Taberna Garibaldi: una tapa a 14 euros y un menú cargado de guiños
Una tapa a 14 euros no levanta ampollas en medio país. Las levanta si quien está detrás de la carta es Pablo Iglesias. La Taberna Garibaldi, el local que el político ha puesto en marcha sobre lo que fue una antigua peluquería, se ha convertido en el escaparate de una contradicción que muchos señalan sin descanso: un discurso de izquierdas y una cuenta que, sostienen las críticas, mira más al mercado que a la barra popular.
Qué se sirve en la Taberna Garibaldi y por cuánto
La carta se ha diseñado como un guiño constante. Hay una hamburguesa presentada como no burguesa, tacos bautizados con humor, un tabulé, una cazuela de banqueros a la sidra y una ensalada soviética. Los precios que circulan sitúan las patatas bravioli y las migas revolucionarias en 8 euros cada plato. La pieza más comentada, la tapa de 14 euros, no es un dato confirmado por el local, sino la cifra que repiten quienes critican el precio. En la barra también asoma un cóctel Durruti.
El precio de la coherencia
Aquí es donde el menú deja de ser un simple menú. Una parte del público lo lee como estrategia comercial y nada más: cobrar lo que cobra cualquier local de moda con la etiqueta ideológica como reclamo. Otra corriente, más severa, lo interpreta como la prueba de que el relato revolucionario se agota en el nombre de las tapas. Hay quien sostiene que un proyecto con ese discurso debería practicar precios populares, y quien responde que un negocio privado fija libremente sus tarifas. Sobre los azulejos del local, procedentes de la antigua peluquería, han aparecido pintadas, según las referencias que se difunden sobre el establecimiento.
La coherencia, en hostelería, se mide en la cuenta final. Si la Taberna Garibaldi llena mesas, la polémica quedará como ruido de fondo. Si el precio de la tapa pesa más que el nombre, el proyecto tendrá que decidir si vende revolución o vende menú.