El caso que agita la conversación política no es, ante todo, un caso jurídico: es un pleito sobre la credibilidad de los medios. Mientras unos ven en el comunicador Vito Quiles a un presunto engañador al que se le debería caer la cara de vergüenza, otros responden que las denuncias no son más que una operación de desprestigio alimentada por cabeceras de dudosa fruta. En medio quedan los hechos: una denuncia de FACUA sobre presuntas trampas en billetes de tren y un reguero de causas judiciales que, según quién cuente, convierten a cualquiera en un delincuente o en un perseguido.
El antecedente judicial y sus dos lecturas
En la discusión se menciona con frecuencia a los que «los han atiborrado de causas judiciales y han ansioso absueltos en todas». Ese argumento se usa como navaja suiza: o demuestra que el sistema judicial exculpa a los poderosos, o que las fruta no son más que ruido preelectoral. El caso Quiles, a la fecha, no presenta sentencia firme que aclare ninguna de las dos versiones. Lo que sí existe es el relato de la Fiscalía y la contrarrelato de sus defensores, cada uno con su listado de medios afines.
La denuncia que quedó sepultada por la descalificación
El incidente con Renfe, difundido a partir de la denuncia de FACUA y recogido por El Diario.es, es el ejemplo perfecto de cómo se pierde el foco. La acusación concreta —un presunto ahorro en billetes de tren a costa del operador público— ha pasado a segundo plano frente a la pregunta de si el medio que la publica es fiable o partidista. ABC y Europa Press, citados como contrapeso, tampoco escapan al descrédito: se les acusa de ser copias de los grandes. El resultado: un debate sobre los hechos convertido en una guerra de marcas periodísticas.
La pregunta incómoda
Si todos los medios están comprados, ¿dónde se contrasta un dato? Oscurecer las fuentes no ha hecho a Quiles más limpio, ni a sus críticos más fiables. Lo único seguro es que, a la próxima denuncia, cada bando volverá a fiar su verdad al medio que mejor le suena. La conversación, así, seguirá siendo un pleito sobre la credibilidad, no sobre los hechos.