ACTORES DEL SISTEMA SELECCIONAN LOS MEJORES COMENTARIOS. NO SE SABE DE QUE VIVEN

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Acabo de ver la miniatura del nuevo vídeo de Lucio y casi me atraganto con el café. ¡Ha encontrado trabajo en dos días! Estamos ante un acontecimiento que merece una rueda de prensa del Ministerio de Trabajo, una entrevista en prime time y, como mínimo, una placa conmemorativa en la plaza del pueblo. Lo que no sabemos es de qué ha encontrado trabajo, porque eso ya sería dar demasiadas pistas al espectador. La miniatura te anuncia el milagro, pero el puesto de trabajo queda envuelto en el misterio. ¿Será peón agrícola? ¿Pastor? ¿Leñador? ¿Reponedor de una tienda de ultramarinos? ¿O habrá conseguido una de esas ocupaciones rurales que aparecen cuando un vecino te ve paseando en quad por tercera vez en la misma mañana y decide que ya va siendo hora de que hagas algo productivo? Lo importante es que ha encontrado trabajo en dos días. Lo de explicar en qué consiste ya lo dejamos para la segunda temporada.

Me imagino la secuencia. Lucio llega a la aldea, aparca el quad delante del bar y comenta que está buscando trabajo. El paisano que está jugando la partida de cartas levanta la vista, lo observa de arriba abajo y le pregunta: «¿Y tú qué sabes hacer?». Lucio responde que se le da bien la autosuficiencia, que tiene experiencia viviendo con poco dinero y que está acostumbrado a resolver problemas de manera independiente. El paisano se queda pensativo unos segundos y le dice: «Pues mira, si tienes el quad, me puedes llevar estos sacos hasta la finca, acercarme unas herramientas y recogerme un recambio que necesito para el tractor». Contratado. Incorporación inmediata. Jornada flexible. Posibilidad de ampliar funciones. Convenio colectivo de la aldea, categoría profesional: muchacho que tiene quad y no parece tener demasiada prisa.

Y así empieza la carrera profesional de Lucio. El primer día, un vecino le pide que acerque una motosierra a otra casa. El segundo, que vaya a buscar una pieza para una desbrozadora. El tercero, que lleve unas garrafas de agua a una finca donde se ha estropeado la artefacto artefacto peligroso. Al cuarto, otro paisano le pregunta si puede acercarle un saco de pienso. Y al quinto, Lucio descubre que se ha convertido en el servicio de mensajería urgente de la comarca. Amazon Prime Rural: entregas en el mismo día, siempre que el quad tenga gasolina y el cliente viva a menos de veinte kilómetros de una pista forestal.

Lo mejor es que el contrato podría ser de lo más peculiar. Lunes: transportar herramientas. Martes: recoger un paquete. Miércoles: llevar un recambio al taller. Jueves: acompañar a un vecino a revisar una cerca. Viernes: trasladar unos materiales de construcción. Sábado: descanso. Domingo: grabar un vídeo explicando cómo ha conseguido integrarse en la economía rural sin renunciar a su libertad. Y en la miniatura siguiente, Lucio podría anunciar: «He conseguido mi primer cliente». En la tercera: «Ya tengo una agenda llena de trabajo». Y en la cuarta: «No me da la vida». Todo ello después de haber descubierto que, en el campo, si tienes un vehículo, sabes manejar herramientas y estás disponible, siempre puede aparecer alguien que necesite que le eches una mano.

Aunque aquí hay una cuestión fundamental: ¿qué clase de trabajo ha encontrado exactamente? Porque una cosa es conseguir una oferta de empleo, otra empezar a trabajar y otra disponer de un puesto estable que te permita planificar tu economía durante los próximos años. No es lo mismo un contrato indefinido a jornada completa que una actividad ocasional, una campaña agrícola o un contrato fijo-discontinuo. Este último es una modalidad laboral real, utilizada para actividades que se repiten de manera intermitente, como determinadas campañas agrícolas o trabajos estacionales. No significa que el empleo sea ficticio ni que la persona no trabaje: significa que la actividad tiene periodos de trabajo y de inactividad conforme a las condiciones del contrato. Y precisamente por eso sería interesante saber qué ha encontrado Lucio, cuántas horas trabaja, cuánto cobra y si se trata de una ocupación estable o de una actividad temporal. Porque la frase «he encontrado trabajo en dos días» queda espectacular en una miniatura, pero la nómina y el contrato cuentan el resto de la historia.

Además, el rural ofrece un catálogo de trabajos estacionales que daría para una serie documental completa. En primavera puedes echar una mano con las fincas, desbrozar parcelas, preparar huertos y reparar cercados. En verano aparecen las campañas agrícolas, el mantenimiento de terrenos y los trabajos relacionados con el turismo. En otoño llegan las castañas, las manzanas, las nueces y otras cosechas, dependiendo de la zona. Y en invierno siempre hay alguna leñera que preparar, alguna cubierta que reparar o algún camino que necesita mantenimiento. Naturalmente, la disponibilidad real de esos trabajos depende de la comarca, la demanda, la experiencia y las condiciones de contratación. Pero imaginemos que Lucio consigue encadenar varias actividades estacionales. Podría convertirse en el primer trabajador rural cuya vida laboral sigue el calendario de las cosechas y cuyo vehículo de empresa es su propio quad.

Enero: mantenimiento de fincas. Febrero: poda. Marzo: preparación de huertos. Abril: desbroce. Mayo: trabajos agrícolas. Junio: más trabajos agrícolas. Julio: temporada alta de recados urgentes. Agosto: los vecinos necesitan ayuda precisamente cuando todos quieren descansar. Septiembre: cosecha. Octubre: recogida de frutos. Noviembre: preparar leña. Diciembre: revisar las cuentas del año y publicar un vídeo titulado «¿Se puede vivir en el rural trabajando solo por temporadas?». El problema es que el quad también tiene su propio calendario laboral: revisión, cambios de aceite, neumáticos, reparaciones y combustible. Así que Lucio tendría que hacer algo bastante revolucionario: reservar parte de lo que gana para los gastos de trabajar. Una costumbre muy extendida entre los trabajadores convencionales, aunque quizá poco conocida entre los filósofos del monte.

Pero yo tengo otra teoría: puede que el vecino ni siquiera le haya ofrecido un empleo convencional. Puede que simplemente haya visto a Lucio dando vueltas con el quad y haya pensado que tiene ante sí una oportunidad empresarial extraordinaria. «Este hombre tiene vehículo, tiempo y ganas de recorrer caminos. Voy a probar una cosa». Y le encarga un recado. Lucio lo hace. El vecino queda satisfecho y le paga lo acordado. Al día siguiente aparece otro cliente. Luego otro. Y, sin darse cuenta, nuestro héroe ha creado una empresa de logística rural especializada en desplazamientos que los demás no quieren hacer. Nombre comercial: Lucio Express, mensajería todoterreno. Eslogan: «Tú no te mueves; yo doy otra vuelta».

Las tarifas serían sencillas: desplazamiento corto, cinco euros; desplazamiento medio, diez; entrega urgente, quince; transporte de herramientas voluminosas, presupuesto personalizado. Recargo por barro, suplemento por lluvia y tarifa especial para caminos donde haya que atravesar tres charcos y una zona embarrada. Eso sí, el precio tendría que cubrir el combustible, el mantenimiento, el tiempo empleado y los demás costes. De lo contrario, podría ocurrir una tragedia empresarial: trabajar todo el día, hacer veinte recados y descubrir que has ganado menos que si te hubieras quedado en casa. Sería el momento perfecto para un vídeo titulado «La dura realidad de emprender en el rural», con una miniatura de Lucio mirando el depósito vacío del quad y un texto en letras gigantes: «No me salen las cuentas».

Y no descartemos el contrato fijo-discontinuo. Me imagino la conversación con el vecino:

—Lucio, necesito que me lleves cosas durante la temporada de cosecha.

—¿Es un trabajo fijo?

—Hombre, fijo, fijo... Todos los años hay que recoger la cosecha.

—¿Y discontinuo?

—Pues claro. Cuando terminamos de recoger, dejamos de necesitar que nos lleves cajas.

—¿Y tengo vacaciones?

—Cuando no haya cajas, puedes dar vueltas por el monte.

Naturalmente, esto es una broma, no una descripción de cómo se formaliza un contrato fijo-discontinuo. Pero como concepto humorístico tiene un potencial enorme: Lucio podría pasar de la libertad absoluta a estar pendiente de que el vecino lo llame para transportar tres sacos de patatas. El lunes sería un profesional de la logística agrícola; el martes, un especialista en recambios de maquinaria; el miércoles, un auxiliar de mantenimiento rural; y el jueves, un consultor independiente en transporte de herramientas. En LinkedIn pondría: «Emprendedor multidisciplinar con experiencia en movilidad todoterreno y optimización de rutas rurales».

Ahora bien, si realmente ha encontrado un buen trabajo, estupendo. Trabajar, aprender un oficio y conseguir ingresos propios puede ser una magnífica manera de dar estabilidad a cualquier proyecto vital. Y si encima consigue compatibilizarlo con su vida en el campo, mejor todavía. Lo interesante será saber qué actividad realiza y cómo encaja con sus planes. Porque, al final, vivir en el rural no consiste únicamente en tener una casa, un huerto y un vehículo con el que recorrer los caminos. También hay que generar ingresos suficientes para pagar los gastos que el huerto no cubre.

De momento, yo le propongo a Lucio que aproveche el tirón de la miniatura y publique una trilogía laboral. Primera entrega: «Encontré trabajo en dos días». Segunda: «Mi primera nómina rural». Tercera: «He gastado más en gasolina de lo que he cobrado». Y, para cerrar la saga, el vídeo definitivo: «Mi vecino me ha hecho fijo-discontinuo para llevarle sacos en quad».

Porque una cosa está clara: si Lucio consigue transformar sus paseos en quad en una actividad rentable, habrá encontrado una forma práctica de combinar su afición con el trabajo. Pero si termina recorriendo veinte kilómetros para entregar una caja de cigot y cobrando menos de lo que le cuesta el combustible, entonces no habrá encontrado un empleo: habrá descubierto el primer puesto de trabajo en el que el trabajador subvenciona al cliente.

Y ahora, hablando en serio, que alguien nos cuente qué trabajo ha encontrado en esos famosos dos días. Porque la miniatura nos ha vendido el milagro laboral, pero nos falta el dato más importante: ¿de qué trabaja Lucio, cuánto cobra y cuántos litros de gasolina necesita para llegar al lunes?
 

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