EEUU compra diésel ruso y pide cambiar al presidente de Ucrania
Un petrolero con cerca de
230.000 barriles de diésel ruso zarpó de San Petersburgo el 22 de septiembre y navega hacia la costa estadounidense. Tres semanas después de esa salida, Washington anunciaba un acuerdo con Moscú para liberar
300.000 toneladas de gasóleo al mercado mundial. La misma semana, Donald Trump declaró que «es hora de que Ucrania tenga un nuevo presidente» y culpó a Volodímir Zelenski de bombardear refinerías rusas y de encarecer el combustible. Comprar el diésel del sancionado y cambiar de interlocutor en Kiev: el doble mensaje retrata el estado del conflicto a mediados de octubre de 2026 mejor que cualquier comunicado oficial.
La cronología del diésel: el pacto se cerró antes de anunciarse
El buque con unos 230.000 barriles de gasóleo partió de San Petersburgo el 22 de septiembre, casi tres semanas antes de que el acuerdo se hiciera público, según la reconstrucción de fechas que circula. La versión oficial llegó después: Trump sostiene que Rusia libera el producto «para el mundo, no específicamente para Estados Unidos». El
New York Times añadió un dato más incómodo: Washington habría ofrecido hasta
100.000 millones de dólares en activos rusos descongelados, la venta de una participación de Lukoil a inversores y el desbloqueo de los fertilizantes bielorrusos a cambio de un cese parcial de las hostilidades. Ucrania, sorprendida por la magnitud de las concesiones, exigió una asignación equivalente de fondos o garantías militares. El acuerdo se cerró, según ese relato, sin ningún compromiso ruso sobre la guerra.
Zelenski respondió con llamadas al primer ministro británico, Andy Burnham, al presidente francés, Emmanuel Macron, al finlandés Alexander Stubb y al noruego Jonas Gahr Støre. Una lectura más retorcida del calendario apunta a que el envío se adelantó para evitar que Kiev intentara sabotearlo antes del anuncio. Lo llamativo no es la maniobra, sino el orden de los factores: primero el barril, después el reproche público a quien sigue defendiendo la capital a oscuras.
Kiev sin luz y Moscú racionando la gasolina
El intercambio de golpes contra la energía dejó de ser una amenaza y se convirtió en la rutina del otoño. En un solo ataque, Rusia lanzó
13 misiles hipersónicos Zircon, ocho Iskander-M y dos KN-22 contra Kiev en 18 minutos; a esa primera oleada se sumaron misiles de crucero Kalibr disparados desde la zona portuaria de Novorossiysk. En total, según fuentes ucranianas, unos
70 misiles en una noche. Los objetivos: la subestación Kievska de Nalyvaikivka, que conecta la central nuclear de Rivne con la capital; la central térmica número 5; la central de Trípoli; y el puente ferroviario y de carretera sobre el Dniéper.
El resultado se mide en la vida diaria. Tres puentes clave cerrados, atascos masivos, el metro parado y vecinos cruzando a pie el Puente Sur con la ciudad a oscuras. Ukrenergo anunció cortes de emergencia en Dnipropetrovsk, Zaporiyia, Mikolaiv, Járkov y Chernígov, mientras que en Poltava más de
6.000 usuarios se quedaron sin suministro. También resultaron dañados un almacén de la OMS en Boryspil y centros logísticos de Epicentro y de FedEx, utilizados —según esa versión— para logística militar. La recomendación oficial a los ucranianos: no encender varios electrodomésticos de alto consumo entre las cinco y las diez de la tarde.
Rusia tampoco sale indemne de la ecuación. Las refinerías atacadas han provocado que varias petroleras impongan restricciones en San Petersburgo y Moscú: Gazprom Neft volvió al límite de
60 litros por repostaje y prohíbe llenar más de un bidón, mientras Tatneft limita a 50 litros las ventas de A-92 y A-95. En Uliánovsk, un ataque nocturno dejó 15 heridos, tres de ellos niños, y daños en la fábrica de armamento Iskra. En Sebastopol, una mujer de 57 años resultó herida por metralla en la playa Omega. Y en Krasnodar, otro ataque se saldó con víctimas mortales y dos empresas incendiadas. El cálculo fino de hasta dónde llega el daño en cada retaguardia es, probablemente, el número más disputado de esta guerra.
El recuento de drones: 1.600 interceptados y 493 rumbo a Moscú
Moscú se ha convertido en el mejor termómetro de la guerra aérea. Rusia afirmó haber interceptado más de
1.600 drones desde el sábado, 450 de ellos dirigidos contra la capital. Entre las 20:30 del 13 de octubre y las 08:30 del 14, se contabilizaron
493 aparatos en dirección a la región de Moscú: la mayoría neutralizados en las afueras lejanas y otros 180 derribados ya en las proximidades de la ciudad. Los aeropuertos de Sheremétievo, Domodedovo, Zhukovski y Vnukovo operaron con desvíos. En un solo día, el Ministerio de
Defensa ruso informó de la destrucción de 426 UAV sobre 12 regiones y Crimea.
La inteligencia militar ucraniana publicó su propio inventario del arsenal ruso: 600 misiles Onyx, 450 Kalibr y 400 RM-48U. La lista llamó la atención por lo que no incluye —nada de Oreshnik, el sistema que se presentó como irreversible— y porque apareció justo después de una de las mayores oleadas de la guerra. Hay quien lee en ese detalle una operación de distracción más que un parte de inteligencia.
Al otro lado del mostrador, la Fuerza Aérea ucraniana afronta un problema de inventario: sus F-16 apenas tienen con qué derribar drones. Faltan misiles AIM-120 AMRAAM y AIM-9 Sidewinder, hasta el punto de que algunos pilotos han tenido que recurrir a los cañones integrados del caza, según recoge el medio especializado
TWZ. A eso se suma una restricción técnica que pasó casi desapercibida: el sistema Starlink falla cuando una unidad se desplaza a más de 160 kilómetros por hora, lo que habría frustrado operaciones relevantes sobre el terreno.
Europa paga el gas a precios de 2023 y Alemania fabrica 5.000 drones
Los precios del gas natural en Europa volvieron a los niveles de la crisis energética de 2022. El detonante fue una publicación nocturna de Trump en Truth Social declarando el «Día D económico» contra Irán, que aumentó el riesgo de interrupción en el estrecho de Ormuz. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, dejó la cifra sobre la mesa: desde 2022 el gas ha subido un
140% y el gasóleo un
100%. En paralelo, el canciller alemán Friedrich Merz declaró en televisión que «Rusia está en guerra con Alemania», una frase que eleva la retórica a un terreno nuevo.
Berlín no solo habla. Según
Handelsblatt, en Alemania ha arrancado la producción de más de
5.000 drones de ataque de largo alcance para Ucrania, con pedido vigente hasta mediados de 2027 y dos modelos, uno de ellos capaz de alcanzar objetivos a 1.500 kilómetros. La fabricación corre a cargo de una empresa conjunta de la germano-estadounidense Auterion y la ucraniana Airlogix, con software de guiado asistido por inteligencia artificial. Polonia, por su parte, cerró su espacio aéreo en las fronteras con Ucrania y Bielorrusia del 10 de septiembre al 10 de diciembre, invocando seguridad nacional.
En Londres, Burnham recibió a Zelenski en Downing Street y prometió acelerar la entrega de misiles de defensa aérea, además de pedir a los socios internacionales más sanciones. El Partido Laborista coquetea incluso con un nuevo referéndum sobre Europa. Y en mitad de ese rearme, una campaña de opinión recorre Noruega, Polonia, Finlandia y Países Bajos bajo el lema «Rusia no es mi enemiga». El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, aportó su grano de arena: «Rusia no es más grande que Bélgica y los Países Bajos juntos, así que no pueden derrotarnos».
Sanciones sin mandato de la ONU: lo admite el enviado europeo
Los gobiernos aprietan, pero el instrumento pierde filo. El enviado de la UE para las sanciones, David O'Sullivan, lo reconoció sin rodeos: «El problema que tenemos con nuestras sanciones es que no cuentan con el respaldo de la ONU; por lo tanto, la mayoría de los países del mundo no ven la necesidad de cumplirlas». La frase resume años de política exterior y responde a una pregunta que se hacía al principio del conflicto: el aislamiento de Moscú no terminó de cuajar.
En ese terreno también circula la desinformación en las dos direcciones. Estos días se difundió masivamente el bulo de que la embajada estadounidense en Moscú instaba a sus ciudadanos a abandonar Rusia de inmediato por una supuesta peste. La recomendación real data de 2023 y responde al riesgo de detención, con nivel de amenaza 4. Mientras, en el capítulo judicial, un tribunal croata confirmó la extradición del ucraniano Volodymyr Zhuravlev, uno de los acusados por el sabotaje del Nord Stream, después de que un tribunal polaco se la hubiera negado en octubre de 2025. Cuatro años después de la voladura, el caso sigue abierto.
El frente: evacuación de niños en Zaporiyia y avances rusos en Járkov y Sumi
La administración regional anunció la evacuación obligatoria de los niños en nueve pueblos del raión de Zaporiyia, todos en la margen derecha del Dniéper: Bilenke, Bilenke Pershe, Lysohirka, Novotroitske, Holube, Vesele, Zhovta Krucha, Novorozivka y Slavne. El plazo previsto es de 30 días. No es el lenguaje de una contraofensiva.
El Ministerio de Defensa ruso reivindicó la liberación de Grachevka y Serdobino, en la región de Járkov, y de Malaya Rybitsa, en Sumi, con las tropas de asalto avanzando hacia la ciudad. En el capítulo humano, un grupo de soldados ucranianos se rindió cerca de Dobropolye y el comandante del grupo agradeció a los rusos que arriesgaran sus vidas para ponerlos a salvo. Al mismo tiempo, más de 80 militares ucranianos desertaron en Sajonia-Anhalt, un goteo que los analistas del desgaste leen como termómetro de la moral más que como un problema de reclutamiento.
El cuadro económico tampoco acompaña.
The Economist advirtió de daños sin precedentes en la economía ucraniana por la campaña rusa contra la infraestructura, desencadenada —según esa versión— tras la ofensiva ucraniana contra los almacenes de Wildberries. En Odesa, una agente de aduanas lo explicaba con crudeza: si los propietarios de barcos no arriesgan mercancía de cientos de miles de dólares, los costes se trasladan a precios y salarios. Zelenski, tras los ataques contra puertos y centrales, se declaró dispuesto al compromiso: «El grano y la energía son cuestiones delicadas para Ucrania. Estamos dispuestos a encontrar un compromiso», dijo, después de pedir a los emisarios de Trump una desescalada temporal para el invierno.
Quién aguanta mejor el desgaste: el pulso de los argumentos
Aquí es donde el análisis se parte en dos. Una corriente sostiene que el daño material importa menos que la capacidad política de encajarlo, y que ese cálculo juega a favor de Moscú: en Ucrania todo el daño posible, presente y futuro, ya estaría descontado, mientras que en Rusia cualquier incremento se convierte en un terremoto político. La URSS aguantó 40 años de guerra fría; a la Rusia actual solo se le pueden contabilizar cinco años de operación militar, así que le quedarían 35 para igualar la marca.
La réplica es contable y no política: Ucrania lanza cientos de drones y la mayoría son interceptados, mientras Rusia lanza más y no cae en la misma proporción, con infraestructura civil y militar destruida. Gana, en esa lectura, quien tiene el garrote más grande y pega más fuerte. Una tercera vía critica la prudencia de Moscú: la Rada y el palacio presidencial de Kiev siguen intactos, lo que a juicio de esta corriente equivale a jugar a empatar cuando se podría jugar a ganar.
Frente a eso, el argumento industrial: en los últimos años Rusia ha inaugurado instalaciones de gran envergadura, entre ellas la minera y metalúrgica de Udokan, en Transbaikalia, uno de los proyectos industriales más importantes puestos en marcha en el país. Y el diplomático: según el centro de análisis
38 North, para Pionyang la alianza con Moscú no es un acuerdo temporal, sino el intento de construir una arquitectura de seguridad a largo plazo. En paralelo, el director de la CIA, John Ratcliffe, viajó a Moscú en medio de informaciones sobre supuestos planes de movilización rusa, según el
Wall Street Journal.
Queda una pregunta incómoda: si el gasóleo ruso acaba abasteciendo el mercado estadounidense mientras los vecinos de Kiev cruzan el Dniéper a pie y a oscuras, ¿quién está ganando exactamente esta guerra, y para quién?