Canarias, en el punto de mira: el plan de Mohamed VI y la economía insular
La llegada de 245 personas migrantes a Lanzarote, a apenas tres kilómetros de la playa de La Mareta, ha reabierto el debate sobre la presión migratoria en Canarias. Mientras el presidente Sánchez disfrutaba de sus vacaciones con 60 agentes de escolta, en Ceuta quedaban solo 42 antidisturbios. La coincidencia no es casual: hay quien ve en esta asimetría un síntoma del abandono que sufre el archipiélago frente a la estrategia expansionista de Marruecos.
El informe policial y la estrategia de asfixia
Un supuesto informe policial habría destapado un plan de Mohamed VI para asfixiar económicamente a Canarias. La presión migratoria sería la punta del iceberg. En redes sociales marroquíes ya se anuncia una gran marcha para el 20 de septiembre, convocada para pedir la "liberación" de Ceuta, Melilla y las "islas ocupadas" por España. Un ministro marroquí ha insistido en que "no retrocederemos ni un palmo de territorio". Mientras tanto, la llegada de cayucos no cesa: solo en Lanzarote se han contabilizado 245 personas en una semana.
La economía canaria: ¿víctima o fortaleza?
Frente al relato de asfixia, los datos económicos pintan un panorama distinto. Canarias no tiene IVA, sino IGIC, y su déficit fiscal es del -0,38%, según EpData. Su PIB supera la media nacional y la tasa de crecimiento es de las más altas. Sin embargo, el archipiélago arrastra un déficit estructural en infraestructuras y un gasto social elevado, con 2,3 millones de habitantes de derecho. La presencia de población migrante se estima en unos 30.000, un 1,3% del total.
¿Invasión o presión híbrida?
La comparación económica es abrumadora: España tiene una economía 11 veces mayor que la de Marruecos. Marruecos ni siquiera puede regasificar el gas de Argelia, y su industria es limitada. Sin embargo, la presión migratoria y las reclamaciones territoriales se han intensificado. Hay quien sostiene que Marruecos no busca una invasión convencional, sino una guerra híbrida: asfixiar a Canarias con la llegada masiva de migrantes y desestabilizar políticamente a España. Otros, en cambio, consideran que la amenaza es exagerada y que España tiene todas las de ganar en un conflicto abierto.
El dato que descoloca: a pesar de la retórica, la economía canaria no está en crisis. El déficit fiscal es mínimo y el PIB crece. La asfixia, si existe, no se refleja en las cuentas públicas. ¿Es entonces una estrategia de presión política más que económica? La respuesta, por ahora, queda abierta.