Técnicos denuncian que el 80% de las ofertas IT son falsas
El sector tecnológico español vive una paradoja que desconcierta a propios y extraños. Mientras las consultoras publican cientos de vacantes para perfiles junior, los profesionales con experiencia denuncian que la mayoría de esos anuncios no corresponden a puestos reales. Un técnico con dos años de experiencia en sistemas relata cómo, tras realizar una entrevista semanal durante los últimos seis meses, el 90% de los procesos terminan en ghosting tras firmar una política de privacidad que le incluye en una bolsa de trabajo. La empresa nunca contrata, pero sigue publicando la misma oferta dos semanas después.
La práctica, que varias consultoras ejecutan con descaro, consiste en reclutar candidatos para venderlos a clientes como si ya formaran parte de su plantilla. El modus operandi incluye enviar una plantilla para que el aspirante adapte su currículum con el sello de la consultora, aunque no exista proyecto concreto. Los propios reclutadores admiten, cuando se les pregunta directamente, que no hay oferta real. Solo hacen bolsa. El fenómeno no es nuevo, pero se ha intensificado hasta convertirse en la norma.
¿Por qué las consultoras publican ofertas de empleo falsas?
La respuesta apunta a una combinación de imagen corporativa y presión comercial. Las consultoras necesitan aparentar actividad constante ante sus clientes y ante el mercado.
Publicar ofertas fantasma les permite mantener una vitrina de dinamismo sin coste alguno. Además, alimentan una base de datos de perfiles que pueden presentar a futuros clientes como candidatos ya disponibles. El coste reputacional es nulo porque el candidato rara vez denuncia.
Hay quien sostiene que esta práctica roza la ilegalidad, aunque demostrarlo sea extremadamente difícil. La firma de la política de privacidad convierte al candidato en parte de una bolsa, lo que legalmente puede interpretarse como consentimiento.
Los afectados hablan de estafa, pero carecen de herramientas para probarla. Mientras tanto, las mismas ofertas reaparecen cada dos semanas, como un decorado que nadie retira.
La burbuja tecnológica se desinfla: menos proyectos y más perfiles disponibles
El fenómeno de las ofertas falsas no se explica solo por la picaresca de las consultoras.
El sector tecnológico ha entrado en una fase de enfriamiento tras años de crecimiento acelerado. La financiación se ha secado, muchas startups han quebrado y las grandes empresas han congelado contrataciones. Un profesional con once años de experiencia señala que nunca había recibido tan pocas ofertas. Otro con veinticuatro años en el gremio describe procesos de selección que se alargan durante meses para acabar en la nada.
La sobreabundancia de perfiles junior agrava la situación.
Cientos de bootcamps y ciclos formativos han inundado el mercado de candidatos sin experiencia. Las empresas, que antes competían por talento, ahora pueden permitirse seleccionar con lupa. Un técnico lo resume con crudeza: «La IA está reemplazando a todos los juniors. Si los que salen de la universidad no tienen curro, imagínate uno de FP». La frase, repetida en distintos tonos, refleja un pesimismo que ya no se limita a los recién llegados.
El teletrabajo se convierte en moneda de cambio
En medio de este panorama, las condiciones laborales se han convertido en el principal campo de batalla.
Un técnico con 22.000 euros de salario y cuatro semanas de teletrabajo por una presencial rechaza ofertas de 30.000 y 35.000 euros porque implican desplazarse fuera de Madrid. Su caso no es aislado. Otro profesional relata que en su empresa los compañeros amenazan con la baja voluntaria si les recortan aunque sea un día de trabajo remoto. La presencialidad se ha vuelto un factor decisivo, a veces más que el sueldo.
Las empresas lo saben y han empezado a pagar más por puestos que antes se cubrían con salarios de entrada.
Un puesto de soporte al usuario que hace dos años se ofertaba por 18.000 euros ahora se anuncia por 24.000. La subida no responde a una mejora generalizada, sino a la dificultad para cubrir vacantes presenciales. El teletrabajo se ha consolidado como un derecho adquirido que los empleados defienden con uñas y dientes.
La comparación con la enseñanza pública: un refugio inesperado
La conversación deriva hacia otros sectores.
Un maestro de infantil con un trienio supera los 32.000 euros anuales, según se afirma en el intercambio. La comparación con la IT no es casual: ambos requieren formación específica, pero la estabilidad y las condiciones laborales de la enseñanza pública atraen a cada vez más técnicos quemados. La ironía recorre el intercambio: mientras unos calculan el coste de oportunidad de dejar la informática para opositar, otros recuerdan que el máster de magisterio cuesta 1.500 euros y exige prácticas incompatibles con un empleo a tiempo completo.
No todo el mundo comparte el pesimismo.
Un funcionario que dejó la IT hace cinco años asegura que sigue recibiendo ofertas en LinkedIn y que sus amigos del sector, todos mayores de 40, cambian de trabajo sin problemas. La discrepancia genera un cruce de acusaciones: unos hablan de mundos paralelos, otros de perfiles privilegiados. La brecha entre seniors y juniors se ensancha, y las ofertas falsas se ceban con los que buscan su primera oportunidad.
El mercado laboral tecnológico español muestra grietas profundas. Las ofertas fantasma, el ghosting sistemático y la precarización de los juniors dibujan un escenario que contradice el relato oficial de sector en auge. Mientras las consultoras siguen publicando vacantes que nunca se cubren, los profesionales con experiencia navegan entre la estabilidad de sus actuales empleos y la incertidumbre de un cambio que ya no parece tan prometedor. La pregunta ya no es si algo pasa en IT, sino cuánto tardará el mercado en reconocerlo.