Nike cae un 31% en el año y la dirección compra acciones
Comprar barato suena bien hasta que el precio sigue bajando. Nike acumula un desplome del
31% en lo que va de año, cotiza en su nivel más bajo en casi una década y arrastra un
80% de caída desde máximos históricos. Y aun así hay dinero entrando por la puerta de dentro: un directivo, Robert Holmes, ha comprado 11.781 acciones a 42,44 dólares, medio millón de dólares en una sola operación. La tesis de quien defiende la compra es sencilla —marca enorme, dividendo del 4% y precio hundido— y la respuesta del mercado, por ahora, es seguir vendiendo.
Qué hay detrás de la compra de 500.000 dólares
Las compras de consejeros y directivos se leen habitualmente como una señal: quien conoce la casa pone su propio dinero. En este caso la operación se cerró a
42,44 dólares por título, con un desembolso total de 500.002,06 dólares, y el valor cotizaba ya por encima de esa referencia —43,32 dólares— poco después. Quien defiende entrar ahora se agarra a tres cosas: la rentabilidad por dividendo ronda el
4%, la acción está sobrevendida tras meses de castigo y la compañía sigue siendo un fabricante con caja y marca global. Nada de eso ha impedido que el precio perfore el soporte de los 40 dólares.
Nike vende más que en 2016 pero gana un 17% menos
Aquí está el dato que rompe el relato. Según una comparativa que circula en el hilo, entre el ejercicio fiscal 2016 y el de 2026 los ingresos anuales pasaron de
32.376 a 46.398 millones de dólares, un 43,3% más. El beneficio neto, en cambio, cayó de 3.760 a 3.108 millones, un
17,3% menos. El margen de beneficio neto se desplomó del 11,6% al 6,7%, casi la mitad. Los márgenes operativos también se han partido: de un 20% a un 10%. Vender más y ganar menos es exactamente lo contrario de lo que se espera de una marca de precio alto.
Y hay ruido contable. Según una de las lecturas más detalladas del periodo, en 2026 se contabilizaron
986 millones por recuperación y devolución de aranceles, una cifra que no existía en 2016 y que maquilla beneficio y flujo de caja. Desde julio de 2026 se aplican además, según esa misma lectura, nuevos gravámenes del 10% al 12,5% sobre importaciones procedentes de Vietnam, Indonesia y
China, que no serían recuperables a futuro. La foto, sin esos ingresos extraordinarios, queda bastante menos bonita.
¿Por qué ha salido Nike del S&P 100?
Porque el índice deja de representarla. Tras borrar
230.000 millones de dólares de capitalización desde su máximo, el valor sale del S&P 100 a final de mes, cerrando una presencia de casi 18 años. La salida tiene un efecto mecánico que no siempre se pondera: parte del dinero que mantenía el valor en cartera lo hacía por replicar el índice, no por convicción, y ese dinero tiene que irse. Es el argumento de quienes sostienen que la presión vendedora puede arreciar en las próximas semanas, al margen de lo que haga la empresa.
Los 30 dólares entran en el mapa
La ruptura del soporte de 40 dólares y la rotura a la baja del rectángulo en el que llevaba meses moviéndose sitúan el objetivo teórico en
32,75 dólares, un 18% por debajo del nivel donde se calculó. La acción ya ha llegado a tocar 31,35 dólares. Con ese precio, según un cálculo que circula en el hilo, la empresa cotiza a
9,2 veces EBITDA —capitalización más deuda menos caja sobre beneficio operativo—, un múltiplo que ese análisis considera bajo para una compañía de consumo con marca. La vista atrás no ayuda: en 2009 llegó a valer 11 dólares. Hay quien espera los 23 para entrar y quien dice estar dispuesto a promediar cerca de 20.
Comprar en caída o esperar señales de suelo
Aquí se parte en dos el asunto. Un bloque defiende esperar a que el valor deje de caer, forme una base o dibuje una tendencia alcista antes de poner un euro. El otro sostiene lo contrario: si la empresa es sólida y el negocio sigue generando valor, las caídas fuertes son precisamente donde se construyen las mejores rentabilidades, y de lo que hay que huir es de los cohetes que ya han subido. La experiencia ajena avisa en ambos sentidos: hay quien compró una firma de calzado a 30 dólares «porque estaba barata» y se comió la bajada entera.
Con el dinero conviene no improvisar. El consejo de uno de los participantes es no destinar a bolsa nada que pueda hacer falta: mantener en liquidez al menos un
10% de la cartera, tener a mano un colchón de unos 10.000 disponible y quitarse deudas —hipoteca incluida— antes de comprar la primera acción.
¿Es un value trap o solo un cuchillo cayendo?
Un
value trap es una acción que parece barata y no deja de abaratarse. El paralelismo que se cita en el hilo es con VFC, la dueña de Vans, The North Face o Timberland: mismo perfil de marca fuerte, misma caída prolongada y mismo goteo a la baja durante años. Enfrente está el argumento clásico, ese que dice que las mejores compras se hacen cuando nadie quiere el valor ni en pintura. Pero aquí se cruza el problema de China, donde las ventas cayeron un
13% en el último trimestre y que representa un 14% del total, mientras Estados Unidos —el 45% del negocio— subía un 5%.
El otro riesgo es de moda. Quien no entiende de zapatillas no sabe si la marca molaba ayer y molará mañana; hace años el nombre emergente era Under Armour, hoy son otras firmas y no hay certeza de quién ocupará ese sitio. Sobre el producto asoman quejas aisladas de compradores sobre la calidad y el agarre de algunos modelos recientes, que no pasan de testimonios sueltos.
Con los números encima de la mesa, lo que sostiene el precio hoy es la marca y la caja, no el margen. La pregunta razonable no es si Nike vale 31 o 45 dólares, sino cuánto tarda en recuperar el margen operativo perdido, del 10% al 20%. Si vuelve, quien compró a 42 habrá acertado por goleada; si tarda tres años más, los 32 serán solo una estación de paso.