¿Puede interesar a un partido político sembrar el caos social para mantenerse en el poder?
Una corriente de análisis sostiene que al PSOE le conviene un clima de tensión y enfrentamiento. El argumento se apoya en acusaciones de manipulación del censo electoral y en leyes que, según sus críticos, dividen a la ciudadanía, como la conocida como 'ley de Nietos' o la de Memoria Democrática. Se mencionan incluso paralelismos históricos: la preparación para una revolución armada en 1934 y los más de 300 muertos en cinco meses tras las elecciones de 1936. El relato apunta a que, si fracasa el intento de alterar el censo, se podría derivar hacia un conflicto abierto.
La sombra de la historia y el presente
Quienes defienden esta tesis recuerdan que en 1934, ante la amenaza de las derechas, el Partido Socialista ya se preparó para una insurrección. Ahora, la 'ley de Memoria' y la nacionalización de descendientes de exiliados (la 'ley de Nietos', firmada por Sofía Puente) son vistas como herramientas para crear divisiones. A esto se suma la reciente amnistía a Puigdemont desde Europa, que algunos interpretan como un aval a la tensión. El cálculo oculto sería que un país fracturado necesita un salvador, y ese papel lo ocuparía el partido en el poder.
Datos y escepticismo
No todos comparten la alarma. Hay quienes recuerdan que la última vez que se jugó con fuego, «les salió regulinchi». La ironía deja espacio para la duda: el relato de la conspiración permanente puede ser también una coartada para quienes quieren justificar sus propias políticas de mano dura. Lo cierto es que, por ahora, las pruebas de una maquinación deliberada son esquivas, pero el ruido de fondo persiste.
Quizá la próxima vez que alguien hable de 'convivencia' haya que preguntar a quién beneficia realmente el ruido.