El BOE fija en 2026 el último cambio de hora en España
El calendario oficial ya tiene escrita su última página:
el domingo 25 de octubre de 2026. Ese día los relojes retrocederán una hora y, si nada lo remedia, no volverán a moverse. Lo llamativo es que
la fecha está fijada, pero el debate sobre con qué horario se queda España sigue abierto: en los documentos citados no se concreta. El
Real Decreto 236/2002 obliga a publicar los ajustes con cinco años de antelación, y el BOE ya ha listado los de 2024, 2025 y 2026. El primero llega en la madrugada del 30 al 31 de marzo: a las 2:00 serán las 3:00.
Las fechas del cambio de hora hasta 2026
El horario de verano de 2024 arranca el domingo 31 de marzo y termina el domingo 27 de octubre. En 2025, las fechas son el 30 de marzo y el 26 de octubre. En 2026 toca el 29 de marzo y el 25 de octubre, y esa última jornada es la que importa.
- 2024: del 31 de marzo al 27 de octubre
- 2025: del 30 de marzo al 26 de octubre
- 2026: del 29 de marzo al 25 de octubre
Las cifras de
ahorro que justificaron la medida en su día hace tiempo que no se sostienen, y la propia utilidad del cambio se pone en cuestión cada vez que se acerca una de estas fechas.
¿Por qué 2026 y no este año?
Aquí empieza el escepticismo. Que 2026 figure como fecha de caducidad no significa que vaya a cumplirse.
Hay quien sostiene que en 2027 llegará una nueva prórroga y todo seguirá igual, como ha ocurrido cada vez que la abolición parecía inminente. El argumento oficial —el ahorro de energía y el mayor aprovechamiento de la luz— tiene cada vez menos peso: los análisis críticos sostienen que el beneficio es mínimo, casi incalculable, y que el efecto rebote sobre el ciudadano puede ser negativo.
Qué pasaría si en 2026 nos quedáramos con el horario de invierno
Si el último ajuste es el de octubre de 2026, España quedaría anclada al horario de invierno todo el año. La consecuencia es muy discutida: según los cálculos que se manejan en el hilo,
en junio y julio habría luz a las cinco y media de la madrugada y anochecería a las ocho y media de la tarde. Quienes defienden el horario de verano permanente lo ven como un despropósito, porque se perdería la mejor franja de sol vespertino. Quienes prefieren el invierno responden que el problema no es cuándo amanece o anochece, sino el horario laboral que arrastra el país.
Verano o invierno: el fondo del asunto
El consenso, si existe, es que hay que dejar de mover las agujas. El desacuerdo llega al elegir la hora fija. Una corriente defiende
el horario de verano todo el año, con más luz por la tarde y menos gasto energético. La contraria apunta que el horario biológico natural es el de invierno y que el de verano solo sirve para retrasar artificialmente la actividad. Y una tercera posición, la menos ambiciosa, sostiene que el sistema actual —cambiar dos veces al año— está bien estudiado y es el más óptimo, frente a lo que se cree desde la barra del bar.
El huso horario que España arrastra
Detrás del cambio semestral late un problema mayor: el huso. España funciona en invierno con GMT+1 y en verano con GMT+2, cuando una tesis que circula sostiene que su posición geográfica encajaría mejor con GMT+0 y GMT+1, como Portugal, Reino Unido, Casablanca o las propias Canarias. De ahí vienen las comidas a las tres de la tarde y los horarios partidos. Hay otra tesis recurrente: el huso español está pensado para el este peninsular, y
cuanto más al noroeste, peor encaja el horario de verano. En esa franja, se argumenta, el horario de invierno se ajusta mucho mejor a las horas reales de luz. Y un participante subraya que no hay ciudades en el mundo a la misma latitud que las españolas con horarios como los de aquí.
Por qué compararse con otros países engaña
El recurso de mirar al vecino tiene trampa. Las horas de sol a lo largo del año son las mismas en cualquier punto del planeta, repartidas a un 50/50; lo que cambia es cómo se distribuyen según la latitud.
En verano, Noruega tiene días más largos que España con su sol de medianoche, y en el sur de Reino Unido amanece en junio a las 3:30 de la madrugada. Comparar países situados en paralelos distintos, se advierte, es francamente torpe, y no sirve para decidir qué hora conviene a España.
El ahorro que ya no justifica nada
La razón original —economizar energía— es la que más se discute. Hay quien sostiene que, con la iluminación LED, la diferencia de consumo de una bombilla en un hogar es irrisoria, y que en muchos hogares no hay nadie en casa antes de las seis de la tarde. A partir de ahí, el reparto de intereses: hay quien sostiene que a las eléctricas y a los bares les conviene el horario de verano, y quien replica que es el invierno el que favorece el consumo eléctrico. El desacuerdo llega hasta ahí.
Con la fecha en el BOE y el contenido sin decidir, la pregunta sigue en el aire: ¿qué hora elige España cuando ya no tenga que cambiarla?