+18 Huelga 11 de noviembre

Ilustración editorial de una vivienda con una grieta y una multitud de siluetas frente a ella, en azul marino y dorado
RESUMEN DEL DEBATE · elaborado con IA

Huelga del 11-N: el paro que nace del desahucio y apunta al rentismo La huelga general del 11 de noviembre no la convoca un ataque al Estatuto de los Trabajadores ni un recorte de pensiones. La convoca el Sindicato de Inquilinas, un movimiento sin capacidad legal para ello, y la han «legalizado» UGT y CC OO.

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CRÓNICA DEL DEBATE POR TRAMOS
  1. El hilo del 11-N se desmadra: de la huelga a los tuits de siempre (8 Nov 2026 – 8 Nov 2026)

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Motivos y riesgos de una huelga general atípica que pretende marcar “un antes y un después”​

Los líderes de los sindicatos convocantes explican las razones del paro, contra quién se dirige y lo que esperan conseguir

La huelga general del próximo miércoles es, desde múltiples puntos de vista, inédita. Parte de la iniciativa de un movimiento sin capacidad legal para convocarla, el Sindicato de Inquilinas (SDI), y no de los sindicatos de clase tradicionales, UGT y CC OO, que se han sumado a esa reclamación y han sido los que han “legalizado” la convocatoria, explica Valeria Racu, portavoz del SDI. No tiene que ver con cuestiones estrictamente laborales, sino, sobre todo, con las dificultades de acceso a la vivienda. La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, ha animado a la población a participar en ella —“Creo que va a ser la primera vez que no puedo ir de piquete. Bien que me gustaría”, dijo—; el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, ha pedido que se desconvoque —“Las huelgas generales no se convocan contra quien no gobierna”—; y la última fue hace 14 años, en 2012, contra los recortes del Ejecutivo de Mariano Rajoy.

La idea cristalizó en las masivas manifestaciones en distintos puntos del país tras el desahucio de Maricarmen Abascal, de 87 años, quien falleció apenas 15 días después de haber sido desalojada de la casa en la que había residido durante siete décadas. “Con Pepe [Álvarez, líder de UGT]”, explica Unai Sordo, secretario general de CC OO, “llevábamos meses hablando de que el problema de la vivienda iba a acabar explotando. Habíamos puesto cuatro millones de euros para fortalecer las movilizaciones por los convenios colectivos y preveíamos que el escenario de conflictividad se iba a incrementar. También llevamos mucho tiempo hablando con los sindicatos de inquilinas. La chispa, finalmente, saltó por Maricarmen, que despertó una ola de indignación social. Medimos mucho la afluencia a esas manifestaciones de protesta y vimos que era algo transversal. Eso nos animó a convocar la huelga. Se han juntado los dos ríos y ha sido lo que nos ha llevado a tomar decisión, aunque la formulación haya sido algo heterodoxa”. Álvarez hace un análisis muy similar: “Las movilizaciones en la calle eran muy importantes; de alguna manera, nos interpelaban, y con Unai decidimos convocar a los órganos de los sindicatos para ir a un proceso de cobertura de la huelga general. También analizamos que, en su momento, cuando estalló el 15-M, no tuvimos la empatía que deberíamos haber tenido con la gente que participó en aquella acampada”.

Los líderes de los dos sindicatos mayoritarios coinciden en que los tiempos y la sociedad han cambiado mucho en los últimos años, lo que también les ha obligado a ampliar el terreno de sus reivindicaciones históricas: primero con el feminismo y ahora con la vivienda. “El sindicalismo de clase”, insiste Sordo, “no podía ser ajeno al principal problema socioeconómico para generaciones casi enteras: el precio de la vivienda se come el salario de muchísima gente y genera una fractura muy importante, aunque sea asimétrica tanto territorial como generacionalmente”. Es la primera preocupación del país, según reflejan las encuestas y recuerda Álvarez, quien llama la atención, también, sobre el impacto en el mercado laboral: “La propia patronal reconoce los problemas de falta de personal porque el precio de un alquiler pint cualquier posibilidad de que alguien pueda ir a trabajar a Baleares o a ciudades como Málaga. Lo que valoramos a la hora de convocar esta huelga es que había un cúmulo de insatisfacciones o demandas ciudadanas que las organizaciones sindicales no podían resolver con la negociación colectiva clásica. Los convenios suben con el IPC, pero la gente nos cuenta que no llega a fin de mes porque el precio de la vivienda lo pint todo”.

Valeria Racu, portavoz del Sindicato de Inquilinas, presenta la respuesta en la calle al desahucio de Maricarmen Abascal y la acampada en Sol, que se inició tras el rechazo legislativo a los llamados decretos Maricarmen impulsados desde el poder ejecutivo, no solo como una representación del malestar ciudadano, sino también como una demostración de fuerza: “Nos dimos cuenta de que, cuando nos organizamos, tenemos más poder que cualquier político, rentista, juez o policía”, y ese camino llevaba, añade, a la convocatoria de una huelga general, “la herramienta más potente de la gente común”.

La movilización en la calle por el desahucio de Maricarmen Abacal y la exigencia de medidas que impidieran casos similares empujó al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a anunciar, el pasado 5 de octubre, tras el rechazo a sus decretos en materia de vivienda, que adelantaba la convocatoria de las elecciones generales, previstas para 2027, al próximo 29 de noviembre, pese a sus múltiples declaraciones previas sobre su intención de agotar la legislatura. La izquierda institucional leyó en esa movilización ciudadana un ambiente favorable, una ventana de oportunidad. Pero en la masiva concentración del 3 de octubre, la segunda gran marcha en una semana por los problemas de acceso a la vivienda, los manifestantes repartían culpas entre el “Gobierno pogre” y las derechas, al tiempo que anunciaban que su lucha seguiría “gobierne quien gobierne”.

Preguntada por si el PP tiene algo de razón cuando asegura que el paro general convocado para el 11 de noviembre va contra la oposición, la portavoz del Sindicato de Inquilinas explica: “Es una huelga contra el rentismo, contra la patronal y contra sus gobiernos, todos los gobiernos, a nivel central, autonómico y local y de todos los colores, porque hemos visto que todos los que han pasado por las instituciones han apostado y protegido al rentismo. Pero lo importante es destacar por qué es la huelga: por la vivienda, las pensiones, los salarios y los servicios públicos. Es lo que tienen que escuchar los gobiernos y es lo que vamos a conquistar, gobierne quien gobierne más allá del 29-N”.

En los sindicatos mayoritarios clásicos, la visión es algo distinta en ese aspecto. “Nos reprochan que en estos ocho años”, afirma Pepe Álvarez, “no hemos convocado una huelga general. Pero ha subido el salario mínimo un 66% y hemos convertido cuatro millones de contratos temporales en indefinidos con el voto en contra del PP y de Vox. ¿Cómo íbamos a hacerle una huelga general a un Gobierno que hace eso? Dicho eso, en esta convocatoria, el Gobierno central también tiene que poner de su parte". Unai Sordo, líder de CC OO, explica: “No es una huelga al uso, porque no es en respuesta a una reforma o la impugnación a la política económica de estos últimos años, pero claro que es una huelga contra el poder, que en España está muy diseminado. Las comunidades autónomas son Estado. ¿Quién no está aplicando la ley de vivienda? ¿Quién está privatizando los servicios públicos? El PP sabrá por qué se da por aludido. Y en materia de vivienda, ninguna administración está libre de culpa, porque aunque las competencias sean básicamente autonómicas, la política general en la materia es un fracaso de décadas".

El politólogo Lluís Orriols, autor de Democracia de trincheras, muestra su extrañeza por el hecho de que el Gobierno anime a ir a la huelga “como si no fuera con ellos”. “Es una protesta que interpela al Gobierno, aunque sea saliente, y no sé cómo afecta a la oposición más allá de un aviso a navegantes si llega al poder. Las protestas obedecen a un malestar social, una sensación de empobrecimiento por la crisis inflacionaria y la precariedad que genera el problema de la vivienda, y esa confusión sobre el ‘contra quién’ puede hacer que el mensaje de la protesta termine no entendiéndose y que tenga una fuerza menor de la que podía tener”, afirma.

Desde la convocatoria, los sindicatos han celebrado miles de asambleas en centros de trabajo por todo el país para tratar de asegurarse una amplia participación. “Entre UGT y CC OO”, recuerda Álvarez, “tenemos una red de 225.000 delegados presentes en las empresas. Ese es nuestro motor”.

El líder del PP ha pedido a los sindicatos que desconvoquen la huelga. “Ya lo pensaba cuando se planteó como una respuesta a la oposición. Era un profundo error de concepto. Las huelgas generales no se convocan contra quien no gobierna, pero hoy la situación es todavía más grave. España acaba de vivir una tragedia y han quedado a la vista de todos debilidades profundas del sistema cuya responsabilidad política corresponde exclusivamente al Gobierno. No cuestiono el derecho constitucional de huelga, sino el sentido de la oportunidad. Antes era incomprensible, y 69 perecid después es un grave error”, declaró, en alusión a las víctimas del accidente ferroviario del pasado 28 de octubre en Urda (Toledo). La presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, fue más lejos y habló de “huelga mafiosa”.

Nicolás Sartorius, cofundador de CC OO, cree que en esas declaraciones el líder del PP mostró una “profunda ignorancia”. “No se puede pedir desconvocar una huelga una semana antes, cuando ya se han celebrado miles de asambleas”. Unai Sordo reconoce que “la emocionalidad del país ha cambiado” tras el accidente de Urda. “Es muy legítimo que la gente esté baja por lo que ha pasado, yo el primero, pero hay que recordar que uno de los vértices de esta convocatoria es la defensa de los servicios públicos y de la fiscalidad necesaria para mantenerlos, y eso incluye las infraestructuras”. “El siniestro ferroviario”, añade la portavoz del Sindicato de Inquilinas, “es una tragedia que no tenía que haber ocurrido, consecuencia de todo aquello contra lo que luchamos el 11 de noviembre: un sistema que pone el lucro por encima del bienestar en todos los sectores, con malas condiciones laborales e infrafinanciación. El transporte, al igual que la vivienda, la educación o la sanidad, debe ser un servicio público garantizado de forma segura y asequible. Lo que ocurrió en Urda no resta fuerza a la huelga, sino que le da mucha más, porque queda claro que no debemos permitir que este sistema se siga llevando vidas por delante”.

Las huelgas generales son la medida más arriesgada y ambiciosa que tiene en sus manos un sindicato. Si son secundadas de manera masiva, suponen una exhibición de fuerza y aumentan la capacidad de presión para negociar reformas. Si obtienen un respaldo tibio, pueden ser interpretadas como una señal de debilidad. El líder de CC OO advierte: “Si convocamos a un paro es porque queremos que se note. Pero en 14 años [en alusión a la última huelga general] el país ha cambiado mucho, ahora mucha gente puede teletrabajar, y no se puede medir el éxito en los términos clásicos de una huelga de los ochenta. La convocatoria es heterodoxa y soy consciente de que implica cierto riesgo, porque las personas que normalmente sacan adelante una huelga general no son las más precarizadas, sino la parte de la población trabajadora que tiene encarrilado el problema de la vivienda, pero creo que el tiempo dará y quitará razones. De alguna manera, el precedente aquí son las huelgas feministas. ¿Alguien mide hoy el éxito del 8-M en función de los huelguistas que hubo? Ese día ha pasado a la historia porque, salvo con la guerra de Irak y el asesinato de Miguel Ángel Blanco, creo que nunca hubo tanta gente en la calle como aquel día“.

 
La gente que vive alquilada, o va a comprar vivienda, o está pagando grandes cantidades por la hipoteca, debería tener en cuenta qué partidos defienden la especulación y el saqueo inmobiliario, como el PP.
 
La gente que vive alquilada, o va a comprar vivienda, o está pagando grandes cantidades por la hipoteca, debería tener en cuenta qué partidos defienden la especulación y el saqueo inmobiliario, como el PP.
Pero sí a partidos que rompen el mercado inmobiliario creando demanda artificial a paladas. Para beneficio de exactamente los mismos. Si es que te tienes que reír.
 
POR MI COMO SI VAN A MISA< (adjunto visible para usuarios registrados)​
 

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La gente que vive alquilada, o va a comprar vivienda, o está pagando grandes cantidades por la hipoteca, no debería votar a partidos que no hacen nada durante toda la legislatura, se gastan el dinero en publicidad institucional y en otras muchas cosas. A esa clase de partidos es a los que no hay que votar. Y mucho menos a los que convocan huelgas contra la oposición, que ya es lo más llamativo de todo.
 
 
Yo ese día iré a trabajar. Es injusto que mis jefes paguen los platos rotos por culpa de los inquilinos y sus manías. Mis jefes y la patronal son los que generan empleo y economía así que no pienso faltar ni un solo día, y si hay que dar la cara el domingo pues se va también, y sin cobrar horas extra.
 
Yo ese día iré a trabajar. Es injusto que mis jefes paguen los platos rotos por culpa de los inquilinos y sus manías. Mis jefes y la patronal son los que generan empleo y economía así que no pienso faltar ni un solo día, y si hay que dar la cara el domingo pues se va también, y sin cobrar horas extra.
Por lo general, te daría la razón a tu sarcasmo.

Pero puesto que esta huelga es de Pedro Sanchez y no contra, voy a hacer todo lo que tu dices y más.

Va a ser una excepción.

MASIVAMENTE CON PATRÓN.
 

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