La paz duradera es lo que tiene, que gusta como las buenas cosas que uno no piensa perder nunca, e incluso cuando se empiezan a perder se da una resistencia por incredulidad o por la comodidad que supone tacharlo todo como un mal augurio, con sus agoreros, magos y sus bolas de cristal.
Verlo venir y tomar precauciones no está en el ADN de los pueblos. Nunca. Ese papel le corresponde a quien tiene la visiblidad y confianza suficiente como para hacerse oír y ni eso. La inercia de los buenos tiempos es alargada porque la tendencia natural del hombre es vivir en paz, no estar eternamente procupado por los cambios en contra.
El único modo en que esa inercia desaparezca será la guerra, que es ese "lugar" sin otra salida o escape que verle la cara.
Lo que das a entender prácticamente como una condena para mí es el inicio de todo porque ya no habrá escape ni justificación posible. El choque contra la realidad será tan brutal que lo que pensaba la mayoría aguantaría siquiera unos meses o unas horas, de repente ha desaparecido, y eso lo cambia todo. Todo el serrín de pacifismo acomplejado; todas las composturas que pretendían evitar lo inevitable, se las ha llevado el viento de un sopapo, y entonces habrá una enorme reacción prácticamente incontrolable porque en casa no te espera una cervecita fría ni una distracción tranquila hasta que llegue el sueño reparador...
Si cambia la realidad y no existe subterfugio posible para enmascararla, cambia el estado de ánimo y cambia la percepción de futuro porque de hecho deja de importar ante el apremio del presente.
Veremos qué dice tu capacidad de percepción sobre el factor humano si tal cosa ha sido programada más allá de los escenarios en los que tu existencia seguiría teniendo sentido.