Cataluña triplica a Madrid en desahucios y el foro vuelve al caso
El hilo deja a un lado el Nuevo Testamento y vuelve a la vivienda. Entre el 24 y el 27 de septiembre, cuarenta mensajes meten en la conversación un enlace con cifras de desahucios por comunidades, un desglose del expediente de subrogación de la inquilina desalojada y un pase de facturas al artículo 128 de la Constitución. La usura sigue sonando al fondo. Ahora con números.
Qué se ha sabido
El aporte con más recorrido es un enlace fechado el 25 de septiembre. Un participante pega
Cataluña triplica a la Comunidad de Madrid en desahucios por alquiler y encabeza las estadísticas de lanzamientos y lo resume en una línea: en Cataluña se ejecutan el triple de desahucios que en Madrid y suponen casi el 30% del total de España. El resumen es suyo. El enlace es lo que se pega.
El otro bloque de datos sale del caso de la inquilina. Un forero desglosa la cadena: el titular original era el padre, la madre quedó subrogada y ella estaba en segunda subrogación. Y añade la cifra que ordena todo el debate: en segunda subrogación solo se puede estar
dos años. Ella llevaba
veinte. Dieciocho de más. El mismo mensaje apunta que la señora trabajó
49 años como administrativa.
Cae además un vídeo, sin apenas comentario:
Y vuelve la lectura del artículo 128 que ya se repite en el hilo: la Constitución prohíbe la especulación y la ley la alienta.
La subrogación, contada paso a paso
Un participante reconstruye el expediente y lo deja en su versión más incómoda:
«Esa señora llevaba viviendo 71 años en una vivienda de renta antigua cuyo titular era el padre y la subrogada la madre, pagando una renta muy por debajo del mercado.» A partir de ahí, cada año adicional sería un «anda, no pasa nada; pues a seguir», según el mismo mensaje. Otro forero asegura que a la inquilina le ofrecieron una residencia y que no quiso ir. Ni la oferta ni la negativa vienen con documento: son afirmaciones de foro.
Dónde está la bronca
Primer choque: el marco legal. Un participante sostiene que la norma se queda corta y culpa al legislador:
«La Constitución Española prohibe la especulación. La legislación española la alienta, Ley Boyer de vivienda, y unas cuantas mas, como las de electricidad.» Sobre esa idea se monta el reproche de que saltarse la norma no le cuesta el puesto a nadie. Otro le pone guasa al artículo 128: «Estos son mis principios, pero si no le gustan tengo otros.» Y un tercero tira de padrenuestro —«Y perdona nuestras deudas, a si como nosotros perdonamos a nuestros deudores.......»— para devolver el asunto al terreno de la usura.
Segundo choque: si el caso es un drama o una campaña. Un forero lo tiene claro: «Llevaba 70 años en una casa que no era suya y pagando una miseria de alquiler. Le ofrecieron una residencia y no quiso ir. Cero pena.» En su versión, la izquierda usa a la señora para hacer campaña y el foco desaparecería con otro perfil. Otro corta por distinto lado: «ningun supuesto izquierda hace ni hara algo por ella.» Y un tercero resume que el asunto es «teatro (de todos)».
Tercer choque, y este se sale de la vivienda: una parte del hilo deriva hacia tesis conspirativas sobre un grupo religioso, con el cliché de siempre y sin una sola prueba. Otro mensaje pide directamente resolver el problema por la vía violenta. Nadie lo respalda. El resto lo esquiva.
Qué cambia respecto a antes
El cierre tajante con el que alguien dio el asunto por terminado no duró nada. La discusión sobre Cristo y los mercaderes se apaga en los primeros mensajes de este tramo y el eje se mueve a los números: cuántos desahucios por comunidad, cuántos años de subrogación, qué dice el artículo 128. Entra además un debate que antes no estaba: el modelo económico. «Se necesita una economía más intensiva en capital y tecnología que en fuerza de trabajo, y eso no se cambia de un día para otro», escribe un forero, que vaticina que el modelo actual va a terminar por petar y a crear un problema social grave. Sin plazo.
Lo demás sigue igual. Los mismos dos relatos de siempre: uno mirando al contrato, otro mirando a la ventana. Y el mismo reproche de fondo, que la ley se salta a la torera sin coste para quien la salta.