Ormuz cerrado: la guerra que se libra en la factura del gasóleo
Un petrolero intenta cruzar el estrecho de Ormuz y no lo consigue. El paso marítimo por el que circula en torno a una quinta parte del petróleo mundial lleva semanas prácticamente bloqueado, y el presidente francés, Emmanuel Macron, lo confirmó al advertir de que «no hay acuerdos para abrir el estrecho» y que la situación del tránsito «se ha deteriorado en comparación con hace unas semanas». La condición que Teherán puso sobre la mesa, según su ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, es concreta: el paso seguirá cerrado hasta que se desbloqueen 11.000 millones de dólares de activos iraníes congelados. Lo que empezó como una ofensiva militar contra Irán ha acabado atravesando la yugular energética de medio planeta.
¿Por qué está cerrado el estrecho de Ormuz?
El cierre de Ormuz no es un daño colateral: es el arma. Por ese estrecho pasa aproximadamente el 20% del petróleo mundial, y su bloqueo ha disparado los precios del crudo, el gas y el diésel. La factura energética europea se incrementó en 16.200 millones de dólares en apenas 30 días, el gas natural subió un 100% y el petróleo un 60%, con el diésel coqueteando con los 200 dólares por barril. A la ecuación se suma otro cuello de botella, el estrecho de Bab el-Mandeb, para el que —a diferencia de Ormuz— no existen oleoductos alternativos: su cierre, según los análisis que se comparten, garantiza un encarecimiento del transporte marítimo de hasta el 600%.
Los anuncios se suceden con la misma lógica. QatarEnergy declaró fuerza mayor con plazos que llegan a los cinco años y pérdidas en condensados, GLP, nafta y helio. Saudi Aramco comunicó a las refinerías europeas con contratos a largo plazo que no recibirán crudo el mes siguiente. Y sobre el terreno, la Media Luna Roja iraní advirtió de lluvias tóxicas capaces de provocar quemaduras químicas tras los bombardeos sobre depósitos de combustible: la guerra también envenena el aire. En España, el gasóleo se ha encarecido en torno a un 17%, un golpe directo a cualquier negocio que dependa del transporte.
El coste real de dos semanas de guerra
La guerra contra Irán le costó a Estados Unidos alrededor de 6.000 millones de dólares en su primera semana, de los cuales unos 4.000 millones se destinaron a munición —principalmente misiles antiaéreos—, según el New York Times. Con las existencias de interceptores Patriot menguando, los mandos militares afrontan una carrera contrarreloj. Una investigación del Washington Post basada en imágenes satelitales cifró en al menos 228 las estructuras dañadas o destruidas en bases estadounidenses de Oriente Medio —hangares, barracones, depósitos de combustible, sistemas de defensa aérea y comunicaciones—, muy por encima de lo que el Pentágono ha reconocido oficialmente, que se limita a siete muertes.
El problema no es solo de munición. Es de logística. Al perder la disponibilidad de las bases del Golfo, la flota se queda sin el soporte que daba por descontado, y hay quien calcula que los portaaviones convencionales terminan racionando el agua dulce a bordo. La asimetría de costes es brutal: un dron iraní de entre 20.000 y 90.000 dólares puede derribar un aparato no tripulado de 30 millones. Y la falta de un plan B para una eventual operación terrestre es explícita en los análisis que circulan: sin recursos materiales ni logísticos suficientes, la probabilidad de una invasión por tierra se considera, directamente, nula.
El uso intensivo de bombarderos estratégicos también ha dejado su huella. De los aparatos lanzados en algunas misiones, no todos llegaron a despegar: la falta de mantenimiento y las piezas a la espera de sus relevos han reducido la disponibilidad de una flota que se publicita como incontestable. Las operaciones de rescate en el sur de Irán, en las que se perdieron aeronaves y se improvisó una pista de fortuna, se leen como la señal de que la fuerza aérea opera al límite de su capacidad sostenible.
Yemen: el frente que desmorona a Arabia Saudí
Mientras la atención se fija en Ormuz, el sur de la península arábiga se está desmoronando. Las fuerzas de Ansar Allah han avanzado en las últimas jornadas hacia Taiz y Adén, y según los cálculos que se manejan apenas quedan 56,5 kilómetros para que sus columnas procedentes de dos direcciones unan un frente común. Las imágenes satelitales muestran daños en al menos tres hangares de la base saudí de Khamis Mushait y la BBC ha verificado la autenticidad de los restos de un caza F-15 saudí derribado sobre territorio yemení. En Abha, los ataques han destruido los dos últimos depósitos de petróleo de las instalaciones de Aramco.
Yemen ya no es un frente secundario. Es la evidencia de que la coalición que debía contener a Irán está retrocediendo en varios teatros a la vez. Las fuerzas yemeníes han excavado una red de trincheras de unos 20 kilómetros en torno a Bab el-Mandeb y han empezado a emplear drones FPV en el frente de al-Jawf. Sobre el terreno se describe el colapso de las líneas defensivas leales a Arabia Saudí al suroeste de Taiz. El comentarista Pepe Escobar resumió la situación con una imagen: la humillación saudí, como antes la afgana, consumada «en cuestión de días». Mientras, se especula con que Kuwait pueda sumarse a los Acuerdos de Abraham tras mantener contactos discretos con Israel.
Trump, los mercados y la táctica del fin de semana
Una parte del análisis sostiene que las declaraciones del presidente estadounidense siguen un patrón reconocible: endurecer el discurso cuando los mercados están cerrados y suavizarlo, con un anuncio de avances diplomáticos, cuando están a punto de abrir. Investigadores federales examinan operaciones petroleras sospechosas realizadas poco antes de que Trump anunciara conversaciones «muy buenas y productivas» con Irán, según CBS News. El marco financiero tampoco ayuda: el rendimiento del bono estadounidense a diez años alcanzó el 4,63%, su nivel más alto desde febrero de 2025, y las probabilidades de recortes de tipos se desplomaron.
El relato oficial se tambalea en otros frentes. Cuando el secretario de Estado, Marco Rubio, atribuyó la suspensión del llamado «Proyecto Libertad» a una petición de Pakistán, la versión alternativa sostiene que el proyecto se detuvo porque los países del Golfo, por temor, negaron el uso de sus bases. Y la opinión pública estadounidense se resquebraja: más del 60% de los ciudadanos considera que la guerra contra Irán ha hecho «más daño que bien», según una encuesta difundida. La ironía es que la propia Casa Blanca reconoce indirectamente el efecto del conflicto sobre su economía: los tipos hipotecarios se acercan al 7% y el mercado de bonos se ha convertido en el mejor termómetro de la guerra.
El petrodólar, en el punto de mira
El movimiento más profundo no se libra con misiles, sino con divisas. Irán podría permitir el paso de un número limitado de petroleros por Ormuz si la carga se paga en yuanes, según informó la CNN. Rusia ha anunciado que sus futuros acuerdos de petróleo y gas con Europa se denominarán en yuanes, y Moscú y Pekín han declarado que dejarán de usar el dólar en todas sus transacciones comerciales. Entre el 80% y el 90% del petróleo iraní va a parar a China, que lo compra al margen del sistema del dólar y fuera del alcance de las sanciones estadounidenses.
La magnitud del reto es estructural. Las reservas mundiales de dólares han caído del 70% al 56,9% en 25 años, y el sistema del petrodólar —el mecanismo que desde 1974 obliga al mundo a atesorar dólares para comprar crudo— empieza a mostrar grietas. En paralelo, una lectura sorprendente del comercio exterior estadounidense sostiene que su principal exportación durante cinco meses consecutivos ha sido el oro, con destinos como Suiza, Hong Kong y China. A ello se añade otra derivada técnica: Irán ha ido sustituyendo su dependencia del GPS occidental por el sistema de navegación chino BeiDou, una transición que en tiempos de guerra convierte la infraestructura en un arma más.
Los aliados que se desmarcan
El frente diplomático se ha resquebrajado. España cerró sus bases para que no fueran utilizadas en la guerra contra Irán y Francia impidió que aviones con destino a Israel sobrevolaran su territorio, decisiones que la Casa Blanca ha recibido con un aviso de que lo «recordará». El presidente de Corea del Sur, Lee Jae Myung, rechazó cualquier despliegue que suponga implicarse en el conflicto. El canciller alemán, Friedrich Merz, sentenció que «la era de la amistad transatlántica incondicional probablemente ha terminado en un futuro próximo».
No es un aislamiento inocente. Alemania asiste a la cancelación de 20.000 vuelos de Lufthansa y al plan de emergencia energética de la UE. Japón vivió la visita de su primera ministra a Washington como una humillación —9.656 kilómetros para ser recibida sin declaración conjunta—, con el 82% de la población opuesta a la guerra. Hasta Canadá se retiró de un acuerdo comercial y asumió aranceles del 50%. El bloqueo de los hutíes es condenado por Bruselas como violación del derecho internacional; el silencio ante medidas comparables del lado opuesto se interpreta, en los análisis críticos, como selectividad conveniente.
Israel en varios frentes a la vez
La presión militar también pasa factura al otro lado. El ex primer ministro israelí Ehud Barak calificó la situación en el frente libanés como una «derrota catastrófica» y describió una «guerra de desgaste agotadora e inútil» en la que Hezbolá, liderado por Naim Qassem, no muestra signos de colapso. El jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel, el teniente general Eyal Zamir, advirtió en el gabinete de seguridad de que el Ejército «podría colapsar sobre sí mismo» si no se aprueban nuevas leyes de reclutamiento y reserva.
Los números respaldan la advertencia. Entre octubre de 2023 y octubre de 2024, 7.241 soldados y oficiales fueron dados de baja por «motivos de salud mental», una cifra que el ejército habría tratado de ocultar, según Haaretz, por su potencial impacto sobre la moral pública. Con operaciones simultáneas en Líbano, Gaza, Siria, Irán y Cisjordania, el sistema de reservas muestra signos de sobrecarga. En el sur de Siria, vehículos israelíes han vuelto a penetrar en la cuenca del Yarmouk, mientras en Líbano el ejército nacional se retiraba de algunas localidades ante el avance israelí, lo que refuerza el argumento de quienes sostienen que el Estado libanés no cumple su función de protección.
El frente humanitario añade capas. Una misión de investigación de Naciones Unidas concluyó, según el material difundido, que la escuela primaria de Minab no fue daño colateral sino objetivo, con alrededor de 120 niños entre las víctimas, y que en Lamard los proyectiles diseminaron balines de tungsteno sobre un complejo deportivo y viviendas cercanas. Las autoridades estadounidenses rechazaron las conclusiones y remitieron las preguntas al Departamento de Defensa.
La lista que descoloca
Hay un dato que resume mejor que ningún otro la deriva: Japón declaró contar con 254 días de reservas de petróleo; las utilizables de verdad eran 95. India se quedaba con nueve días, Corea del Sur con cincuenta. Sri Lanka impuso el racionamiento y cerró colegios; Pakistán recortó la semana laboral a cuatro días. Cuando el reloj de una economía se mide en días de combustible y no en trimestres de PIB, la pregunta ya no es quién gana la guerra, sino quién llega antes a la próxima gasolinera con algo en el depósito.