Ataques de perros: cuando la mascota se convierte en amenaza
Entre junio de 2025 y junio de 2026, España ha registrado una cascada de sucesos graves con perros como protagonistas. Desde mordeduras que requieren hospitalización hasta ataques mortales, la frecuencia de estos incidentes ha disparado el debate sobre la tenencia responsable y la seguridad en espacios públicos y privados. Los datos disponibles dibujan un panorama alarmante que las administraciones no terminan de abordar con contundencia.
Sucesos que marcan la cronología de 2025-2026
El 21 de junio de 2025, un hombre fue trasladado al hospital tras sufrir una mordedura de perro en el brazo en Ribadeo, según La Voz de Galicia. Pocos días después, el 25 de junio, un mastín italiano atacó a un bebé en Reino Unido, y su dueña, maestra de escuela, se enfrentó a cargos por no controlar a su mascota. En España, el mismo mes, una mujer fue hospitalizada tras ser atacada por un perro en Talarn (Lleida), y un pitbull se lanzó al cuello de un niño de 10 años en Fuerteventura. La lista de incidentes no dejó de crecer.
En marzo de 2026, un bebé de cinco meses ingresó de gravedad por un mordisco de perro en Abanilla (Murcia). En abril, una mujer fue trasladada en helicóptero por una dentellada en El Chorro Grande. Y en junio de 2026, un perro arrancó un trozo de oreja a una mujer y atacó a un niño, su madre y su abuela en Elda (Alicante). La acumulación de casos graves sugiere un patrón que no es puntual.
El debate sobre perros en hospitales: ¿terapia o riesgo?
Mientras los ataques se sucedían, el País Vasco anunció en junio de 2025 que permitiría la visita de perros a pacientes ingresados, siempre que el compañero de habitación diera su consentimiento. La medida, presentada como un chute de energía para los enfermos, generó una fuerte oposición. Los críticos argumentan que los hospitales no están preparados para acoger animales, que el ruido y la suciedad pueden perjudicar a otros pacientes, y que la presencia de perros en un entorno de gente postrada es una temeridad. Otros defienden los beneficios emocionales de las mascotas en procesos de recuperación. La polémica sigue abierta y sin consenso.
Posturas enfrentadas: ¿sacrificio o segunda oportunidad?
Ante cada ataque, surge la misma pregunta: ¿qué hacer con el perro agresor? Una corriente de opinión defiende el sacrificio inmediato, basándose en que un perro que muerde una vez puede volver a hacerlo con más violencia. Otra corriente aboga por enviarlos a protectoras, aunque algunos denuncian que estas decisiones se toman sin asumir las consecuencias. La falta de una normativa clara y homogénea en todo el territorio español deja demasiado margen a la interpretación judicial.
El coste social de la tenencia irresponsable
Más allá de las víctimas directas, los ataques generan gastos sanitarios, procesos judiciales y, en algunos casos, traumas duraderos. Hay quien sostiene que los perros deberían limitarse a funciones específicas (policía, guía, pastoreo), y que la proliferación de mascotas en entornos urbanos es insostenible. Otros recuerdan que la mayoría de los perros no atacan nunca, y que el problema radica en dueños que no los educan ni controlan adecuadamente.
Sea como sea, los números no mienten: en un año se han contabilizado decenas de incidentes graves, varios con víctimas mortales fuera de España. La pregunta es si las autoridades reaccionarán con medidas efectivas o seguirán mirando hacia otro lado mientras la lista de afectados sigue creciendo.
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