A qué país huir cuando el mundo se tuerce
España es el mejor refugio del mundo y quien se va está equivocado. Esa es la tesis que defiende una parte de los preparacionistas que llevan 778 días discutiendo hacia dónde poner pies en polvorosa si la cosa se pone fea. La respuesta corta: nadie se pone de acuerdo. La larga ocupa 114 respuestas y va desde el interior de Brasil hasta Bielorrusia, pasando por Uruguay, Filipinas y un pueblo de viejos en los Picos de Europa.
El punto de partida es una certeza compartida: algo se rompe. Lo que se discute es dónde sentarse a verlo.
Los destinos más repetidos: Uruguay, Argentina y el Cono Sur
El idioma pesa. Es el argumento que más veces aparece cuando se menciona Sudamérica:
hablamos el mismo idioma, hay terreno y recursos. Argentina y Uruguay salen una y otra vez, aunque con matices. Un participante recuerda que hace años en Uruguay «con poco eras rico» y que ahora los precios en dólares están «incluso más caros que aquí», lo que deja la opción tocada. Otro apunta a que las profecías de Parravicini sitúan a Argentina y Sudamérica como despensa y refugio del mundo tras una catástrofe, aunque admite que allí también se pasaría mal antes de salir de la crisis.
El sur de Argentina, Finlandia o un barco en el Caribe son otras salidas que aparecen. La criminalidad es el contrapeso que se repite: hay quien recuerda que en Venezuela «a uno lo encañonan por una bolsa de harina pan». El cálculo no es solo económico, es de seguridad física.
Europa: Suiza, los países bálticos y el Este
Dentro de Europa, Suiza aparece como la opción obvia y por eso mismo descartada: «extremadamente concurrida y en el ojo del huracán». Las alternativas apuntan a regiones remotas del Este, con el problema de la cercanía a Rusia y el riesgo de conflicto bélico. Bielorrusia se menciona sin ironía. Moldavia también, con un argumento que no resiste análisis: «a tirarte rubias pobres». Noruega, Suiza, Bielorrusia, Kazajistán, Canadá, Uruguay, Laos y Nueva Zelanda conforman una lista que alguien deja caer como si fuera la quiniela.
Canadá recibe elogios geográficos y críticas legislativas: «un infierno legislativo», con Quebec señalado como ejemplo de regulación asfixiante. El paraíso natural no compensa el laberinto burocrático.
El sudeste asiático y el Caribe: Filipinas, República Dominicana
Filipinas genera división. Un participante la defiende por el idioma —el inglés abre puertas— y por zonas concretas como Cebú, Baguio o Davao, donde dice que no se ven los problemas de perros callejeros que sí aparecen en otras partes. La respuesta es dura: se recuerda que durante la pandemia el gobierno filipino impuso arresto domiciliario a quienes rechazaron la vacunación y llegó a insinuar penas de muerte. «Que le aproveche a vd si va allí», zanja otro.
República Dominicana tiene su propio cálculo: con 300.000€ se compra un chalet con piscina en buena zona. La réplica llega rápido: hay que mantenerlo, esa zona no es la de la élite y con ese capital, si solo tienes un millón, meter 300.000 en un chalet caribeño es «una locura». El coste de entrada no es el coste de vida.
La tesis española: la meseta como fortín
Aquí llega el giro. Varios mensajes sostienen que España es, literalmente, el mejor sitio para quedarse: la meseta supera los 600 metros de altitud, está protegida por cordilleras y quedaría a flote tras un maremoto que anegaría media Europa. El Caribe, dicen, quedaría bajo el agua. «No seáis gelipollas», resume uno, «estáis ya en el mejor fortín de Europa y queréis escapar».
La ironía es que el mismo foro que lleva años hablando de polacas, rusas y ucranianas recibe ahora un volantazo hacia el sur. Alguien lo dice sin filtro: «La puta calor que habéis dado con vuestras virginadas y ahora vais a dar un volantazo en último momento».
El factor que nadie controla: los vecinos
El plan más repetido —pueblo pequeño, casas baratas, vida tranquila— tiene un agujero. «Hasta que en un pueblo pequeño y lleno de viejos metan 400 bastardos», avisa un mensaje. La preparación individual choca con la logística de masas: si el refugio es bueno, otros llegarán. La munición y los huevos, dice el mismo, serán entonces el único plan B.
Otro participante lamenta que si veinte personas del mismo perfil se hubieran juntado en un pueblo de viejos, «hubiese salido un proyecto de vida muy guay». La comunidad como ventaja competitiva que nadie ejecuta.
El que se queda y el que se rinde
No todos planean huir. Hay quien ha quemado las naves: «Me planto, me quedo aquí. Estoy cansado de todo, solo guardo un puñado de bombonas para hacerlas servir si vienen a por mí». Y hay quien directamente pregunta si no es mejor pegarse un tiro. El espectro va del exilio planificado a la rendición anticipada.
La pregunta de fondo, la que nadie responde del todo, es si el refugio existe o si el mundo entero es zona de riesgo. Como resume una frase del debate: «Como no te vayas a otro planeta...».
Con estos mimbres, la predicción más honesta es que la mayoría seguirá donde está, mirando mapas y discutiendo. Hasta que deje de ser un ejercicio teórico.