IRPF y cuota de autónomos: recaudar más sin tocar el gasto
Subir el IRPF tres puntos y la cuota mínima de autónomos a 200€ no arregla las cuentas públicas. Ni de lejos. La medida se vende como tabla de salvación del sistema de pensiones, pero descansa en una premisa que casi nadie discute en voz alta: que el gasto se queda exactamente donde está. El ajuste, en la práctica, aprieta la tuerca solo por el lado de los ingresos.
Quién paga los tres puntos y los 200 euros
El primer golpe lo recibe el asalariado de tramos medios y altos, que ya sostiene la mayor parte de la recaudación del IRPF. El segundo, el autónomo, cuya cuota mínima pasaría a 200€ al mes: una cantidad que en un mal ejercicio se paga igual, con o sin facturación. A partir de ahí la escalada pierde el freno. Hay quien coloca el suelo del autónomo en 500€, quien aboga por un IRPF del 70% para blindar las pensiones y quien directamente propone el 85%.
El aviso que el propio planteamiento contiene
Aquí aparece la contradicción que ningún diseño fiscal resuelve: subir el IRPF no garantiza recaudar más. Un tipo excesivo estrecha la base, desincentiva la actividad y puede acabar desplomando la caja, de modo que el remedio agrave la enfermedad. Y el margen se agota rápido: con la subida, la caja dejaría de perder dinero unos seis meses. Antes de que la medida demuestre nada, el alivio contable ya se ha consumido.
Lo que se deja fuera del cálculo
La pregunta incómoda no es cuánto subir, sino por qué el recorte del gasto superfluo no aparece en ninguna propuesta. Estructura administrativa duplicada, entes intermedios, organismos con plenos y asesores propios: todo eso se da por intangible, como si fuera una ley física. En paralelo se discute si el IVA sería el instrumento más rentable en un escenario de inflación alta, porque grava el consumo sin esperar a la declaración anual.
Con estos mimbres, es probable que la subida se apruebe, se cobre y no resuelva el problema de fondo: la caja que hoy no cuadra seguirá sin cuadrar dentro de dos ejercicios. Probable, no seguro. La historia fiscal española también guarda ejemplos de ajustes que funcionaron justo cuando nadie lo esperaba.