Medaigualtodo
HERESIARCA
Voy a contar esta peripecia bien chida a petición de mi compadrito @Steven Seagull, pero antes de nada voy a dar dos avisos: primero, no hay parrafitos, así que si tienes algún problema con eso no sigas leyendo; segundo, el que chille "ignore" puede darse por ignorado él también. Mérdico Detritus Feral, febrero del año en curso. Había llegado el lunes a la noche y para el miércoles ya tenía todos los asuntitos atendiditos, aunque no me iba hasta el viernes también por la noche. Jueves por la mañana, llama mi mami desesperadita porque llevaba tres días sin saber "SI MI DESCENDIENTEOOOO SIGUE VIVO O ESTÁ MUERRRRRTO PORQUE NO ME COGE LAS LLAMAAAAADAS". La informo de que todo oquei y pregunta si le compré el incienso. "Claro que sí, por supuesto, faltaría más, estate tranquilita, ya lo metí en la maletita y todo para que no se me olvide". Mentira sucia y cochina. Hay que ir a sonora. En carrito da cigot porque no hay en dónde parquear y además está la bronca de que pueden robárselo o aparecer en el suelo sin rines. Paso de pedir un taxi. En metro mejor, y así de paso disfrutamos de la experiencia del colorido y festivo hispanismo católico. Dos rutas posibles. O hasta fray servando y después pillamos la 4 del metrobús o hasta la meche y sobre una docena y media de cuadras de paseo hasta llegar a sonora. Pallá opción meche, pa gosar más de la hispanidad católica, y pacá ya lo decidiremos. Las diez pasadas cuando subo, la densidad de apokalyptos era alta aunque sin llegar al abarrotamiento de primera hora. Desafortunadamente, las puertas contrarias estaban ocupadas, así que decido que lo más seguro es agarrarme a la barra superior y darle la espalda a unas biegas sentadas en los asientos transversales. Fueron subiendo más hermonos de los que se apeaban y la densidad aumentó. Entonces, pasada chilpansingo, noto que alguien me estaba tocando el c***, suavemente, con delicadeza, de una manera muy sutil. Pensé "o he ligado con este hermono que se ha pegado a mí, o está intentando robarme". Al poco sentí como me metía los deditos en bolsillo trastero izquierdo (llevaba puestos unos llines) y entonces me dije "ya que vamos a clases de lludito, será pa usarlo, digo yo". Entonces con mi brazo izquierdo le hice una llave de hombro al cuello y metí caderazo para ponerlo de rodillas. Entonces pude verlo de frente, era un hispanista católico rellenito, chaparro, prieto, de mediana edad, con una playera blanca y una mochila a la espalda. Le grité "¿estabas intentando robarme?", pero el apokalypto no paraba de berrear "suéltame, suéltame". Me percaté de que no tenía controlada su patita libre, y entonces vi que no la estaba usando para intentar zafarse de mi agarre, sino que se afanaba en coger algo en su costado derecho, y yo supuse que sería un fierro o una navaja. Para cuando sacó lo que finalmente resultó ser una navajota bien grandototota, yo ya le había puesto la boquita de la señorita italiana en todo el hociquito. Le ordené "suéltala porque no la cuentas", y la soltó al momento. Lógicamente todos los hermonos que nos rodeaban, aparte de berrear como hominido en celo, se habían apretujado todo lo posible para apartarse de nosotros, con lo cuál habían dejado algo de espacio libre a nuestro alrededor. En esas sentí como el tren empezaba a frenar, así que en cuanto abrieron las puertas le dije "sácate", lo empujé contra el suelo, le metí una patada en el c*** como si fuese un saque de portería, y salió despavorido llevándose por delante a uno de los hermonos que esperaban para subir. Hubo varios que palmatearon, otros varios gruñeron no sé qué de "gachupín abusivo", y también un biego con pinta de provinsias, que se acercó para darme la patita y recomendarme que "pa otra métale un plomaso en la mano pa que se le quite lo ratero".