La inmigración que España quiere: mujer y sin islam
En el centro de la discusión sobre inmigración en España late una preferencia incómoda: no se quiere a cualquiera, sino a un perfil concreto. El debate ha cristalizado en una propuesta que muchos repiten sin rubor: más mujeres, menos hombres, y desde luego, menos islam. La idea de canjear cada inmigrante masculino por varias mujeres no musulmanas se escucha como si fuera un ajuste de mercado, no una política de acogida.
El perfil que algunos quieren
No es casual que el argumento aparezca una y otra vez: se considera que las mujeres se integran mejor, que no suponen una amenaza, y que las de origen no musulmán no plantean conflictos identitarios. Se defiende una inmigración selectiva que combine género y religión, con el islam como factor excluyente. La excusa demográfica parece razonable; la preferencia religiosa, menos.
El papel incómodo de los medios
Una parte del debate sostiene que los medios de comunicación, dirigidos mayoritariamente por hombres, se opondrían a este perfil migratorio porque alteraría las relaciones de poder. Se habla de millones de feministas y de una conspiración para evitar que la inmigración masculina pierda peso. La teoría suena exagerada, pero invita a preguntarse por qué ciertos temas se tratan con pinzas.
En paralelo, el uso de imágenes generadas por inteligencia artificial para ilustrar el modelo ideal de inmigración no hizo sino frivolizar la discusión. La burla hacia la IA acabó desviando la atención de lo único relevante: qué tipo de sociedad se quiere construir con quienes llegan.
La cuestión migratoria seguirá siendo un campo de batalla identitario. Mientras no se hable de números reales y de integración, los estereotipos seguirán mandando. Y el riesgo es que la política termine escuchando más a la demagogia que a las necesidades del mercado laboral.