Siete policías por cuarto, sin aire acondicionado y sin comida en Ceuta
Hay una paradoja que resume la gestión de la crisis migratoria en Ceuta: los agentes enviados como refuerzo duermen hacinados mientras el Gobierno presume de controlar la frontera. La Confederación Española de Policía (CEP) ha hecho pública la denuncia: habitaciones con siete agentes, sin climatización en pleno verano y con problemas para cubrir la manutención.
Los hechos se remontan al 30 y 31 de julio, cuando cientos de personas entraron en la ciudad desde Marruecos. El Ejecutivo respondió desplazando unidades de la Policía Nacional, entre ellas la UIP. Los efectivos, destinados a devolver la normalidad a las calles, se encontraron con alojamientos que no estaban a la altura de la operación.
Las condiciones que denuncia la CEP
La CEP ha sido el altavoz del malestar: habitaciones pensadas para dos o tres personas ocupadas por siete agentes, ausencia de aire acondicionado y falencias en la comida. No es un problema menor: las condiciones físicas de un agente determinan su capacidad de respuesta en un dispositivo que se presumía crítico. El malestar, además, no es nuevo. En 2017, policías y guardias civiles ya denunciaron el caos del transatlántico Moby Dada, usado como alojamiento de emergencia en la ciudad.
La factura de la improvisación
El debate de fondo es presupuestario. Cada crisis migratoria pilla al Gobierno con los deberes a medio hacer: no hay infraestructura para alojar a los refuerzos en condiciones dignas, y la solución de urgencia acaba costando más cara en imagen y en efectividad. Hay quien sostiene que la falta de previsión en política migratoria se traslada directamente a los cuerpos policiales, que pagan los platos rotos de una gestión sin recursos. Frente a esa lectura, otra corriente niega la empatía: los agentes, dicen, cumplen órdenes de un Ejecutivo al que consideran parte del problema, y no merecen compasión por ello. La discusión mezcla la crítica legítima a la administración con el ajuste de cuentas ideológico.
Con decenas de agentes en la ciudad y la presión migratoria sin resolver, la pregunta que flota es sencilla: si esto es lo que el Gobierno ofrece a quienes defienden la frontera, ¿qué esperar para el resto de servicios públicos? Ninguna respuesta oficial ha llegado aún. Solo el bochorno de un verano más en Ceuta.