solos Presupuestos, lo que dejó al Ejecutivo gobernando con prórrogas y sin capacidad de planificar inversiones plurianuales. La infraestructura de raíles y catenarias se deterioró mientras el dinero se destinaba a otras partidas.

La catástrofe de Adamuz reveló el estado de las líneas férreas. La de Urda añadió otra capa: no solo el hierro está mal, también el procedimiento de alerta falla con una regularidad que ya no sorprende a nadie. El resultado es un margen de riesgo que depende de circunstancias individuales, de un factor humano sometido a la contingencia.

La responsabilidad política que no se diluye

El Ejecutivo intenta descargar la responsabilidad sobre operadores de Adif. Pero la avería técnica es previa. El LZB funcionó durante más de tres décadas en el corredor andaluz y todos los expertos lo consideraban obsoleto. El Ministerio lo sabía. La sustitución estaba pendiente. Ninguna filtración de audios cambia ese hecho: la decisión de no invertir en mantenimiento ni en renovación tecnológica se tomó antes de que los trenes se pararan.

La discusión sobre quién apretó el botón equivocado oculta la pregunta anterior. ¿Por qué el botón seguía siendo el mismo desde hacía treinta años? ¿Por qué el presupuesto de mantenimiento acumulaba un déficit de 3.600 millones? Esas son las preguntas que no aparecen en los audios editados. Y son las que explican por qué decenas de miles de pasajeros diarios viajan con la seguridad dependiendo de un sistema que ya nadie defiende como moderno.

La política ferroviaria española acumula años de decisiones aplazadas. El resultado no es un accidente aislado. Es una estructura que se sostiene sobre parches y que, cuando falla, lo hace en el peor momento posible.

Datos clave
  • El sistema LZB del corredor andaluz lleva más de tres décadas en servicio y los expertos lo consideran obsoleto.
  • El déficit en inversiones de mantenimiento reconocido por el Gabinete asciende a 3.600 millones de euros.
  • Cuando el LZB falla, los trenes circulan a 40 kilómetros por hora en lugar de a 200.
  • El ministro Óscar Puente reconoció que las caídas del sistema electrónico de señalización son una eventualidad reiterada.
  • La catástrofe de Adamuz reveló el estado de las líneas férreas y la de Urda añadió las fallas del procedimiento de alerta.
Resumen generado con inteligencia artificial a partir del primer mensaje del tema.

Eric Finch

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El verdadero factor humano​

30/10/2026

Ignacio Camacho-ABC​

  • Adamuz y Urda son la consecuencia trágica de la ruina estructural a la que una banda de aventureros políticos ha conducido a España

El Gobierno ha filtrado para exculparse los audios (editados) de los controladores del AVE y lo que ha conseguido es meternos más miedo. Porque lo que se oye en el teórico centro de control es un descontrol absoluto, un caos de órdenes contradictorias, el monumental desconcierto de un montón de gente que tiene media docena de trenes parados en la misma vía y no sabe qué hacer con ellos. Y luego Puente, el ministro tuitero, reconoce que las ‘caídas’ del sistema electrónico de señalización son una eventualidad reiterada en los últimos tiempos, lo que explica esas frecuentes paradas en el trayecto que se han vuelto familiares para cualquier viajero. La pavorosa conclusión a la vista es que la fiabilidad del transporte ferroviario está en manos de un hatajo de ineptos. Incluidos los componentes de un Gabinete que acumula, según sus propias cuentas, un déficit de 3.600 millones de euros en inversiones de mantenimiento. La consecuencia de no haber logrado aprobar unos solos Presupuestos en un mandato completo. El resultado de aquella chulería de gobernar con o sin el Parlamento. Que acabó siendo ‘sin’ como todos sabemos.

Por mucho que el Ejecutivo, desesperado en plena campaña ante la manifiesta quiebra de su estrategia, descargue sobre uno o varios operadores de Adif la responsabilidad de la tragedia, no tiene modo de eludir la realidad previa de una avería técnica. La tecnología del ya tristemente famoso mecanismo LZB ha funcionado en el corredor andaluz durante más de tres décadas pero todos los expertos la consideran obsoleta y el propio Ministerio estaba pendiente de remplazarla por otra más moderna. Los españoles hemos descubierto así con pavor que el motivo de la lenta circulación de los trenes no sólo es el estado lamentable de las líneas férreas –revelado tras el desastre de Adamuz– sino las fallas casi rutinarias del procedimiento de alerta que obligan a los maquinistas a reducir la marcha y recorrer algunos tramos a 40 kilómetros por hora en vez de a doscientos cuenta, el estándar de alta velocidad que da nombre al sistema. Es decir, que la vida de decenas de miles de pasajeros diarios queda al albur de un factor individual sometido a la pura contingencia.

Los usuarios habíamos renunciado ya a la rapidez y la puntualidad, aunque Renfe sigue cobrándolas, pero hasta el miércoles manteníamos una cierta confianza en que la seguridad aún estaba razonablemente garantizada. Ahora sabemos que además del deterioro de la infraestructura de raíles y catenarias existe un amplio margen de riesgo a merced de las circunstancias. Esa colosal demostración de negligencia e ineficacia es la obra de un grupo de aventureros políticos que se ha apoderado del Estado y ha destruido sus instituciones, desmantelado servicios y dilapidado sus recursos en grandes operaciones de propaganda. Lo que ha revelado la catástrofe toledana es la situación de ruina estructural y sarracena a la que esta banda ha conducido a España. Y eso sí que es un fallo humano, demasiado humano, de la democracia.
 

El verdadero factor humano​

30/10/2026

Ignacio Camacho-ABC​

  • Adamuz y Urda son la consecuencia trágica de la ruina estructural a la que una banda de aventureros políticos ha conducido a España

El Gobierno ha filtrado para exculparse los audios (editados) de los controladores del AVE y lo que ha conseguido es meternos más miedo. Porque lo que se oye en el teórico centro de control es un descontrol absoluto, un caos de órdenes contradictorias, el monumental desconcierto de un montón de gente que tiene media docena de trenes parados en la misma vía y no sabe qué hacer con ellos. Y luego Puente, el ministro tuitero, reconoce que las ‘caídas’ del sistema electrónico de señalización son una eventualidad reiterada en los últimos tiempos, lo que explica esas frecuentes paradas en el trayecto que se han vuelto familiares para cualquier viajero. La pavorosa conclusión a la vista es que la fiabilidad del transporte ferroviario está en manos de un hatajo de ineptos. Incluidos los componentes de un Gabinete que acumula, según sus propias cuentas, un déficit de 3.600 millones de euros en inversiones de mantenimiento. La consecuencia de no haber logrado aprobar unos solos Presupuestos en un mandato completo. El resultado de aquella chulería de gobernar con o sin el Parlamento. Que acabó siendo ‘sin’ como todos sabemos.

Por mucho que el Ejecutivo, desesperado en plena campaña ante la manifiesta quiebra de su estrategia, descargue sobre uno o varios operadores de Adif la responsabilidad de la tragedia, no tiene modo de eludir la realidad previa de una avería técnica. La tecnología del ya tristemente famoso mecanismo LZB ha funcionado en el corredor andaluz durante más de tres décadas pero todos los expertos la consideran obsoleta y el propio Ministerio estaba pendiente de remplazarla por otra más moderna. Los españoles hemos descubierto así con pavor que el motivo de la lenta circulación de los trenes no sólo es el estado lamentable de las líneas férreas –revelado tras el desastre de Adamuz– sino las fallas casi rutinarias del procedimiento de alerta que obligan a los maquinistas a reducir la marcha y recorrer algunos tramos a 40 kilómetros por hora en vez de a doscientos cuenta, el estándar de alta velocidad que da nombre al sistema. Es decir, que la vida de decenas de miles de pasajeros diarios queda al albur de un factor individual sometido a la pura contingencia.

Los usuarios habíamos renunciado ya a la rapidez y la puntualidad, aunque Renfe sigue cobrándolas, pero hasta el miércoles manteníamos una cierta confianza en que la seguridad aún estaba razonablemente garantizada. Ahora sabemos que además del deterioro de la infraestructura de raíles y catenarias existe un amplio margen de riesgo a merced de las circunstancias. Esa colosal demostración de negligencia e ineficacia es la obra de un grupo de aventureros políticos que se ha apoderado del Estado y ha destruido sus instituciones, desmantelado servicios y dilapidado sus recursos en grandes operaciones de propaganda. Lo que ha revelado la catástrofe toledana es la situación de ruina estructural y sarracena a la que esta banda ha conducido a España. Y eso sí que es un fallo humano, demasiado humano, de la democracia.
La que ha liado tu líder Netanyahu.
 

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