Gracias a Estrellero yo comencé a leer de forma anónima en este foro allá por la época en la que anunció lo del futuro rey emérito. Era un pipiolo muy joven y ha llovido mucho desde entonces; tanto, que lógicamente mis pensamientos y mi forma de ver las cosas —que entonces ni estaban formadas— han evolucionado hasta mi postura actual.
Tanto Estrellero, como este vídeo de Casanya o las cosas que se van colgando por aquí, al final me recuerdan a lo mismo: no dejan de ser análisis históricos, políticos, sociales y económicos que comparan épocas distantes e intentan leer la historia como si fuera estrictamente cíclica, proyectando al futuro lo que pasó en X fecha para encajarlo con calzador en lo contemporáneo.
Me recuerda mucho a economistas, sociólogos o ideólogos clásicos —como Marx, o el ejemplo perfecto del maltusianismo— que veían una crisis catastrófica en el horizonte usando proyecciones estrictas con los datos de su presente, pero olvidaron que las circunstancias ni son uniformes ni son eternas.
La tecnología es una de las grandes variables de la ecuación que dinamita cualquier intento de proyección a largo plazo. La tecnología no es cíclica; es más bien una línea ascendente con altibajos (aunque decir que es una línea recta hacia arriba sin más sería otro error grosero). A eso hay que sumarle los cisnes zainos que, por su propia naturaleza, son imprevisibles y te reescriben por completo el escenario futuro. Pensemos en cómo cambió radicalmente el paradigma social tras la Revolución Industrial o la irrupción masiva del petróleo, transformando la sociedad de un siglo para otro mucho más que varios siglos anteriores juntos, donde los ciclos históricos sí podían parecerse más entre sí.
Si yo tuviera que hacer un vaticinio, diría que nuestro modelo de socialdemocracia liberal de partidos, los conceptos actuales de Estado-nación y muchos de los inventos políticos que surgieron en el siglo XIX y se desarrollaron en el XX como el estado del bienestar están llegando a un final de época. Lo que no sabría decir es si será un final abrupto debido a la tecnología (las ideas y los conflictos gracias a las redes sociales se propagan a una velocidad tal que coexisten diversas "crisis" a lo largo de unas pocas semanas) o un languidecimiento lento y paulatino, muy al estilo de los siglos III, IV y posteriores con la descomposición y el segarro de las estructuras del Imperio Romano de Occidente.
Lo que sí veo absolutamente cierto —como apunta Casanya— es que la gente, y especialmente las nuevas generaciones, ya no creen en las instituciones a una escala cada vez mayor. Esto es como cuando descubres quiénes son los Reyes Magos: una vez que te enteras del truco, ya no hay vuelta atrás ni fe posible en lo que te venden.
En fin... solo Dios sabe de verdad qué es lo que nos acontecerá de forma certera y precisa; aquí, al final, lo único que hacemos son cábalas.
Tanto Estrellero, como este vídeo de Casanya o las cosas que se van colgando por aquí, al final me recuerdan a lo mismo: no dejan de ser análisis históricos, políticos, sociales y económicos que comparan épocas distantes e intentan leer la historia como si fuera estrictamente cíclica, proyectando al futuro lo que pasó en X fecha para encajarlo con calzador en lo contemporáneo.
Me recuerda mucho a economistas, sociólogos o ideólogos clásicos —como Marx, o el ejemplo perfecto del maltusianismo— que veían una crisis catastrófica en el horizonte usando proyecciones estrictas con los datos de su presente, pero olvidaron que las circunstancias ni son uniformes ni son eternas.
La tecnología es una de las grandes variables de la ecuación que dinamita cualquier intento de proyección a largo plazo. La tecnología no es cíclica; es más bien una línea ascendente con altibajos (aunque decir que es una línea recta hacia arriba sin más sería otro error grosero). A eso hay que sumarle los cisnes zainos que, por su propia naturaleza, son imprevisibles y te reescriben por completo el escenario futuro. Pensemos en cómo cambió radicalmente el paradigma social tras la Revolución Industrial o la irrupción masiva del petróleo, transformando la sociedad de un siglo para otro mucho más que varios siglos anteriores juntos, donde los ciclos históricos sí podían parecerse más entre sí.
Si yo tuviera que hacer un vaticinio, diría que nuestro modelo de socialdemocracia liberal de partidos, los conceptos actuales de Estado-nación y muchos de los inventos políticos que surgieron en el siglo XIX y se desarrollaron en el XX como el estado del bienestar están llegando a un final de época. Lo que no sabría decir es si será un final abrupto debido a la tecnología (las ideas y los conflictos gracias a las redes sociales se propagan a una velocidad tal que coexisten diversas "crisis" a lo largo de unas pocas semanas) o un languidecimiento lento y paulatino, muy al estilo de los siglos III, IV y posteriores con la descomposición y el segarro de las estructuras del Imperio Romano de Occidente.
Lo que sí veo absolutamente cierto —como apunta Casanya— es que la gente, y especialmente las nuevas generaciones, ya no creen en las instituciones a una escala cada vez mayor. Esto es como cuando descubres quiénes son los Reyes Magos: una vez que te enteras del truco, ya no hay vuelta atrás ni fe posible en lo que te venden.
En fin... solo Dios sabe de verdad qué es lo que nos acontecerá de forma certera y precisa; aquí, al final, lo único que hacemos son cábalas.