400.000 bajas rusas: la cifra que nadie confirma y todos esgrimen
Nadie ha contado 400.000 cadáveres rusos. El número nace de un mensaje breve en redes sociales, se repite sin fuente y acaba funcionando como un parte oficial. El problema no es que sea falso: es que convive con un recuento metódico que arroja una cifra varias veces menor, y casi nadie se molesta en ponerlas frente a frente. El mensaje que abrió esta conversación lo acompañaba de un deseo violento hacia el presidente ruso, que este texto no reproduce.
¿Cuántas bajas rusas hay confirmadas en Ucrania?
El dato que sí se puede auditar es el de obituarios publicados en prensa local rusa y contabilizados por Mediazona, un medio independiente que trabaja con esquelas y avisos de defunción. Su cifra, a febrero de 2024, era de
43.460 rusos muertos. Aplicando el mismo criterio a las bajas ucranianas, el resultado se dispara hasta 422.000.
Ese contraste es el eje de todo el desacuerdo. Para unos, 43.000 muertos sobre un ejército de cientos de miles de desplegados es incompatible con el
relato de la sangría. Para otros, los obituarios solo capturan la fracción que llega a publicarse en provincias con prensa viva, y el subregistro es enorme. En medio queda lo obvio: ninguna de las dos partes tiene acceso a las morgues del ejército ruso. Ni a las propias ni a las ajenas.
La aritmética del desgaste: 1.000 bajas diarias y 800 días
Con una media de 1.000 bajas diarias y entre 500.000 y 600.000 efectivos desplegados, el cálculo que circula es simple: unos 600 días de guerra a este ritmo, y hasta 800 si se añade una reposición parcial de 200 hombres por jornada. De ahí sale la horquilla de dos a tres años antes de una hipotética rendición rusa.
El ejercicio tiene un mérito y una trampa. El mérito es que convierte un titular abstracto en una fecha sobre el calendario. La trampa es que asume una linealidad que ninguna guerra respeta: las tasas dependen de si Moscú sostiene el reclutamiento, de si Occidente mantiene los paquetes de ayuda y de si el frente sigue siendo de posición o vuelve a moverse.
También está el precedente que se usa en ambos sentidos. En Afganistán murieron
unos 15.000 rusos en diez años y aquello se leyó como una
hecatombe. La comparación con una cifra decenas de veces mayor es inevitable, aunque las dos guerras se parezcan poco: enfrente hay un Estado con artillería, drones y ejército regular, no una insurgencia.
6.400 tanques perdidos y diez T-90 al mes
En material blindado el desgaste es más fácil de fotografiar que el humano. Las estimaciones que circulan hablan de
6.400 carros perdidos, cerca de 1.000 al año, con un déficit estimado de 800 unidades anuales frente a lo que entra en combate. Las existencias heredadas de la URSS son enormes, pero las imágenes por satélite de los almacenes también muestran cuánto de esa herencia lleva décadas a la intemperie.
La producción se estima en una decena de T-90 al mes. Es un ritmo notable para una economía sancionada y sigue siendo insuficiente: reponer a ese paso lo perdido llevaría años, y mientras tanto el frente consume más de lo que las fábricas entregan.
Avdiivka y el 20% del territorio: el frente que apenas se mueve
Sobre el terreno, lo tangible es que Rusia controla en torno a un
20% del territorio ucraniano y el 75% de la costa, y que Ucrania no dispone de capacidad ofensiva para recuperarlo a corto plazo, según quienes siguen el frente a diario. La toma de Avdiivka, un núcleo de apenas 30.000 habitantes, se prolongó durante meses sobre escombros y se presentó como el gran avance de la temporada.
El reparto de costes humanos en esa clase de asedios es el punto más discutido. Se sostiene que el atacante sufre entre cuatro y diez bajas por cada una del defensor en combate urbano, y a la vez que el defensor, sometido a bombardeo continuo, acaba perdiendo más hombres. Dos lecturas incompatibles sobre el mismo barro. Y un dato que descoloca a los dos bandos: Járkov se ve desde la frontera rusa y sigue sin caer.
¿Cuánto está costando la guerra a la demografía rusa?
La respuesta la dan las estadísticas propias. Rusia pasó de
dos millones de nacimientos anuales hace una década a 1,2 millones en 2023, una caída cercana a la mitad que deja el indicador por debajo del español. El presidente ruso ha llegado a pedir a las mujeres de su país un mínimo de cinco o seis hijos.
Traducido a largo plazo, eso significa menos reemplazo de población en edad de trabajar justo cuando la economía necesita mano de obra y el ejército, soldados. La otra cara del argumento es que ninguna sociedad occidental está mucho mejor en natalidad y que Rusia puede compensar con trabajadores migrantes, como ya hacen otras. La
demografía, en cualquier caso, no se arregla con un decreto.
Con este panorama, lo razonable es esperar un conflicto largo y una posguerra peor que la guerra para quien la gane. Rusia conservará con toda probabilidad el territorio ocupado y perderá el estatus de potencia que creía tener. Ucrania conservará la soberanía sobre un país en ruinas y sin entrada en la OTAN a corto plazo. Y la predicción en la que coinciden hasta quienes discuten cada cifra es que el país que saldrá más fortalecido de todo esto no está en el frente.