Apagar el router de noche: 195 kWh al año que casi nadie mira
Hay un electrodoméstico en casa que nunca se apaga, no tiene etiqueta energética y trabaja las veinticuatro horas. El módem de fibra óptica consume cerca de **30 vatios sin utilizarse**, según el cálculo que abre esta discusión, y la caja de distribución Ethernet de 16 puertos añade otros **15 vatios** al mismo balance. Apagando ambos con interruptores durante las doce horas nocturnas, el ahorro estimado asciende a **195 kWh al año**. Poca cosa, concede quien hizo la cuenta, pero suma y sigue.
La cifra no es un caso aislado. Otra experiencia doméstica con un módem-router-switch de ADSL sitúa su consumo entre **18 y 20 vatios**, y el aparato en cuestión hace además de cliente de descargas gracias a un firmware alternativo. El patrón se repite: equipos pequeños, encendidos siempre, gastando en silencio.
Cuánto gasta un router encendido las 24 horas
El problema no es solo el consumo en activo. Un transformador externo que sigue caliente cuando el aparato está parado delata la parte invisible de la factura: entre **5 y 10 vatios** que nadie desconecta. En el caso del módem de fibra, quien lo mide sostiene que consume **exactamente lo mismo parado o funcionando**, un dato que invita a tirar el aparato a la basura o a darse de baja del operador.
La solución más repetida pasa por la regleta con interruptor. Los programadores digitales que encienden y apagan por horario salieron mal en la prueba: el consumo combinado del programador y el router superaba el consumo total del router solo. El interruptor manual gana por goleada.
El portátil no siempre ahorra más que el sobremesa
La conversación derivó hacia el equipamiento informático doméstico y ahí se rompió el consenso. Hay quien sostiene que sustituir sobremesas por portátiles multiplica el ahorro, porque los componentes móviles están diseñados para rendir con la mínima
energía y automatizan el apagado de puertos, la bajada de frecuencia y la parada de ventiladores. Otros responden con la factura de la experiencia: en entornos profesionales con trabajo intensivo de imagen, un portátil obliga a añadir una pantalla externa calibrada, que consume más que el propio equipo, y aun así las pantallas se degradan con el tiempo.
El matiz técnico que zanjó parte del rifirrafe: cuando se habla de profundidad de color se habla de **bits por canal**, no de bits totales. Un monitor profesional puede tener **12 bits por canal**. Para retoque profesional, un portátil estándar no basta.
Discos de 2,5 pulgadas contra discos de 3,5
Otra capa del ahorro está en el almacenamiento. Los discos de portátil son de **2,5 pulgadas** y funcionan a **5 voltios**, alimentándose directamente del USB. Los discos de sobremesa son de **3,5 pulgadas** y necesitan **12 voltios**, con fuente externa. La diferencia de consumo entre tener un disco enchufado toda la noche y no tenerlo es real, aunque el disco grande suele ser más rápido, más barato o de más capacidad.
Raspberry, mini-PC y el límite del cacharreo
La alternativa que emerge con fuerza es el ordenador de bajo consumo permanente: una Raspberry Pi descargando torrents consume una miseria y reproduce 1080p con soltura, alimentándose incluso por USB desde el televisor. Un mini-PC tipo Zotac añade lector de Blu-ray y resolución Full HD, aunque llega sin memoria ni disco y hay que montárselo. La pega de los mini-portátiles viejos enchufados a la tele es la controladora gráfica pobre, anclada en 1024x600.
La factura de la luz como marcador social
El hilo acaba convertido en un pulso de cifras. Un caso declara **40,54 euros por dos meses**, con **150 kWh de consumo** y **3 kW de potencia contratada**, y presume de no tener ni un piloto encendido. Otro responde que paga **más de cien euros mensuales** y ha bajado a **40**, con el objetivo de llegar a **35**. La electricidad dejó de ser un gasto fijo para convertirse en un deporte de resistencia.
El cierre lo pone la desconfianza en el sistema: cada vez que la gente ahorra, el margen se recupera por otra vía. Con estos números, apagar el router doce horas al año ahorra lo que cuesta un café al mes. Y sin embargo, se sigue haciendo.