NOTICIA: 1

Ilustración editorial de una brecha orgásmica entre dos siluetas sobre fondo azul marino y dorado
Publicidad

La brecha orgásmica: ellas se rinden y ellos lo devalúan​

Seis de cada diez mujeres españolas reconocen tener dificultades para llegar al orgasmo durante sus relaciones sexuales. En los hombres, la cifra cae al 22,5%. La brecha orgásmica no es una leyenda urbana ni una queja de sobremesa: es un patrón medido, replicado y, según un estudio publicado en Personality and Social Psychology Bulletin, alimentado por un mecanismo psicológico que opera en ambas direcciones. Cuando el clímax falta de forma reiterada, ellas aprenden a restarle importancia. Ellos, también.

Qué dice el estudio sobre la brecha orgásmica​

La investigación, liderada por Grace Wetzel, trabajó con escenarios hipotéticos en parejas heterosexuales y llegó a una conclusión incómoda: las mujeres no valoran menos el orgasmo que los hombres, pero cuando no lo alcanzan de forma habitual acaban ajustando sus expectativas a la baja. Ese ajuste funciona como mecanismo protector a corto plazo. A largo plazo, sostiene la brecha.

El trabajo también señala que los hombres devalúan el orgasmo de su pareja cuando este falta de manera recurrente. No es indiferencia: es adaptación. El foco deja de estar en el supuesto «problema de ella» y pasa a ser un fenómeno de pareja donde ambos recalibran lo que esperan.
Publicidad

Cuántas mujeres no llegan al orgasmo en España​

El X Barómetro Los jóvenes y el sexo, publicado por la marca Control, sitúa en el 61,3% las mujeres que reconocen dificultades para alcanzar el clímax, frente al 22,5% de los hombres. Otra investigación, The Lifelong Orgasm Gap, con datos de ocho encuestas a 24.752 personas solteras de entre 18 y 100 años, concluye que ellos afirman llegar al orgasmo en entre el 70% y el 85% de sus relaciones sexuales, mientras que ellas se quedan entre el 46% y el 58%.

La sexóloga y terapeuta de parejas Agurtzane Ormatza lo compara con que te muevan el supermercado de toda la vida: el cuerpo sigue buscando la puerta de siempre. Cambiar la rutina erótica no es un ajuste técnico, es un viaje de dos que exige conversaciones incómodas.
Así lo explica la asesora sexual Monica Branni

Por qué ellas renuncian a su propio placer​

La asesora sexual Monica Branni apunta a un patrón frecuente: las mujeres con vulva se sienten amenazadas a la hora de dar indicaciones a su pareja masculina, que vive esas sugerencias como una afrenta. Hay un esfuerzo deliberado por no vulnerar una fragilidad construida alrededor de la pornografía y de una cultura que ata la autoestima masculina a su habilidad en el sexo.

El resultado es que muchas mujeres renuncian a su propio disfrute y se centran en el de su pareja. Branni ha visto en consulta cómo un hombre joven desarrolló bajo deseo porque se sentía amenazado por el hecho de que su pareja no alcanzara el orgasmo.

La paradoja de perseguir el orgasmo como un puesto de trabajo​

Ormatza describe el cerebro como economicista y conservador: se adapta para alejarnos de la frustración. Y añade un matiz de época: vivimos en el «todo control», y el placer es precisamente lo contrario. Perseguir el orgasmo como se persigue un ascenso, con manuales, aparatos y vídeos, genera una nueva frustración en quienes sienten que algo va mal en ellas cuando no lo consiguen pese a haberlo intentado todo.

La expresión vasca que usa la sexóloga lo resume: el orgasmo me tiene que coger. Si vas a por él, no llega. Igual que perseguir el sueño impide dormir.

Qué pasa cuando el orgasmo deja de ser el objetivo​

Branni insiste en que la importancia que se le da al orgasmo es subjetiva. El fin del sexo no tiene por qué ser el clímax: también cuenta si la experiencia ha sido satisfactoria emocionalmente y compartida. En la película Buena Suerte, Leo Grande, la protagonista interpretada por Emma Thompson reconoce que jamás ha tenido un orgasmo. Solo se acostó con su marido, ya muerto, y describe ese sexo como rutinario y aburrido.

Hay mujeres que llegan a esa realidad aunque cambien de pareja. Otras veces simplemente no las estimulan bien. Y en no pocos casos, la vida —el estrés laboral, los cuidados— empuja el orgasmo a un segundo plano.

¿Cuántas de esas mujeres que han dejado de esperar lo han hecho por adaptación y cuántas por falta de un compañero dispuesto a escuchar?
📊 OPINIONES
Peso aproximado de cada postura en el debate. No es una encuesta.
Es un problema de pareja, no de ellas45%
Ellas se adaptan y dejan de esperar35%
El orgasmo no debería ser el objetivo20%
📌 DATOS
El 61,3% de las mujeres españolas reconoce tener dificultades para llegar al clímax durante sus relaciones sexuales
El 22,5% de los hombres españoles reconoce esas mismas dificultades
Los hombres afirman alcanzar el orgasmo en entre el 70% y el 85% de sus relaciones sexuales
Las mujeres alcanzan el orgasmo en entre el 46% y el 58% de sus relaciones sexuales
El estudio The Lifelong Orgasm Gap se basó en ocho encuestas a 24.752 personas solteras de entre 18 y 100 años
🔗 FUENTES
El País ↗
Artículo original sobre el estudio de la brecha orgásmica
Personality and Social Psychology Bulletin ↗
Publicación científica del estudio de Grace Wetzel
Descargo de responsabilidad: Este artículo resume un estudio científico y opiniones de expertas. No sustituye la consulta con un profesional de la salud sexual.
Resumen elaborado con IA a partir del debate de la comunidad — 34 respuestas analizadas. Última actualización: .

Solidario García

Madmaxista
Desde
7 Sep 2015
Mensajes
1.650
Fruta
1.367

Cuando las personas ven frustradas una y otra vez sus expectativas, sobre todo cuando persiguen algo inalcanzable, se adaptan. Y es más o menos lo que les ocurre a las mujeres, que de forma reiterada no alcanzan el clímax. De repente, parece que deja de ser algo tan importante, pero es más bien que han aprendido a esperar menos. ¿Para qué darle tanto valor a algo si al final no llega?

Esa es la conclusión a la que llegó un estudio publicado en el Personality and Social Psychology Bulletin, basado en escenarios hipotéticos imaginados en parejas heterosenshetero. Su autora principal, Grace Wetzel, afirmó que a las mujeres no necesariamente les importa menos llegar al clímax que a ellos, aunque cuando no lo consiguen de forma habitual pueden acabar restándole importancia. “Ese cambio en las expectativas -prosiguió- podría ser una forma en que las personas se adaptan a la ‘brecha del clímax’”. Es decir, el patrón por el cual las mujeres heterosenshetero experimentan el clímax con menos frecuencia que los hombres durante sus relaciones sensual.

La brecha orgásmica está más que documentada. En España, el X Barómetro Los jóvenes y el sesso, publicado por la marca Control, señalaba que seis de cada 10 mujeres (61,3%) reconocía tener dificultades para llegar al clímax durante sus relaciones sensual. Cifra que, en varones, se reducía al 22,5%. Otro trabajo, denominado The Lifelong Orgasm Gap: Exploring Age’s Impact on Orgasm Rates (La brecha del clímax a lo largo de la vida: explorando el impacto de la edad en las tasas de clímax), con datos basados en ocho encuestas a 24.752 personas solteras de entre 18 y 100 años, concluía que mientras que los hombres afirmaban alcanzar el clímax en entre el 70% y el 85% de sus relaciones sensual, entre las mujeres ese porcentaje se situaba entre el 46% y el 58%.

La nueva investigación plantea que restarle importancia al clímax puede funcionar como un mecanismo protector a corto plazo que, paradójicamente, termina sosteniendo la brecha a largo plazo. También desplaza el foco del supuesto “problema de ella” hacia un fenómeno de pareja: ambos pueden ajustar sus expectativas cuando algo no ocurre.

Cambiar de repente la rutina erótica viene a ser como “que te muevan el súper de toda la vida por un concesionario de coches: el cuerpo sigue buscando la puerta de siempre”, tal y como apunta la sens y terapeuta de parejas Agurtzane Ormatza. No es fácil, pero “es un viaje de dos” que requiere paciencia y conversaciones incómodas. Y aunque hay casos en los que, según la experta, el momento vital de ellas provoque que el clímax deje de ser una prioridad, en otras tantas puede generar frustración.

“Hay mujeres que les dan muchísima importancia al clímax, pero lo que genera más debate, en general, es que la atención y la dedicación hacia una pareja no es lo mismo que hacia la otra. El resultado es que una disfruta más y alcanza el clímax, y la otra no porque no se le está prestando suficiente escucha”, expone la sens y asesora sensual y de pareja Monica Branni.

Otra cuestión que ocurre con demasiada frecuencia, sobre todo entre las personas con zona íntima, es que “se sienten amenazadas a la hora de dar sugerencias o guía a la pareja masculina, que se siente vulnerado por ellas”, añade Branni. Hay un esfuerzo por parte de ellas en no vulnerar su fragilidad, “que se ha construido alrededor de la prono y de una cultura que reafirma que su autoestima depende sobre todo de cuánto de hábil es en una esfera viril como puede ser el sesso”.

Por eso las mujeres renuncian a su propio placer y se centran solo en el disfrute de su pareja heterosenshetero. También ha visto en consulta cómo, en una pareja joven, él se sentía tan amenazado por el hecho de que ella no alcanzara el clímax que acabó desarrollando bajo deseo. Y no es un caso aislado: según el trabajo de Wetzel, los hombres devalúan constantemente el clímax de su pareja cuando falta de forma reiterada.

Así que ellas -y ellos- pueden terminar por resignarse, como expone el estudio de Wetzel. Ormatza define al cerebro como “muy economicista y conservador”, que se adapta para alejarnos de la frustración. Y añade el matiz del control: vivimos en una época de “todo control”, y el placer, o el clímax es precisamente “no control”, lo cual genera resistencia adicional en el momento actual.

Agurtzane Ormatza va más allá y explica que ahora el clímax se persigue “como un puesto de trabajo”, acompañado de todo un merchandising —manuales, aparatos, vídeos— para lograrlo. Esa presión puede generar una nueva frustración: hay mujeres que sienten que algo está mal en ellas cuando no lo consiguen pese a “haberlo intentado todo”.

Sostiene que la situación puede ser el reverso de la represión sensual que durante años sufrieron las mujeres en España. Ormatza utiliza la expresión vasca de que “el sueño te coge” para explicar que perseguir directamente el clímax puede alejarlo, igual que perseguir el sueño impide dormir: “El clímax me tiene que coger. Si yo voy a por el clímax, no lo voy a poder conseguir”. También hay mujeres que ni siquiera se centran en ‘perseguir’ ese clímax porque la vida −ya sea por una situación de estrés laboral, por cuidados, etc.− hace que lo pongan en un segundo plano.

“La importancia que se le dé al clímax es totalmente subjetiva”, añade Branni. El fin del sesso no tiene por qué ser lograrlo: el foco debería estar también en si la experiencia ha sido satisfactoria emocionalmente y compartida, no solo en si hubo clímax.

En la película Buena Suerte, Leo Grande, la protagonista Nancy Stokes (Emma Thompson) le reconoce al trabajador sensual Leo Grande (Daryl McCormack) que jamás ha tenido un clímax. Tan solo se ha acostado con un hombre, su marido ya perecid. Le describe el sesso que tuvo con él como rutinario y aburrido.

Algunas mujeres, apunta Branni, se encuentran con esta realidad aunque cambien de pareja sensual de forma asidua. Pero hay todo tipo de casuísticas. A veces no las estimulan bien, otras no se permiten fantasear como lo hacen cuando no están con nadie, o tienen una pareja que se centra demasiado en [la relación]. En esos casos, ella recomienda analizar qué patrones y conductas se dan tanto en una misma como en relación con otra persona. Porque muchas de las que no lo consiguen en pareja, sí lo logran solas.

Nancy Stokes también le dice a Leo Grande que se prometió a sí misma no volver a fingir un clímax desde que murió su marido. Una encuesta realizada por la marca de cosmética Birchbox, una compañía de belleza, mostró que el 68% de las 10.900 españolas participantes confesaba haber fingido un clímax en alguna ocasión.

En todos estos casos, la conversación es clave, aunque no sencilla. “Se debe construir un entorno en el que fluya la información, donde se pueda comunicar sin que ninguna de las dos partes se sienta herida, y esto también es un trabajo individual”, declara Branni. La pregunta, plantea, es para quién es importante el clímax y por qué, pero también qué necesita cada persona de su pareja sensual para alcanzarlo.

Ormatza insiste en que, antes de “hacer algo” cuando no se logra, hay que “contarlo, compartirlo, sin culpa”: escuchar qué pasa en el cuerpo antes de buscar soluciones técnicas.
 

Cuando las personas ven frustradas una y otra vez sus expectativas, sobre todo cuando persiguen algo inalcanzable, se adaptan. Y es más o menos lo que les ocurre a las mujeres, que de forma reiterada no alcanzan el clímax. De repente, parece que deja de ser algo tan importante, pero es más bien que han aprendido a esperar menos. ¿Para qué darle tanto valor a algo si al final no llega?

Esa es la conclusión a la que llegó un estudio publicado en el Personality and Social Psychology Bulletin, basado en escenarios hipotéticos imaginados en parejas heterosenshetero. Su autora principal, Grace Wetzel, afirmó que a las mujeres no necesariamente les importa menos llegar al clímax que a ellos, aunque cuando no lo consiguen de forma habitual pueden acabar restándole importancia. “Ese cambio en las expectativas -prosiguió- podría ser una forma en que las personas se adaptan a la ‘brecha del clímax’”. Es decir, el patrón por el cual las mujeres heterosenshetero experimentan el clímax con menos frecuencia que los hombres durante sus relaciones sensual.

La brecha orgásmica está más que documentada. En España, el X Barómetro Los jóvenes y el sesso, publicado por la marca Control, señalaba que seis de cada 10 mujeres (61,3%) reconocía tener dificultades para llegar al clímax durante sus relaciones sensual. Cifra que, en varones, se reducía al 22,5%. Otro trabajo, denominado The Lifelong Orgasm Gap: Exploring Age’s Impact on Orgasm Rates (La brecha del clímax a lo largo de la vida: explorando el impacto de la edad en las tasas de clímax), con datos basados en ocho encuestas a 24.752 personas solteras de entre 18 y 100 años, concluía que mientras que los hombres afirmaban alcanzar el clímax en entre el 70% y el 85% de sus relaciones sensual, entre las mujeres ese porcentaje se situaba entre el 46% y el 58%.

La nueva investigación plantea que restarle importancia al clímax puede funcionar como un mecanismo protector a corto plazo que, paradójicamente, termina sosteniendo la brecha a largo plazo. También desplaza el foco del supuesto “problema de ella” hacia un fenómeno de pareja: ambos pueden ajustar sus expectativas cuando algo no ocurre.

Cambiar de repente la rutina erótica viene a ser como “que te muevan el súper de toda la vida por un concesionario de coches: el cuerpo sigue buscando la puerta de siempre”, tal y como apunta la sens y terapeuta de parejas Agurtzane Ormatza. No es fácil, pero “es un viaje de dos” que requiere paciencia y conversaciones incómodas. Y aunque hay casos en los que, según la experta, el momento vital de ellas provoque que el clímax deje de ser una prioridad, en otras tantas puede generar frustración.

“Hay mujeres que les dan muchísima importancia al clímax, pero lo que genera más debate, en general, es que la atención y la dedicación hacia una pareja no es lo mismo que hacia la otra. El resultado es que una disfruta más y alcanza el clímax, y la otra no porque no se le está prestando suficiente escucha”, expone la sens y asesora sensual y de pareja Monica Branni.

Otra cuestión que ocurre con demasiada frecuencia, sobre todo entre las personas con zona íntima, es que “se sienten amenazadas a la hora de dar sugerencias o guía a la pareja masculina, que se siente vulnerado por ellas”, añade Branni. Hay un esfuerzo por parte de ellas en no vulnerar su fragilidad, “que se ha construido alrededor de la prono y de una cultura que reafirma que su autoestima depende sobre todo de cuánto de hábil es en una esfera viril como puede ser el sesso”.

Por eso las mujeres renuncian a su propio placer y se centran solo en el disfrute de su pareja heterosenshetero. También ha visto en consulta cómo, en una pareja joven, él se sentía tan amenazado por el hecho de que ella no alcanzara el clímax que acabó desarrollando bajo deseo. Y no es un caso aislado: según el trabajo de Wetzel, los hombres devalúan constantemente el clímax de su pareja cuando falta de forma reiterada.

Así que ellas -y ellos- pueden terminar por resignarse, como expone el estudio de Wetzel. Ormatza define al cerebro como “muy economicista y conservador”, que se adapta para alejarnos de la frustración. Y añade el matiz del control: vivimos en una época de “todo control”, y el placer, o el clímax es precisamente “no control”, lo cual genera resistencia adicional en el momento actual.

Agurtzane Ormatza va más allá y explica que ahora el clímax se persigue “como un puesto de trabajo”, acompañado de todo un merchandising —manuales, aparatos, vídeos— para lograrlo. Esa presión puede generar una nueva frustración: hay mujeres que sienten que algo está mal en ellas cuando no lo consiguen pese a “haberlo intentado todo”.

Sostiene que la situación puede ser el reverso de la represión sensual que durante años sufrieron las mujeres en España. Ormatza utiliza la expresión vasca de que “el sueño te coge” para explicar que perseguir directamente el clímax puede alejarlo, igual que perseguir el sueño impide dormir: “El clímax me tiene que coger. Si yo voy a por el clímax, no lo voy a poder conseguir”. También hay mujeres que ni siquiera se centran en ‘perseguir’ ese clímax porque la vida −ya sea por una situación de estrés laboral, por cuidados, etc.− hace que lo pongan en un segundo plano.

“La importancia que se le dé al clímax es totalmente subjetiva”, añade Branni. El fin del sesso no tiene por qué ser lograrlo: el foco debería estar también en si la experiencia ha sido satisfactoria emocionalmente y compartida, no solo en si hubo clímax.

En la película Buena Suerte, Leo Grande, la protagonista Nancy Stokes (Emma Thompson) le reconoce al trabajador sensual Leo Grande (Daryl McCormack) que jamás ha tenido un clímax. Tan solo se ha acostado con un hombre, su marido ya perecid. Le describe el sesso que tuvo con él como rutinario y aburrido.

Algunas mujeres, apunta Branni, se encuentran con esta realidad aunque cambien de pareja sensual de forma asidua. Pero hay todo tipo de casuísticas. A veces no las estimulan bien, otras no se permiten fantasear como lo hacen cuando no están con nadie, o tienen una pareja que se centra demasiado en [la relación]. En esos casos, ella recomienda analizar qué patrones y conductas se dan tanto en una misma como en relación con otra persona. Porque muchas de las que no lo consiguen en pareja, sí lo logran solas.

Nancy Stokes también le dice a Leo Grande que se prometió a sí misma no volver a fingir un clímax desde que murió su marido. Una encuesta realizada por la marca de cosmética Birchbox, una compañía de belleza, mostró que el 68% de las 10.900 españolas participantes confesaba haber fingido un clímax en alguna ocasión.

En todos estos casos, la conversación es clave, aunque no sencilla. “Se debe construir un entorno en el que fluya la información, donde se pueda comunicar sin que ninguna de las dos partes se sienta herida, y esto también es un trabajo individual”, declara Branni. La pregunta, plantea, es para quién es importante el clímax y por qué, pero también qué necesita cada persona de su pareja sensual para alcanzarlo.

Ormatza insiste en que, antes de “hacer algo” cuando no se logra, hay que “contarlo, compartirlo, sin culpa”: escuchar qué pasa en el cuerpo antes de buscar soluciones técnicas.
Los problemas de las mujeres no son mis problemas
 
No me parece justo generalizar sobre la preocupación de un género hacia el otro. Cada persona es distinta.
 
El señor pingüino lo arregla al instante, o la Daison si es necesario…
 

Estadísticas del foro

Temas
2.061.644
Mensajes
58.509.909
Miembros
191.116
Último miembro
bombetamallo

El blog de burbuja.info

-
Volver