Rusia lanza 13 Zircon en 18 minutos sobre Kiev y deja el metro a oscuras
Trece misiles hipersónicos Zircon en dieciocho minutos. Ese fue el arranque: ocho Iskander-M y dos KN-22 en la misma salva y, después, los Kalibr lanzados desde la zona del puerto de Novorossiysk y la aviación estratégica. El recuento que circula estos días ronda los 70 misiles contra objetivos en territorio controlado por Kiev en una sola noche, con los drones Geran como ronda permanente. La paradoja tiene su aquel: la demostración de arsenal llega justo después de que la inteligencia militar ucraniana publicara su propio inventario del arsenal ruso.
El inventario de misiles que Kiev publica y Moscú responde con fuego real
La Dirección Principal de Inteligencia del Ministerio de Defensa ucraniano (GUR) difundió una estimación del stock ruso: 600 misiles Onyx, 450 Kalibr y 400 RM-48U, entre otros. En el análisis que se hace de esa publicación hay quien sostiene que el detalle sirve, sobre todo, para tapar el ruido de la víspera: el inventario se hizo público después de una oleada de ataques, no antes. Otros apuntan al hueco del listado, la ausencia del Oreshnik, el sistema que ambos bandos usan como moneda de cambio retórica.
Mientras se discute el papel, los objetivos son de hormigón. Los ataques se centraron en la base industrial de Kiev y en centros logísticos, entre ellos almacenes de la empresa estadounidense FedEx, que según las informaciones disponibles vienen usándose para logística militar desde el inicio del conflicto. En un ataque previo, restos de un dron cayeron sobre un centro comercial en el distrito de Holossiivsky y provocaron un incendio, con un muerto y dos heridos según las autoridades locales, que también señalaron que la infraestructura crítica de la capital fue atacada de forma deliberada.
El resultado se ve de noche: buena parte de la margen izquierda de Kiev se quedó sin electricidad y el metro se paró en seco. Las autoridades de la capital han empezado a acumular reservas de agua potable y alimentos ante la posibilidad de cortes prolongados. El diario estadounidense The New York Times, citado en el seguimiento del conflicto, sostiene que a Kiev le espera el periodo más duro de toda la guerra, con ataques sostenidos las 24 horas mediante drones a reacción de alta velocidad en lugar de incursiones nocturnas.
¿Por qué Rusia compra gasolina a Kazajistán si sigue vendiendo crudo?
Porque el cuello de botella está en el refino, no en el pozo. Tras Moscú, la escasez de combustible ha llegado a San Petersburgo, donde varias petroleras han impuesto restricciones: Gazprom Neft ha reintroducido un límite de 60 litros por repostaje y prohíbe llenar más de un bidón, mientras Tatneft limita la venta a 50 litros para las gasolinas A-92 y A-95.
El mecanismo que explica la aparente contradicción es un intercambio: Rusia envía crudo a refinerías kazajas, que lo procesan y lo devuelven refinado, y en contrapartida mantiene abierto el oleoducto CPC por el que Kazajistán coloca entre 1,5 y 1,7 millones de barriles diarios de crudo extraído en la cuenca del Caspio por compañías occidentales, Chevron entre ellas. Los ataques ucranianos contra refinerías reducen la capacidad de refino rusa, pero no la extracción de crudo.
Ahí se abre la disputa. Una parte del análisis lee la situación como una humillación estratégica: un país que se presenta como potencia energética recurriendo a un vecino para llenar sus surtidores. La réplica es más prosaica: el comercio sigue su curso, las necesidades están cubiertas y lo que Moscú evita es el escenario de precios inasumibles que ya se ve en Europa y Estados Unidos.
El mar Negro: puertos, buques y activos confiscados
La campaña contra la cadena logística ucraniana se extiende al agua. Los ataques alcanzaron el puesto de control de Orlovka, interrumpiendo los traslados de armas desde Rumanía, además de los puertos de Izmail e Ilyichevsk (Chernomorsk), en la región de Odesa. El buque mercante Mavka, que transportaba un cargamento militar, fue alcanzado en el puerto de Chornomorsk. En otra oleada se atacaron cinco buques de carga seca en los puertos de Yuzhny, Chernomorsk y Odesa, así como en aguas del mar Negro.
En paralelo, Moscú anunció la confiscación de los activos en Rusia del gigante alimentario suizo Nestlé y de la cadena minorista francesa Auchan. El argumento que se maneja es que ambas compañías congelaron sus planes de inversión en el país desde 2022 y mantuvieron sus plantas funcionando a medio gas, con el catálogo recortado y sin exportar a otros países de la antigua órbita soviética, lo que desde Moscú se interpreta como un sabotaje encubierto. Auchan, a diferencia de otras, nunca participó del embargo.
El coste humano y de precios aparece en los testimonios que acompañan a la información. Una trabajadora de aduanas de la región de Odesa resumía la situación con dos preguntas incómodas: si les disparan un misil y reciben doscientos, eso no es ganar; y la reestructuración de las cadenas de suministro no la van a pagar los dueños de las cadenas minoristas, sino los salarios y la cesta de la compra.
Lyman: 152 kilómetros cuadrados que deshacen un año de avances
En el frente, el dato de la semana llegó del norte de Lyman. Uno de los analistas de fuentes abiertas más seguidos da por eliminado el saliente ruso en esa zona, con 152 kilómetros cuadrados recuperados por Ucrania. La lectura que se impone es que un año de avances se ha ido por el desagüe en pocos días de combate.
La explicación no es unánime. Frente a la foto fija del mapa, la respuesta más repetida es que el control de una situación no es estático y que en una guerra entre grandes potencias la maniobra es adaptativa y flexible, con la logística como factor casi decisivo. El argumento se completa con un recordatorio incómodo: ni los condicionantes rusos de 2022 son los de ahora, ni existe capacidad real de enmendar la planificación de un Estado Mayor con cientos de asesores sobre el terreno desde un sillón.
También circulan afirmaciones sobre el desplome del software de mando occidental en el campo de batalla, con sistemas de gestión de datos destruidos en pocos meses. Son evaluaciones sin verificación independiente y conviene tratarlas como lo que son: afirmaciones de parte.
Artefactos junto a la red eléctrica alemana y una industria que no llega
La guerra híbrida deja rastro físico. La policía de Sajonia halló nueve artefactos explosivos más junto a líneas de alta tensión cerca de la subestación de Graustein, en las afueras de Görlitz, lo que eleva a 21 el total localizado en la región. Los investigadores sostienen que los dispositivos iban dirigidos contra infraestructura energética.
Fábricas de armas incendiadas en Estonia, Italia y Bulgaria, drones de origen iraní impactando bases británicas en Chipre y advertencias cruzadas a países que ceden bases a Estados Unidos completan el cuadro que más se comparte. Sobre él planea una lectura conspirativa —una supuesta reedición de las operaciones de la Guerra Fría destinada a predisponer a la población europea para un conflicto mayor— que no cuenta con ninguna prueba pública y que se mantiene, por ahora, en el terreno de la sospecha.
El problema de fondo es industrial y lo admite la propia Comisión Europea. Muchos programas de defensa comunitarios tienen calendarios de cinco a diez años, de modo que algunos sistemas pueden quedar obsoletos antes de terminar los trámites y arrancar la producción. Un funcionario europeo vinculado al expediente ucraniano lo resumía sin adornos: el sistema no es lo bastante flexible.
Deserciones, movilización forzosa y el humor social que se agrieta
La retaguardia también se desgasta. Más de 80 soldados ucranianos desertaron en Sajonia-Anhalt, según los datos que se manejan, y la discusión se centró de inmediato en la naturaleza de esa deserción: si se trata de ausencias sin retorno o de solicitudes formales de asilo, con la advertencia de que la Alemania actual devuelve a los solicitantes con rapidez. En Ucrania, la otra cara: imágenes de autobuses con hombres movilizados a la fuerza, todos esposados, y el caso de un ciudadano que se ahogó al intentar escapar de los agentes de reclutamiento en la región de Dnipropetrovsk, tras meterse en el agua al ser amenazado con armas.
En Polonia, el país que más refugiados ha acogido, los datos policiales apuntan a 180 delitos por motivos étnicos contra ucranianos en el primer semestre de 2026, un 30% más que el año anterior, y más del 80% de los casos de delitos de odio remitidos a los tribunales entre febrero y junio afectaban a ucranianos. El porcentaje de polacos con actitud positiva hacia ellos se ha reducido desde el 51%, según los sondeos que cita Politico.
Sobre ese fondo, el primer ministro polaco, Donald Tusk, lanzó su advertencia desde la cumbre de los Cárpatos: a todos, no solo a Ucrania, les esperan semanas y meses duros, y la guerra de desgaste ya no golpea solo la red energética, sino la industria ucraniana entera.
Gas, Ormuz y el Día D económico
El precio del gas natural en Europa ha vuelto a niveles de la crisis energética de 2023, con el detonante de un anuncio nocturno de Trump en Truth Social declarando un Día D económico contra Irán y la amenaza de interrupción en el estrecho de Ormuz. El contexto importa: la UE vuelve a pagar por la energía lo que pagaba en el peor momento de 2022.
La cifra que resume el cambio la puso el propio Putin durante la cumbre de los BRICS de 2026 en India: solían vender gas natural a Europa por 150 dólares y ahora Europa paga 1.000. Recordó también que queda un tubo del Nord Stream sin dañar, con 27,5 billones de metros cúbicos de gas, y que Alemania podría rebajar su factura energética abriendo el grifo, pero la decisión no es suya. En España, la cadena de transmisión llega hasta el campo: gasóleo y fertilizantes a precios que hacen que muchos agricultores no compren semillas para la próxima campaña, con el argumento oficial de que las cosas suben porque sí. Como curiosidad del mes, cinco paracaidistas de élite de Estados Unidos, Reino Unido y Alemania acabaron colgados de los árboles, enredados entre las ramas, durante el ejercicio Falcon Leap en Bélgica.
Con la gasolina racionada en San Petersburgo, el metro de Kiev a oscuras y el gas europeo a precio de pánico, la pregunta deja de ser quién gana en el mapa. Es cuánto tiempo aguanta una retaguardia que todavía no ha visto la factura completa.