Estrecho de Ormuz: abierto, cerrado o cuántico? El Brent a 72 y las reservas caen
El estrecho de Ormuz lleva semanas siendo un chiste cuántico: abierto y cerrado a la vez, según a quién preguntes. Los datos de seguimiento de tráfico marítimo muestran que solo circula un 8% del flujo habitual, pero el crudo Brent cotiza a 72 dólares, lejos del pánico que un bloqueo total provocaría. ¿Qué está pasando realmente?
La paradoja del tráfico marítimo
Los monitores independientes como HormuzTracking y HormuzStraitMonitor registran una caída drástica del volumen de petroleros que cruzan el estrecho. Apenas un 8% de lo normal, según los datos más optimistas. Sin embargo, el precio del barril no se ha disparado. La explicación es que el crudo que sí circula no procede de los pozos iraníes o saudíes: se está recurriendo a las reservas estratégicas, sobre todo de Estados Unidos. Las reservas de crudo de EE.UU. (SPR) han caído a 331,19 millones de barriles, un 17,67% menos que hace un año, y siguen bajando semana tras semana.
El juego de los dosieres
El estrecho funciona como un filtro político: cerrado para unos, abierto para otros. Quienes tienen vínculos con la administración Trump o con intereses aliados pasan; los demás, no. Esta selectividad explica por qué no hay un bloqueo formal, pero sí una restricción de facto que está vaciando las reservas estratégicas. La ironía es que el mercado lo ha descontado: el Brent, al no ver una interrupción total, se mantiene estable. Pero si en septiembre –como apuntan algunas fuentes– se recrudece la presión, la crisis podría ser gorda.
¿Qué esperar?
Mientras el juego de los permisos discrecionales continúe, la demanda de crudo se cubrirá con las reservas. El problema es que esas reservas no son infinitas. Con la SPR estadounidense perdiendo 2,66% semanal, el margen se estrecha. La pregunta no es si Ormuz está abierto o cerrado, sino cuánto aguantarán las reservas antes de que el precio refleje la realidad.