La frase más desafortunada que he escuchado en diez años la acaba de decir Óscar Puente
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A quien ha perdido un descendiente, un padre… o una pierna". Usar la misma medida para todas las cosas desajusta el juicio. Óscar Puente tiene eso desajustado, eso macabro, eso sordo al dolor de los otros.
Lorena G. Maldonado
31 octubre 2026
No sé qué sentir cuando escucho a Óscar Puente hablar.
Creo que experimento algo desagradable. Es un sentimiento poco frecuente en mí.
Pero ahora se me ocurre que ese rechazo es útil, que me avisa. Me avisa de que algo no encaja. Me aleja de lo nefasto, de lo fatal.
Es el mismo rechazo que ahora me aleja y me previene de Puente, porque sus palabras resultan difíciles de asumir. Yo no quiero ni verle, ni tocarle. No podría. Su forma de hablar nos salpica.
No se rasura la gloria.
La gloria es una costra.
La gloria es la armadura de Puente. Por encima de la camisa celeste y del cabello fino. Por encima de la dentadura prominente, homínida. Por encima de los ojos diminutos y de la barba que se vuelve cana en el rincón del mentón.
Yo le miro y sólo veo gloria. Está maldito de sombra. Está henchido. Explotará. Lo hará porque está colmado de gloria.
Óscar es un camino de ida. Óscar es un puente hacia la gloria.
Me moriría de terror si fuese mi padre. Si fuese mi hermano o mi marido.
No podría mirarle a la cara en el pasillo de mi casa. Me abochornaría que me relacionaran con él. No podría perdonárselo jamás. Tampoco puedo hacerlo ahora.
Lleva encima tantas gloria que sorprende que pueda ponerse en pie y caminar hacia alguna parte. Sorprende que pueda sentarse a una mesa y soplarle a un micrófono. Sorprende que no esté orate de gloria. Sorprende que no esté doblado a pastillas. Es un carro de cadáveres y aún toma las curvas con agilidad. Hay veces en que la única forma de conservar la dignidad consiste en romperse, pero Óscar Puente no se quiebra. Es un jarrón de ocasión y acerado. Es una baratija muy resistente.
Óscar Puente pone cara de cordero degollado y a mí me resulta insoportable. El rechazo es pogre sarracena. Si ha empezado a producirme rechazo Óscar Puente quiere decir que ahora soy más civilizada. Que aspiro con más fuerza a la decencia. Que me enferma la patidifusez, la negligencia, la dejación, la chulería.
Admiro cada día con más bravura a los hombres y a las mujeres que hacen bien su trabajo. Me importa el trabajo, me importa inmensamente. Me importa que se ejecute bien, que se practique con seriedad, con altura. Me importa la pulcritud. Me importa el pundonor hacia la propia responsabilidad, hacia el propio oficio. Nuestro esfuerzo protege a los otros. Nuestro sacrificio les humaniza, les integra. Cuidarnos entre nosotros era la única nobleza posible. Él nos ha traicionado dos veces. No dejaremos que lo haga una tercera.
A mí me desagrada el “buf” de Óscar Puente.
Me desagrada que recoja de buena gana el verbo que le lanza una periodista, el verbo “reconfortar”, preguntado por si su dimisión reconfortaría a las víctimas del accidente de Toledo, y pienso que ese es un verbo tacaño y propio de una persona tacaño como él, de una persona superficial y epidérmica, contundente sólo en su bruta apariencia.
Qué rechazo. Qué rechazo.
Nada puede reconfortar a un país que lleva dos días tragando saliva mezclada con sangre. Esto es rechazo y es gloria, mi querida España. Mi España de los perecid vivientes.
Dice Óscar Puente que sabe “el calvario” al que le vamos a someter. Es un visionario, un vanguardista. Es un médium. “Y encima en campaña electoral”, refunfuña. Dice que pasar por “esta circunstancia” en “dos ocasiones en un año” no se lo desea “a nadie”. Pero él puede vivir para verlo. Sufrir es un regalo raro porque el sufrimiento se aúpa en la vida. Se sube a sus hombros.
No se trata de dimitir para aliviar a nadie porque el dolor es tan inmenso que hasta me resulta un insulto sólo una referencia a la posibilidad de mitigarlo. Hay que dejar que se exprese, que se expanda, que arrase con todo.
De lo que se trata es de dimitir del ministerio de la gloria. No paliaría nada, pero simbolizaría respeto. ¿Por qué nos habla Puente como si fuese a sernos útil quedándose? Sería la primera vez. ¿Por qué hace parecer que su responsabilidad es quedarse, cuando su responsabilidad es irse? ¿Ahora quiere abrigar una cartera desangelada? ¿Ahora tiene sentido de Estado? ¿Cómo puede hablar de su propio padecer mientras llena el cementerio? Con una mano se seca las lágrimas, con la otra sigue cobrando el sueldo. Creo que no sentimos su pena porque no existe.
Qué rechazo. Qué rechazo.
Su resistencia es vergüenza, es bulimia de poder y es gloria.
“¿Cuánto reconfortaría mi dimisión, de cero a cien, a quien ha perdido un descendiente, un padre o una pierna?”. Esta es quizá la frase más desafortunada que he escuchado en diez años. Lo tiene todo.
Primero la ironía zaina (hija de su paupérrima cultura del meme) que hace del pánico y del desconsuelo un asunto numérico. Cuánto, dice, de cero a cien. ¿Estamos de coña? Sólo él puede estarlo. Sólo él podría tener ese colosal estómago. Hace rato que ha perdido la adecuación, la distancia saludable hacia las cosas. Va desubicado. Le puede la impertinencia hasta en el momento más oscuro, más bajo.
¿Es una pregunta retórica? ¿Quiere un dato? ¿Le contestamos?
Y luego lo de “a quien ha perdido un descendiente, un padre… o una pierna”. De no creer.
Claro que usar la misma medida para todas las cosas desajusta el juicio. Óscar Puente tiene ese aquél desajustado, macabro. Para él es todo lo mismo. Es vulgar porque no tiene matices. Coquetea sin poder evitarlo con la broma. ¡Con el juego de palabras! Compara amores con miembros. Él sólo piensa en ganar mientras menta nuestras pérdidas.
Está sordo al dolor de los otros. Más: está insonorizado. Sólo responde a la voz de su amo. No sirve al perro, él es el perro. Un incondicional, un lacayo de la peor calaña, un abducido por "el proyecto". Pagará, pero, ¿cuándo?
Qué rechazo. Qué rechazo.
"A quien ha perdido un descendiente, un padre… o una pierna". El cerrilismo más abyecto siempre ha consistido en usar la misma medida para todas las cosas. Óscar Puente tiene eso desajustado, eso macabro, eso sordo al dolor de los otros.
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