La gasolina lleva el IPC al 4,3% y nadie toca el IRPF
El IPC general saltó al 4,3% en agosto. Es el mayor aumento de inflación para ese mes desde 1992 y el responsable tiene manguera: el carburante. El litro se despachó a 1,77 euros en las estaciones más agresivas y eso contamina todo lo que se mueve sobre ruedas. El dato, sin embargo, lleva dentro su propia contradicción: la inflación subyacente retrocede al 2,9% y la acumulada de alimentos se queda en el -0,65%. El pico es de gasolina, no de cesta de la compra.
El 4,3% que se explica en el surtidor
Un verano flojo de demanda y una subida de precios a la vuelta de vacaciones. La coincidencia es demasiado perfecta para ser casualidad, y así se lee en la calle: si el negocio no vino en julio, se recupera en septiembre. La versión aburrida —la que suele acertar— es que el crudo y el refino no perdonan, y agosto concentra la actualización de márgenes. Ninguna de las dos explicaciones toca los impuestos, que siguen clavados en cada litro.
La deflactación del IRPF que nadie firma
Con la inflación en el 4,3%, no mover la tarifa equivale a una subida de impuestos silenciosa: el mismo salario nominal compra menos y tributa igual. Es el argumento que reaparece en toda conversación sobre poder adquisitivo y el más difícil de rebatir con el BOE en la mano. En paralelo, la única propuesta salarial que ha entrado en la agenda pública habla de un SMI de 1.800 euros. Sus defensores sostienen que con 1.000 euros no se rema hoy; sus críticos, que la cifra es electoral y no sale de ninguna productividad medible.
Frenar a 100 km/h para cuadrar el mes
El ajuste ya se hace a pie de volante. Hay quien reporta haber pasado de 6,2 a 5,2 litros a los 100 kilómetros levantando el pie y dejando correr el coche, y quien ha recuperado la bici para el trayecto corto. Es la parte más honesta del episodio: los hogares reaccionan antes que los índices. Y como en cada escalada de precios, reaparece el reflejo de buscar un chivo expiatorio ajeno, que no cuadra con ningún dato del INE pero sirve para no hablar de salarios.
Las quinielas apuntan a un cierre de año cerca del 6% si el crudo no afloja. Puede no llegar —la subyacente da margen para pensar lo contrario— y puede quedarse corto. Lo que no va a corregirse por sí solo es la tarifa del IRPF.