2025: el declive de Occidente, entre el dato y el relato
El año arranca con una pregunta que ya no se hace solo en los círculos apocalípticos: ¿está Occidente en declive? La discusión se dispara a partir de un mapa del siglo XVI —atribuido al cartógrafo Sebastian Munster en 1544— que representa Europa como una reina coronada, con España como cabeza y Alemania como corazón, y en el que los países anglosajones ni aparecen. La imagen, difundida en redes, sirve de detonante para un cruce de argumentos que mezcla historia, geopolítica y economía.
El mapa que reabre la guerra de los relatos
La primera batalla es simbólica. Hay quien sostiene que ese mapa demuestra que la idea de Europa nació con España y Alemania como ejes, y que los anglosajones siempre jugaron con intereses contrarios al continente. Otros responden que se trata de una pieza renacentista, producto del humanismo, no de un proyecto político. La discusión deriva hacia el linaje de la realeza británica: se recuerda que la Casa de Hannover, de origen alemán, llegó al trono inglés con Jorge I en 1714, y que el rey Jorge V cambió el apellido Sajonia-Coburgo-Gotha por Windsor en 1917 para distanciarse de su herencia germana durante la Primera Guerra Mundial. El intercambio se vuelve áspero, con acusaciones cruzadas de ignorancia histórica.
El catastrofismo como trampa intelectual
Uno de los consejos más repetidos para el nuevo año es no dejarse arrastrar por el catastrofismo ni por el «madmaxismo». El argumento: los algoritmos de las redes refuerzan las intuiciones y los miedos previos, y esa espiral lleva a la inmovilidad y a la depresión. Se defiende que quejarse de que todo va mal no conduce a nada y consume energía. Frente a esa postura, otra corriente describe una guerra psicológica deliberada de ciertas élites para desmoralizar a la población, con el nihilismo como herramienta de sumisión. El desacuerdo no se resuelve: unos ven victimismo estéril donde otros ven propaganda coordinada.
La sombra del sionismo y los mitos que se caen
La conversación deriva hacia las teorías sobre el origen de los judíos askenazíes. Se menciona un vídeo en el que se afirma que la teoría jázara —que sitúa el origen de los askenazíes en el imperio jázaro y no en la sangre hebrea— es una mentira de antisemitas para desvincular a los judíos de su verdadero linaje. La discusión se enreda con la acusación de que un divulgador concreto defiende el sionismo, algo que otro participante niega con vehemencia tras haber seguido sus directos. El intercambio muestra hasta qué punto el declive de Occidente se entrelaza con debates identitarios y geopolíticos que rara vez se cierran.
El eje anglosajón y la herencia alemana de la corona británica
La disputa sobre la realeza británica revela una obsesión recurrente: la de que los anglosajones han tenido siempre intereses separados de Europa. Se cita a De Gaulle como ejemplo de quien los tenía «muy calados» y abogaba por echarlos del continente. El intercambio se encona cuando se acusa al interlocutor de no conocer la historia y de copiar respuestas de un modelo de lenguaje. La discusión no llega a puerto: unos defienden que no existen bandos enfrentados reales, sino uno solo que simula ser varios; otros se aferran a las genealogías para demostrar lo contrario.
El año empieza con la misma pregunta con la que terminó el anterior. El declive se mide en datos, pero se discute en relatos. Y en esa pelea, el mapa de 1544 sigue ganando batallas que no le corresponden.