Ceuta y la manifestación del 2 de septiembre: apoyo, excusas y reproches
A las 20:00 del miércoles 2 de septiembre, el Ayuntamiento de Galapagar convocaba una concentración de apoyo a Ceuta. A esa misma hora, en decenas de plazas de toda España, se repetía un guion similar: banderas, gritos contra el presidente y una asistencia que oscilaba entre los cuatro abuelos de Oviedo y las multitudes que llenaron Cibeles. La convocatoria, que coincidía con el Día de Ceuta, pretendía mostrar solidaridad con la ciudad autónoma tras la presión migratoria que vive desde finales de julio. Pero el debate que generó no fue tanto sobre la frontera como sobre la coherencia de los propios españoles.
El contexto: 33 días entre la “invasión” y la respuesta
El 30 de julio de 2026, según las crónicas que circulaban en los días previos, se produjo un episodio que muchos calificaron de “invasión” de Ceuta. La respuesta ciudadana no llegó hasta el 2 de septiembre, exactamente 33 días después. Ese intervalo fue suficiente para que la convocatoria se tiñera de reproches: ¿por qué esperar tanto? ¿Por qué movilizarse un miércoles, justo después de las vacaciones, y no antes? Algunos apuntaron a que la fecha no era casual: el 2 de septiembre conmemora la toma de Ceuta por los portugueses en 1415, un aniversario que algunos grupos aprovecharon para darle un barniz histórico a la protesta.
El argumento del voto: ¿merecen los ceutíes el apoyo?
La fractura más profunda no fue entre quienes apoyaban y quienes no, sino entre quienes consideraban que los ceutíes merecían solidaridad y quienes sostenían que habían votado a los partidos que permiten la situación actual. Un análisis que circuló con fuerza señalaba que en las elecciones de 2023, el 45% de los ceutíes votó a formaciones que “están de acuerdo con la invasión”, y que uno de cada cinco votos fue al PSOE. La conclusión para algunos era clara: si los ceutíes eligieron a quienes ahora les fallan, que asuman las consecuencias. Otros, en cambio, defendían que el voto no justifica abandonar a una población que sufre la presión migratoria, y recordaban que Ceuta es el único lugar donde Vox ha ganado unas elecciones, lo que complica el relato de una ciudad entregada a la izquierda.
Las excusas: del gimnasio a la regata
La convocatoria, lanzada con el lema “id dejando vuestras excusas para no ir”, se convirtió en un catálogo de razones para quedarse en casa. Desde el clásico “es mi día de entrenamiento de piernas” hasta el más sofisticado “estoy de regata en Marbella con 1.500 voluntarios y no puedo abandonarles”. Hubo quien confesó que su excusa era que “ya me da igual lo que pase con España”, y quien prefirió el pragmatismo: “salgo a las 8 de trabajar y entre que me ducho y voy, ya ha terminado”. La ironía no se hizo esperar: algunos señalaron que si hubiera lucha armada, tampoco acudirían.
Asistencia real: contrastes y pancartas inesperadas
Los testimonios sobre la asistencia son contradictorios, como suele ocurrir. En Cibeles, según un asistente, “había bastante gente, bastante petado, más de lo que esperaba”, y no faltaron gritos contra el presidente. En Oviedo, en cambio, la crónica local hablaba de “cuatro abuelos y algunas mujeres con la bandera” durante cinco minutos. En Málaga, la Policía anunció que la concentración podría ser la más multitudinaria del país. La curiosidad llegó desde el País Vasco: una pancarta con el lema “Euskal Herria Ceutarekin” (con Ceuta) apareció en la protesta, un gesto que nadie esperaba y que algunos celebraron como un gesto de sorpresa.
La instrumentalización política y el “teatrillo”
La política no tardó en colarse. Vox y el PP se disputaron el protagonismo, mientras desde otros sectores se acusaba a ambos de usar el tema con fines partidistas. Un tuitero señalaba que apoyaba a las manifestaciones convocadas por los ceutíes, no a las promovidas por PP y Vox. En el extremo opuesto, un coronel retirado afirmaba que “el Rey, el Gobierno y el Ejército traicionan a España”, en referencia a la supuesta pasividad ante Marruecos. Y no faltó quien lo resumió con desdén: “no participo de teatrillos que nos venden como reales”.
El dato que descoloca: el 2 de septiembre no era una fecha elegida al azar. Se conmemoraba el Día de Ceuta, el aniversario de la conquista portuguesa de 1415, cuando Pedro de Meneses fue nombrado primer gobernador. La ciudad que lleva más de seis siglos bajo soberanía europea se convirtió, una vez más, en el espejo de las contradicciones de una España que no sabe si apoyar a sus ciudadanos o reprocharles su voto.