Reconocer a Palestina y el proyecto del cohete de Rafael
El reconocimiento del Estado palestino por parte del Gobierno de España ha dejado de ser un gesto diplomático para buena parte de los participantes y ha entrado en la caja registradora del debate. La primera réplica israelí no tardó: un mensaje de Eylon Levy comparó la España medieval con el ataque de Hamás del 7 de octubre y sostuvo que el Ejecutivo de Pedro Sánchez está diciendo a los terroristas que «la táctica funciona». De ahí al aviso económico había un paso, y alguien lo dio: en el hilo se pide que la cooperación en inteligencia antiterrorista se detenga y se advierte de que España puede perder el proyecto de defensa con Rafael.
Cifras aparte, hay un consenso incómodo.
El propio hilo abre con la frase «Reconocimiento que no tiene consecuencia real alguna». Y sin embargo es ahí donde se juega la disputa: un participante sostiene que el Estado de Israel proporciona información a estos países y previene ataques de islamistas radicales, y que esa cooperación debería detenerse.
¿Por qué se pone en duda la cooperación antiterrorista?
Porque el argumento que más peso tiene es de reciprocidad. Un participante lo plantea así: si un Gobierno legitima políticamente a la fuerza que te ha atacado y contra la que estás en guerra, ¿por qué iba a seguir pasándole datos que se ha trabajado él? Ese razonamiento se repite con distintas formas y desemboca siempre en lo mismo: la cooperación debería congelarse hasta que cambie la posición española.
El problema es que España no está sola en esto. Otro participante califica de gravísimas las declaraciones de la vicepresidenta del Gobierno y le atribuye el lema «desde el río hasta el mar».
El precio industrial: el lanzador de Rafael y el patrón ATACMS
Aquí aparece el dato que más duele a quienes participan. Un usuario advierte de que España puede perder el proyecto con
Rafael para un lanzador de cohetes de perfil similar al ATACMS estadounidense.
Frente a eso, el escenario más duro se resume en una frase que se repite: que el peso de la decisión caiga sobre quien la promueve y no sobre el contribuyente al que nadie preguntó. La discusión, en el fondo, no es sobre Gaza. Es sobre quién paga el gesto.
Cataluña, el doble rasero que Israel agita
En paralelo circula el mensaje de que Israel recrimina a España que trabaje por la independencia de Palestina mientras niega la de Cataluña. La respuesta llegó en forma de publicación con el lema
«From the river to the sea Catalonia will be free».
Lo llamativo es el cruce de ejes. El soberanismo español se topa con la paradoja de defender la soberanía nacional a la vez que se alinea con quien cuestiona, en la práctica, la de otros. Y la etiqueta que aparece,
VOX igual a Likud, no es un análisis: es una forma de cerrar la boca al de enfrente.
Del 7 de octubre a 1492: la pelea por el marco histórico
El tuit inicial no se quedó en la actualidad. Recordó la Edad Media y las ejecuciones en la hoguera para construir una continuidad moral entre aquella España y la de hoy, con el reconocimiento como premio. La respuesta, previsible, fue la inversa: que España tenía derecho de defensa y que quienes recuerdan la Inquisición callan ante los miles de palestinos muertos.
El terreno se vuelve resbaladizo cuando entra la religión. Una cita atribuida a
San Pío X, fechada el 25 de enero de 1904, se usa para negar cualquier reconocimiento al pueblo judío; en el mismo saco aparecen referencias a los Reyes Católicos y a 1492. Es la parte donde los argumentos se sustituyen por agravios.
Teorías sin pruebas: de Pearl Harbor a Dimona
Hubo derivas. Una parte del análisis se fue al ataque de Pearl Harbor —los
2.404 militares y civiles estadounidenses muertos y los
64 japoneses derribados— para hablar de cebos y guerras provocadas. Otra aterrizó en el asesinato de Kennedy, la presión estadounidense sobre el programa nuclear israelí y las visitas a Dimona bajo la presidencia de Lyndon B. Johnson. Nada de eso está respaldado por pruebas: son sospechas presentadas como historia.
Dónde se atasca el asunto
Y aquí se queda todo. Nadie ha confirmado que la cooperación antiterrorista se haya roto, nadie ha firmado la pérdida del contrato y nadie sabe si el reconocimiento tendrá consecuencias medibles. La corriente más escéptica lo resume así: es teatro, un gesto de política interior que no altera el equilibrio de fuerzas. Puede que tengan razón. O puede que la factura llegue tarde, sin tuit que la anuncie.