210 escaños: el umbral que la derecha no alcanza
La noche del 29-N no se decidirá solo quién gobierna cuatro años. El verdadero pulso es si alguna mayoría alcanza los
210 diputados, la cifra que abre la puerta a reformas constitucionales de calado. El planteamiento inicial lo deja claro: 176 permite investir; 210 permite reformar. Y ahí, en ese umbral, la derecha se estrella antes de empezar.
El cálculo que no cuadra: PP, Vox, PNV y Junts
El primer escollo es aritmético. Para llegar a 210 hace falta sumar a PP y Vox los escaños de
PNV y Junts. Sobre el papel, la suma es posible. En la práctica, el muro es insalvable. Los nacionalistas vascos y catalanes no van a pactar con la derecha española, y menos para una reforma del modelo territorial que les reste poder. Como resume un análisis recurrente: «PNV y Junts se cortan las venas antes que pactar con BOCS». La frase, exagerada o no, marca el terreno.
Hay quien sostiene que ni siquiera con esos socios se movería nada. El argumento es que el PP, si supera los 140 escaños, pasará de Vox y optará por la inacción: «la misma mierda es». La desconfianza en Feijóo es transversal: se le describe como un político sin intención de arreglar nada, un gestor del statu quo. Y sin tocar el sistema electoral ni el reparto competencial, los 210 escaños serían un brindis al sol.
¿Qué competencias deberían volver al Estado?
El menú de la reforma competencial es amplio: educación, sanidad, infraestructuras, agua, aspectos fiscales y servicios esenciales. La tesis de fondo es reducir duplicidades, evitar 17 regulaciones distintas cuando no aportan valor y garantizar servicios comparables en cualquier punto de España. No se trata de eliminar las autonomías, sino de clarificar qué es estatal, qué autonómico y qué municipal.
El consenso sobre la necesidad choca con la realidad política. Ninguno de los partidos con opciones de gobernar parece dispuesto a abrir ese melón. Un comentario lo resume con sorna: «El verdadero reto de la derecha es PONERSE A TRABAJAR». La ironía apunta a que, incluso con mayoría, la clase política prefiere gestionar el corto plazo antes que asumir costes de reforma.
El sistema electoral y la circunscripción única
La reforma electoral es el otro pilar. Se plantea revisar circunscripciones, representación territorial y el papel de Congreso y Senado. Una propuesta recurrente es la
circunscripción única para el Congreso, que acercaría el peso del voto a la proporcionalidad real. Otra es replantear el Senado como cámara de representación territorial efectiva.
El problema es que tocar el sistema electoral exige mayorías que quienes se benefician del actual no van a regalar. Los partidos nacionalistas pierden peso relativo con la circunscripción única; los grandes partidos, también. Nadie mueve el tablero donde gana.
El escenario real: 176, 183 o nada
Las predicciones más optimistas para la derecha hablan de
183 escaños y «darse con un canto en los dientes». Otras elevan el listón a 180-190 para el PSOE. La mayoría absoluta de Vox se descarta con burla. Y sobrevuela la sospecha de pucherazo si no se alcanzan los 210, un clásico del manual conspiranoico.
El resultado, a la fecha de esta discusión, es una derecha que no suma para reformar y una izquierda que no quiere reformar. España sigue esperando.
¿Alguien cree de verdad que esta legislatura servirá para algo más que para gestionar el día a día?